martes, 19 de febrero de 2019

A 193 AÑOS DEL REGRESO DE LOS GUERREROS DE LA INDEPENDENCIA

Los recibió una Buenos Aires somnolienta. Casi nadie en las calles se cruzó con ellos. Algún choco les ladró en alguna esquina. Un farolero los vio pasar.

Cansados, llenos de polvo, con sus uniformes gastados, setenta y ocho hombres entraron a la misma ciudad que los había visto partir.
Regresaban luego de trece años de combates y batallas en donde se habían cubierto de cicatrices y de Gloria. Las Costas del Plata, y las alturas del Pichincha habían sido testigos de su arrojo y valentía.
Volvían anónimos. Nadie salió a recibirlos.
Los conducía un viejo guerrero, un Coronel Guaraní que había hecho toda su carrera en ese Regimiento, desde soldado raso, hasta ser su último Jefe.
A pesar del cansancio, a pesar de las incontables heridas cicatrizadas en gloria, a pesar del olvido del pueblo que los había visto partir hacía tantos años, ellos aún conservaban la marcialidad que les había enseñado su creador, el mismo que ahora pasaba sus años de vejez y exilio en la lejana Europa.
Setenta y ocho Granaderos a Caballo, los últimos que quedaban de la Gesta Emancipadora, volvían a su Cuartel de Retiro, luego de liberar a medio continente, al mando del Coronel Félix Bogado.
Cuando partieron de Mendoza, escala previa en su camino a Buenos Aires, se hizo un inventario de lo que traían aquellos Centauros. Sólo traían 86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas... y toda la Gloria y el Honor que les cabían en sus alforjas.
Dirá de aquella llegada casi anónima la Gaceta Mercantil:
"Tenemos el honor de haber recibido los restos del Ejército de los Andes, conducidos desde el Perú por el Coronel de Granaderos a Caballo D. José Félix Bogado. Cerca de nueve años han pasado desde que estos valientes marcharon a libertar a Chile. En este largo período se pueden contar los días de gloria que han dado a la patria, por las veces que se han batido con nuestros enemigos. Nuestra gratitud será siempre demostrada a estos viejos soldados de la libertad, con las más tiernas efusiones de nuestros corazones. Eternamente llenaremos de beneficios, a los héroes de Chacabuco y Maipú; sí a esos que han conducido en triunfo el pabellón hasta Quito y que han sabido derramar su sangre por la libertad de la Patria en Junín y Ayacucho. Nosotros al verles, siempre diremos con admiración: he ahí esos que sellaron con su sangre y sus espadas, la libertad de su patria y sus nombres irán de padres a hijos, de generación en generación".
Unos meses después, por orden de Bernardino Rivadavia, el Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, sería disuelto...

lunes, 20 de noviembre de 2017

Día de la Soberanía Nacional

Hoy recordamos la lucha de los héroes de la batalla de Vuelta de Obligado en 1845. Este hecho es recordado como un símbolo de nuestra unidad nacional.El 20 de noviembre se celebra el Día de la Soberanía Nacional, en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado de 1845. En aquel entonces, los heroicos soldados argentinos, en inferioridad de condiciones, resistieron la invasión del ejército anglo-francés, el más poderoso del mundo. La fecha fue instaurada por pedido del historiador José María Rosa y se oficializó por medio de la Ley N° 20.770, en 1974.
Con la finalidad de colonizar territorios de nuestro país, durante 1845 Francia e Inglaterra emprendieron una ofensiva con una flota de 95 navíos de carga, repletos de productos para ser colocados en la provincia de Corrientes y en el Paraguay.
El pueblo argentino no deseaba volver a ser una colonia, por lo que el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, respaldado desde el exilio por el general José de San Martín, preparó una resistencia.
Los invasores querían entrar por el Paraná, pero las tropas nacionales, al mando de Lucio Mansilla, se anticiparon en un estrecho recodo de ese río: la Vuelta de Obligado. El número de fuerzas enemigas superaba ampliamente en cantidad y modernidad de su armamento a las argentinas, que sin embargo no se amedrentaron y batallaron durante siete horas. De este modo, lograron que las tropas adversarias no pudieran ocupar las costas, objetivo necesario para poder adentrarse en el territorio argentino.
Esta heroica resistencia, así como también el espíritu de lucha nacional se conoció en toda Europa y quedó inscripto en nuestra historia como un símbolo de independencia, libertad y unidad nacional.
El enfrentamiento de la Vuelta de Obligado fue el primero de otros tres enfrentamientos; el del paraje Tonelero, el combate de San Lorenzo, donde el general José de San Martín derrotó a los españoles con los Granaderos, y por último, Quebracho, sitio donde los patriotas cañonearon a los invasores.
El mejor homenaje que podemos realizar es retomar el legado de los hombres y mujeres que lucharon para construir nuestra Nación, entendiendo que esta batalla también tiene como escenario los aspectos económicos, políticos y culturales.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Revolución de los Restauradores

Viamonte
La Revolución de los Restauradores fue un conflicto armado revolucionario producido en Buenos Aires, Argentina, en octubre de 1833. El mismo determinó el derrocamiento del gobernador Juan Ramón Balcarce por parte de otra fracción del partido federal y confirmó el dominio sobre la población de Juan Manuel de Rosas.
El gobierno de Juan Manuel de Rosas, vencedor de los unitarios durante la guerra civil estallada en 1828, terminó el 17 de diciembre de 1831. Fue reelecto, pero se negó a asumir luego de que la Junta de Representantes no quisiera renovarle sus Facultades Extraordinarias (esto es dominio sobre los poderes Legislativo y Ejecutivo).
En su lugar fue electo el general Juan Ramón Balcarce, héroe de la Guerra de Independencia de Argentina.
Como había anunciado en su discurso de despedida, Rosas organizó una Conquista del Desierto al año siguiente, contra los indígenas que en ese momento ocupaban la Patagonia entera y gran parte de Buenos Aires, con el objetivo de debilitar las fuerzas de los indígenas del sur argentino y ganar tierras a los mismos para la ganadería. Pero Balcarce, que se había comprometido a ayudar en esa empresa, negó sistemáticamente a Rosas los recursos necesarios para esa campaña.
Balcarce había comenzado su gobierno como un continuador de la política de Rosas. Pero lentamente fue abandonando esa posición y aplicando medidas en contra de la tendencia rosista, con la intención de independizarse de su antecesor y acercarse a posiciones moderadas. Su parentesco político con los generales Enrique Martínez, de origen unitario, y Félix Olazábal, federal moderado, le dio el personal que necesitaba para el cambio.
Mientras Rosas permanecía alejado de los círculos de gobierno, en el sur de la provincia, en agosto de 1832, presionados por la prensa, renunciaron a sus cargos de ministros Manuel Vicente Maza y Tomás García de Zúñiga. Balcarce nombró un nuevo ministerio, dominado por Martínez. Entre sus objetivos estaba el de dictar una constitución para la provincia, forzando de esa manera la oportunidad de sancionar una constitución nacional.
Balcarce contó con el apoyo de parte de la legislatura provincial y también hombres de la ciudad y del campo. Ugarteche, Del Campo, Cernadas, Bustamente, Zavaleta, Rubio, Galván, Barrenechea, entre otros, se contaron entre sus apoyos.
Se decía que el ministro Martínez lo dominaba por completo. Según el general Iriarte, partidario suyo, Martínez
"…para asegurarse más y no perder a Balcarce de vista, Martínez dormía todas las noches en la Casa de Gobierno y en la misma alcoba de Balcarce, de modo que nadie podía llegar hasta la presencia de éste sin que Martínez lo reconociese con anticipación. La mayor parte de las veces pretextaba que el gobernador estaba ocupado, y cuando no le era posible impedir que lo viesen, tenía cuidado de estar él presente para imponerse de cuanto le decían.​"
La prensa lo acusaba de indeciso:
"El jefe de estado, hombre honrado y patriota a la verdad, pero de un genio débil e imprevisor, abrumado por el peso de los años y con las vastas atenciones de un gobierno superior a sus limitadas aptitudes, incapaz por lo tanto de proceder con energía, con la dignidad e independencia correspondientes a su alto puesto, ha cedido al influjo que ejerce en su ánimo el mismo promotor de la anarquía, y se deja conducir por él…​"
En abril de 1833 se celebraron elecciones de diputados provinciales; contra lo que pretendían los partidarios de Rosas, no se logró llegar a una lista de consenso. Se presentaron dos listas, ambas encabezadas por Rosas — que, lógicamente, iba a renunciar a su cargo — pero con los demás candidatos distintos. La lista oficialista tenía una banda negra en la parte superior, por lo que los opositores los apodaron "lomos negros".
Los dirigentes de la lista de los partidarios de Rosas se llamaron a sí mismos federales apostólicos, y a sus adversarios federales cismáticos. En el rosismo militaban Tomás Manuel y Nicolás de Anchorena, Felipe Arana y Maza. En el campo, los comandantes locales eran el arma más poderosa del partido de Rosas; uno de los más destacados era el coronel Vicente González, apodado El Carancho del Monte, comandante de los Colorados del Monte, de San Miguel del Monte, cuerpo formado por el propio Rosas.
La actividad más firme del partido apostólico, sin embargo, no la llevaban adelante los dirigentes, sino las clases pobres y los pequeños comerciantes. Detrás de la escena, pero dominándolo todo, controlando las relaciones y hasta las acciones violentas, aparecía la figura de Encarnación Ezcurra, la esposa de Rosas. Fue por su iniciativa que se formó un grupo de presión, la Sociedad Popular Restauradora, dirigida por pequeños comerciantes y oficiales del ejército.
La lista de los lomos negros ganó las elecciones, en un clima de enfrentamiento creciente.
Durante la segunda mitad del año arreció el enfrentamiento, principalmente en la prensa. Los numerosos periódicos, y los más numerosos pasquines que se publicaban en hojas sueltas se enzarzaban en cruces de acusaciones e insultos.
El fiscal Pedro José Agrelo, un cismático, decidió el enjuiciamiento de Nicolás Mariño, director del periódico rosista "El Restaurador de las Leyes". Pero un truco ingenioso puesto en juego por los apostólicos empeoró las cosas: apareció la ciudad empapelada con carteles que anunciaban el enjuiciamiento del Restaurador de las Leyes. Ése era el título de un periódico opositor, pero era también, y mucho más conocido, como el título extraoficial de Rosas.
El 11 de octubre, el público impidió el comienzo del juicio, y cuando se quiso obligarlo a desalojar los tribunales, un oficial de policía gritó a la multitud invitando a los concurrentes a reunirse en el arrabal de Barracas. Allí concurrieron los manifestantes, que a las pocas horas unieron a ellos algunos centenares de soldados amotinados.
El movimiento fue, poco a poco, ganando apoyo, sobre todo por parte de la población urbana y de los estancieros de la provincia, simpatizantes de Rosas, y que habían aumentado su identificación con él a raíz de la Conquista que estaba realizando contra los aborígenes.
El general Agustín de Pinedo fue enviado a presionar a los sublevados, pero se pasó a ellos y se puso al frente del movimiento, secundado por el general Juan Izquierdo. Las tropas de campaña sitiaron la ciudad, y en poco tiempo ésta estaba seriamente desabastecida de todo tipo de alimentos. Doña Encarnación dirigía acciones públicas de todo tipo, incluyendo ataques de hecho a partidarios del gobierno.
El gobierno esperaba que llegara carta de Rosas desde la campaña del sur, confiando en que éste mantendría su tradicional actitud de respeto a la autoridad. Pero Rosas finalmente hizo llegar al ministro Martínez un mensaje en que apoyaba a los rebeldes:
"Hace algún tiempo, señor ministro, que el general infrascripto manifestó a la superioridad los peligros inmensos que corría la tranquilidad pública y orden de su campaña; y que con vista de la marcha del gobierno contra el voto bien pronunciado de la opinión pública… Ninguna, absolutamente ninguna parte tiene el infrascripto en lo que se ha hecho. Por el contrario, el público verá a su tiempo lo que ha aconsejado, escrito y trabajado para calmar la irritación. Pero cuando así ha procedido declara, sin embargo, el infrascripto, que a su juicio tienen razón sobrada los ciudadanos, y que culpable no es la población que armada en masa exige el cumplimiento de las leyes y pide lo que con tan peligrosa injusticia se le ha estado negando. El infrascripto habla con el debido respeto: ¿qué ha hecho la representación provincial? ¿Por qué no se separan del gobierno personas que no merecían la confianza pública, que no marchaban por la senda de la ley, que han dado pábulo al desenfreno de la prensa…? El infrascripto… respeta la opinión pública universalmente proclamada; no tomará las armas en su oposición ni ordenará lo que pueda contrariarla; y se unirá a sus filas en su ayuda, toda vez que los amotinados de diciembre (de 1828) sean armados en su contra…​"
El 28 de octubre, en las márgenes del arroyo Maldonado, Félix Olazábal, comandante en Jefe de las fuerzas de la caballería de Buenos Aires, derrotó a los que se oponían a Rosas, al mando del coronel Martín Hidalgo.​
La carta de Rosas significaba que el gobierno estaba solo, y que el general ayudaría a los revolucionarios. Tras un último intercambio de mensajes entre Balcarce y Pinedo, Balcarce renunció el 4 de noviembre.
La Junta de Representantes le propuso el cargo a Rosas, pero éste lo rechazó porque no contemplaba las "facultades extraordinarias", las que, desde según su punto de vista, eran vitales para poner en orden a la provincia. Finalmente fue designado el general Juan José Viamonte como gobernador interino; éste no había apoyado a ninguna de las dos fracciones del partido federal en la crisis. Por lo tanto, tenía menos poder e iniciativa que Balcarce.
Bajo su gobierno, la Sociedad Popular Restauradora organizó una fuerza de choque, formada por dos cuerpos de policías volantes con muy amplias atribuciones, La Mazorca. Sus comandantes eran Ciriaco Cuitiño y Andrés Parra. La Mazorca atacó las viviendas de notorios partidarios del gobierno depuesto, y hasta la del embajador francés. Antes de fin de año, muchos de los lomos negros más destacados había emigrado a Montevideo. Se pasarían a la oposición decidida a Rosas y se unirían a los unitarios en su lucha contra él a fines de esa década.
Cualquier posible oposición en la ciudad pasó a ser controlada por la Mazorca y, en el campo, los comandantes pudieron actuar sin límites contra toda disidencia. El partido federal no sólo no volvió a tolerar disidencias externas, sino que consideró como traición cualquier gesto de independencia frente a Rosas.
Viamonte renunció al año siguiente y, tras el interinato de Maza, en 1835 asumió nuevamente el gobierno Juan Manuel de Rosas. No sólo con las "facultades extraordinarias", sino con la "suma del poder público" y sin oposición posible.

lunes, 4 de septiembre de 2017

1994 la reforma constitucional bonaerense

La reforma constitucional bonaerense comenzó formalmente a fines de 1993. Concretamente, el 2 de diciembre de ese año la Cámara de Diputados aprobó la necesidad de reforma de la Carta Magna, cuatro días después es sancionada por la Cámara de Senadores. La ley es promulgada por el Poder Ejecutivo el 23 de diciembre a través del Decreto 4598/93 y, finalmente, la normativa es publicada en el Boletín Oficial el 17 de enero de 1994.
Así se declaró necesaria la Reforma Parcial de la Constitución y se adoptó para tal “reforma parcial” la modalidad de Convención Reformadora.
La necesidad de la reforma se declaró para partes de la Constitución provincial que comprendía a los artículos 10, 17, 46, 53, 62, 71, 100, inciso 6), 110, 113, 117, 149, inciso 3, 151, 154, y 165. También eran susceptibles de ser reformados el Capítulo IV de la Sección Quinta, la Sección Sexta, Capítulo Único y la Sección Séptima, Capítulos I y II.
El acuerdo para reformar la Constitución provincial alcanzado en la Legislatura establecía que la Convención Reformadora “deberá considerar los siguientes temas” para ser incorporados a la Constitución de Buenos Aires: 1) Establecimiento de garantías sobre no discriminación. 2) Consagración expresa del amparo. 3) Reconocimiento de nuevos derechos para los habitantes de la Provincia. 4) Protección del medio ambiente. 5) Formas de democracia semidirecta. 6) Defensa del Orden Constitucional. 7) Exigencias de mayorías calificadas para la sanción de las leyes que versen sobre: Régimen Electoral, Régimen Municipal y modificación del número de Jueces de la Suprema Corte de Justicia.
La sanción de esta ley, de necesidad de reforma, por parte de la Legislatura fue considerada “un acuerdo político y social que no reconoce antecedentes en nuestro territorio”.
Cabe recordar que el 5 de agosto de 1990, el pueblo de la provincia de Buenos Aires, consultado acerca de la reforma parcial de la Constitución se pronunció en contra.
No obstante, esta cabal manifestación popular, se consideraba que “la dinámica social y política de la Provincia”, evidenciaba la necesidad de adaptar y actualizar algunos contenidos constitucionales rescatando aquel mensaje de la ciudadanía y entendiendo que aquella reforma contenía aspectos e instituciones no del todo arraigadas.
Entre otros temas, se mostraba como una necesidad el reconocimiento de garantías contra la discriminación, la expresión constitucional del Amparo, la protección del medio ambiente, la consagración de formas de democracia semidirecta, la defensa del orden constitucional, la ampliación del período de sesiones ordinarias de las cámaras legislativas, la creación del Fuero Contencioso Administrativo, y otras más que a partir de la convocatoria realizada podrían ser consideradas por la Convención Reformadora “donde reposa el poder constituyente del pueblo de la provincia de Buenos Aires”.
Es así entonces, que después de aquel pronunciamiento de 1990, los dirigentes políticos insistían cuatro años después en la necesidad de la reforma parcial de la Constitución para adecuarla a “las exigencias de un país que aprende con esfuerzos a vivir en democracia, aceptando que esta no es sólo una forma de Gobierno, sino esencialmente un estilo de vida que es la coronación del proceso de liberación del ser humano”.
Por lo tanto, sorteado ese debate político y promulgada la ley, el Poder Ejecutivo provincial estableció la simultaneidad de elección de convencionales constituyentes nacionales, con la de Diputados Convencionales Provinciales, y convocó al electorado al acto comicial a celebrarse el día 10 de abril de 1994, a efectos que se proceda a la elección de 72 convencionales constituyentes nacionales y 138 diputados convencionales provinciales.

jueves, 6 de abril de 2017

Código de Honor Del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín

De la misma forma en la que San Martín reclamaría de los granaderos el acatamiento de una conducta ejemplar frente a la sociedad y el Ejército, haría caso irrestricto de tales disposiciones sosteniendo como forma de vida la política de «predicar con el ejemplo».
Un Escuadrón de Granaderos de los Andes, al mando del Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle

La férrea disciplina, el culto al valor y al honor, la exigencia y rigurosidad en la instrucción física y militar quedarían entonces patentes en las siguientes disposiciones, establecidas en aquel entonces como la lista de «Delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales», a fin de establecer una norma de conducta para los oficiales del regimiento que sentara el ejemplo para el resto de la tropa. Esta dicta:4
Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal.
Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.
Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
Por trampas infames como de artesanos.
Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.
Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.
Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas.
Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.
Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo.
Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.
Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo.
Tiempo después, y en virtud de los valores que inculcara en el Regimiento de Granaderos a Caballo, diría el mismo San Martín:
De lo que mis Granaderos son capaces,
solo lo sé yo.
Quien los iguale habrá;
quien los exceda, no.

5 de Abril de 1818: Triunfo en la Batalla de Maipú

La Batalla de Maipú fue un enfrentamiento armado que tuvo lugar el 5 de abril de 1818, en el valle del Maipo, cercano a Santiago de Chile, entre las fuerzas patriotas revolucionarias conformadas por soldados argentinos de las Provincias Unidas y soldados del Ejercito de Chile contra los realistas, el cual decidió la Independencia de Chile y en gran parte la del Cono Sur.
Se enfrentaron el Ejército Unido (coalición del Ejercito de los Andes y el Ejercito Chileno) al mando del general en jefe José de San Martín contra el ejército realista bajo las órdenes del general Mariano Osorio.
El general chileno Bernardo O'Higgins, convaleciente de una gran herida (producto de la derrota aliada en Cancha Rayada), se presentó poco antes de terminado el último ataque contra los realistas y entusiasmados por la victoria San Martín y O'Higgins se abrazaron victoriosos en una escena que dio origen a un cuadro, el histórico abrazo conocido como El abrazo de Maipú, donde O'Higgins le dice a San Martín ¡Gloria al salvador de Chile! y San Martín le responde General: Chile jamás olvidará su sacrificio presentándose al campo de batalla con su gloriosa herida abierta. Gracias a esta batalla se aseguró la Independencia de Chile.
San Martín, desde su caballo, dictó el primer parte de la batalla al cirujano Diego Paroissien, que lo escribió con las manos ensangrentadas a causa de los heridos que ha debido amputar:
"Acabamos de ganar completamente la acción. Un pequeño resto huye: nuestra caballería lo persigue hasta concluirlo. La Patria es libre."
Cuando llegó a las Provincias Unidas del Río de la Plata la noticia del gran triunfo de San Martín en Maipú, se organizaron bailes y festejos. Los vecinos iban de casa en casa, donde se felicitaban y abrazaban, llenos de júbilo.
La batalla de Maipú es considerada como un ejemplo de táctica y estrategia, siendo, sin duda, la más importante librada por San Martín.
Fueron aprovechados, en forma debida, los movimientos previos y posteriores a la batalla, se usaron con precisión las armas y la reserva atacó en el momento justo al enemigo por su flanco más débil. La victoria aumentó la moral de las tropas patriotas, ocurriendo el efecto contrario en las realistas. Sería, además, un hito para triunfos posteriores.

viernes, 24 de marzo de 2017

El valiente Coronel Pascual Pringles

Juan Pascual Pringles nació en San Luis el 17 de mayo de 1795 y murió cerca de río Quinto el 19 de mayo de 1831. Sus padres fueron Gabriel Pringles y Andrea Sosa.

La leyenda cuenta que su casa paterna estaba levantada en la esquina de 9 de Julio y Colón. No se sabe muy bien dónde estudió. Es probable que haya aprendido a leer y escribir en su casa o con algún maestro particular. El futuro guerrero de la Independencia se inició como empleado de comercio en Mendoza. El destino se empecina en tejer esos pequeños contrastes. Durante dos o tres años el joven Juan Pascual se desempeña detrás de un mostrador en la tienda de don Manuel Tabla. En algún momento decide dejar las comodidades del empleo para asumir su destino militar.
Bajo las órdenes de Vicente Dupuy, gobernador de la provincia, el joven Pringles aprende a manejar las armas. Para esa fecha se casa con Valeriana Villegas que será la madre de su única hija: Fermina Nicasia. A mediados de 1818, soldados y oficiales realistas están confinados en San Luis. Es la sanción impuesta por San Martín a los derrotados en Chacabuco. En febrero de 1819 los prisioneros se amotinan bajo las órdenes del general José Ordóñez. No se sabe bien si tomaron la Casa de Gobierno o estuvieron a punto de tomarla. Lo que se sabe es que la respuesta patriota fue fulminante y los amotinados fueron reducidos. Dos personajes se destacaron en ese operativo. Uno se llamaba Pringles; el otro, Facundo Quiroga. Hay que prestar atención a este detalle porque años más tarde el destino volvería a juntarlos.
Un pequeño drama de amor acompaña estas jornadas. El general Ordoñez se enamora de Margarita Pringles, la hermana de Juan Pascual. También está enamorado de ella Bernardo de Monteagudo, pero los favores de la dama son para Ordóñez. Se dice que la pasión amorosa tuvo alguna relación con la rebelión y el posterior ajuste de cuentas. Lo que se sabe es que Monteagudo ordenó fusilar a Ordóñez. En materia amorosa, Monteagudo no era buen perdedor. Tampoco le temblaba el pulso.
En las Chacras de Osorio, el joven Pringles se incorpora al ejército que San Martín estaba formando para marchar a Perú. La expedición sale de Valparaíso el 20 de agosto de 1820. Tres meses después Pringles vivirá su hora más gloriosa. San Martín le había encargado que acompañara a un emisario que debía negociar la deserción de un regimiento español integrado por americanos.
Pringles sale con diecisiete granaderos. En la Caleta de Pescadores, cerca de Chancay, decide hacer un alto. De pronto aparecen en el horizonte dos escuadrones de dragones armados hasta los dientes. Son más de 500 hombres contra 17. El jefe español exige rendirse. El único grito que se oye en el silencio atroz de la tarde es su voz gritando “a degüello” . Los godos no podían creer lo que estaban viendo. Apenas diecisiete hombres se abalanzan sobre ellos como si fueran soldados de juguete.
Después del primer encontronazo, Pringles y un puñado de sobrevivientes quedan acorralados. Al frente, los españoles; a sus espaldas, el océano. La voz de general Valdez vuelve a reclamar rendición. Pringles no lo duda. No ha venido al Perú a rendirse. Se envuelve en la bandera y se lanza con sus soldados al abismo. El coraje es contagioso. Desde el acantilado, los soldados españoles saludan a los bravos. Las olas los arrastran hasta la costa. Valdez propone ahora la rendición condicional. A Pringles y a sus soldados se les respetará la vida y no están obligados a entregar documentos o a revelar secretos.
Unas semanas después, los prisioneros serán canjeados por prisioneros españoles. Valdez le envía un parte al coronel Alvarado en el que pondera las virtudes guerreras de Pringles. San Martín, cuando se entera de la noticia, no lo duda. Ordena que se forjen medallas para Pringles y sus hombres. La medalla tiene inscripta esta frase: “ Gloria a los vencidos de Chancay”.
Y entramos ahora al último tramo de la historia. El escenario son las soledades de San Luis y Córdoba. Otra vez la mano del destino. Pringles acaba de ser derrotado por las tropas de Facundo Quiroga en San José del Morro. Se repliega hasta la provincia de San Luis. Está rodeado. Lo sabe y no le importa. Confía en su estrella. Ha conocido momentos peores. En las orillas del río Quinto es derrotado otra vez. Un oficial le ordena rendirse. Pringles dice que sólo entregará su espada al general Quiroga. El oficial le dispara a quemarropa.
Durante dos o tres días Pringles agoniza en medio del desierto. La patrulla llega finalmente hasta el campamento de Quiroga. Orgulloso, el oficial le muestra el cadáver. Quiroga ya está enterado de todo. Siempre sabía todo. Sus ojos negros brillan furiosos. La leyenda cuenta que los destinatarios de aquellas miradas fue lo último que vieron en la vida.
“ ¡Por no manchar con tu sangre el cadáver del valiente Pringles -le dice- es que no te hago pegar cuatro tiros ahora mismo!. ¡Cuidado otra vez -miserable- que un vencido invoque mi nombre!” Quiroga se ha sacado su poncho, el poncho que lo acompañó en tantas batallas y que lo protegió del frío y de la lluvia, de la soledad y de las derrotas. Se ha puesto de rodillas. Los hombres lo miran en silencio. Con un cuidado, con una delicadeza que ninguno de sus soldados conocía, cubre el cuerpo del bravo coronel Pringles. Imposible un homenaje más justo y más digno.



jueves, 23 de febrero de 2017

Tratado de Pilar

Francisco Ramírez
El Tratado del Pilar fue un pacto firmado en Pilar (República Argentina) el 23 de febrero de 1820, entre Manuel de Sarratea (electo como gobernador provisorio de la Provincia de Buenos Aires) y dos de los gobernadores de la Liga Federal: Estanislao López (Provincia de Santa Fe) y Francisco Ramírez (Provincia de Entre Ríos). El pacto se firmó después de la derrota de las tropas unitarias - casi en su totalidad porteñas -en la primera Batalla de Cepeda (del 1 de febrero de 1820).
Buenos Aires había caído en un desorden, en consecuencia el 16 de febrero de 1820 se convocó un Cabildo Abierto en el cual se creó una Junta de Representantes, la cual designó a Manuel de Sarratea como gobernador interino de la provincia de Buenos Aires. Éste se propuso llegar a un acuerdo con López y Ramírez, firmando el tratado en la localidad bonaerense de Pilar.
Las principales disposiciones del tratado fueron que:
Proclamaba la unidad nacional y el sistema federal (preconizado por José Gervasio Artigas).
Convocaba, en el plazo de 60 días, a una reunión de representantes de las tres provincias en el convento de San Lorenzo, para convenir la reunión de un congreso que permitiese reorganizar el gobierno central.
Establecía el fin de la guerra y el retiro de las tropas de Santa Fe y Entre Ríos a sus respectivas provincias.
Buenos Aires se comprometía a ayudar a las otras provincias en caso de ser atacadas por los luso-brasileños.
Los ríos Uruguay y Paraná se declaraban navegables para las provincias amigas.
Concedía una amplia amnistía a los desterrados o perseguidos políticos.
Determinaba el enjuiciamiento de los responsables de la administración anterior “por la repetición de crímenes con que se comprometía la libertad de la Nación”
Disponía la comunicación del tratado a José Artigas, “para que siendo de su agrado, entable desde luego las relaciones que puedan convenir a los intereses de la Provincia de su mando, cuya incorporación a las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento”.
Un compromiso secreto entre los dos gobernadores federales y Sarratea preveía la entrega, a los dos primeros, de auxilios y armas. Los dos gobernadores fueron invitados por el gobierno de Buenos Aires, ciudad donde estuvieron en calidad de huéspedes.
López y Ramírez, fortalecidos por su victoria frente a Buenos Aires, se encontraron forzados a desconocer la autoridad de Artigas ya que éste había sido derrotado en la Batalla de Tacuarembó por los lusobrasileños. Consideraban más correcto estratégicamente reorganizar sus provincias y abandonar de momento la guerra contra los lusobrasileños que les imponía la estrecha alianza con Artigas, quien por esto rechazó el tratado y los acusó de traición.
Los gobernadores de Santa Fe y de Entre Ríos (y luego de Corrientes) consideraban fuera de sus prioridades continuar con la guerra contra la Invasión Luso-brasileña. Suponían que esto arrastraría a sus provincias a una guerra defensiva en su propio territorio y debían concentrar sus fuerzas para imponerse a Buenos Aires que, en ese momento, les parecía más amenazante a sus intereses. Toda la Provincia Oriental, la parte Este de Corrientes y casi toda la Provincia de Misiones se encontraban bajo el poder de los invasores lusobrasileños, que podrían atacar a sus provincias impunemente tal cual estaba ocurriendo con la de Entre Ríos que vio ocupada su capital de entonces (Concepción del Uruguay) por tropas lusobrasileñas (Sorpresa del Arroyo de la China). Para frenar la invasión lusobrasileña lo único que parecía viable a López y Ramírez era aceptar una alianza con los unitarios, aunque éstos fueran enemigos declarados de Artigas. Creyeron conseguirlo con Sarratea, que también era uno de los federales victoriosos, ahora al mando de Buenos Aires. Artigas fue olvidado. Si tal alianza salvó a la Mesopotamia argentina de una anexión al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, también sirvió para confirmar la anexión al mismo de la Banda Oriental.
El chileno José Miguel Carrera se desentendió de la guerra del litoral y movilizó su ejército hacia Chile. Desplegó una compleja campaña de muchos éxitos, grandes desplazamientos y no pocos sufrimientos. Casi logra su propósito, pero finalmente fue abortada en Mendoza, en la batalla final de Punta de Médano.
El Tratado de Pilar es uno de los pactos preexistentes a los que hace mención el preámbulo de la Constitución Argentina
.

jueves, 2 de febrero de 2017

Anécdotas de Juan Manuel de Rosas

Rosas se había acreditado desde muy joven como habilísimo en todas las faenas que requerían de un perfecto gaucho, hasta tal punto, que ninguno hubiese osado competir con él. En el juego del pato, en las boleadas, en las yerras, en los repuntes y volteadas de ganado salvaje, era el primero, el más osado, el más seguro y lo hacía con tanta gallardía, vestido con el traje pintoresco de paisano, poseyendo elevada estatura y una distinguida belleza personal, que el gauchaje comenzó a observarlo, al principio con curiosidad, más tarde con cariño y terminó por consagrarle esa adhesión inquebrantable que fue la base de su poder.
La fama de este joven de ciudad que domaba, enlazaba y boleaba como el mejor gaucho, que no tenía miedo a la inclemencia del invierno y a quien el sol no detenía en la ramada en pleno verano, cuando era preciso trabajar, empezó a extenderse, como llevada por el viento, de pago en pago. De la pulpería pasó al caserío, de allí a los puebluchos próximos, de éstos a la villa lejana y por fin de ésta a la ciudad, pasando incluso a las tribus del salvaje pampa.
Dos anécdotas de ese entonces marcan la personalidad de Rosas y su profundo conocimiento de la gente de campo. La primera cuenta que él en sus establecimientos había implantado la más rigurosa disciplina, tachada incluso de excesiva por algunos, en cuyo cumplimiento todos reconocían un espíritu de rectitud y justicia que en vano se podría haber buscado en cualquier otro patrón de su tiempo.
El caso es que siendo mayordomo en el campo de Anchorena, el código especial que él mismo había dictado para el régimen interno en las estancias, castigaba con penas de azotes el acto de llevar armas. Cierto día se presentó Rosas armado con un gran facón cruzado en el tirador.
La peonada a su paso cuchicheaba maliciosamente en voz baja, pero se cuidaba muy bien de no decirle nada. Un gaucho, sin embargo, se ofreció a ponerle el cascabel al gato y, adelantándose audazmente, le recuerda la prohibición que hay de llevar armas le preguntó, en tono irónico, si también reza para el mayordomo la pena establecida. El caudillo, lejos de molestarse con la irreverente pregunta, felicitó — peón por su franqueza, manifestándose al propio tiempo sorprendido por la atracción que le ha hecho quebrar las disposiciones que todos debían obedecí, pues sólo por error llevaba el puñal al cinto. Pero ya que había violado la ley debía sufrir la pena consiguiente. Su categoría, dijo, le obligaba a obedecer más que a ninguno los reglamentos de la estancia y a ser un ejemplo de respeto. Y se hizo azotar ante la atónita peonada que jamás hubiese podido concebir la posibilidad de un acto como el que estaba presenciando. Pasado el estupor, vino el comentario apasionado, ardiente. Desde aquel instante la justicia de cuanto castigo impusiera ese hombre no tenía discusión.
La segunda anécdota cuenta que, cierto día, Rosas encontró a tres indios en el preciso momento en que le carneaban una yegua, cuyos despojos se estaban repartiendo. Aprovechando la confusión que su repentina aparición causó en los salvajes, le cortó la fuga interponiéndose entre ellos y sus caballos, amenazando de muerte al que intentase escapar. La sorpresa, la arrogancia del jinete, su tono autoritario y su resuelta actitud, intimidaron por completo a los indios, que se sometieron sin decir palabra, al tiempo de que trataron de excusar su acción con el hambre que los atormentaba. El caudillo les habla entonces en tono cariñoso, en su propia lengua -que conoce tan bien como el castellano- afeando el vicio de robar y ofreciéndoles cuanto necesitan para comer ellos y los suyos. Y haciéndolo como lo dice, los invita a que lo sigan y les regala una docena de animales, repitiéndoles al despedirse, lo que ya antes les había dicho: "No roben, amigos. Siempre que necesiten, pidan y yo les daré".
Y así como la peonada en el caso anterior, en esta ocasión son los salvajes los que quedan atónitos ante una acción que nunca podrían haber esperado. Y al llegar a sus toldos refieren a sus asombrados interlocutores el extraordinario suceso del gran jefe blanco que, al correr de toldería en toldería, va esparciendo la fama de noble y generoso del mayordomo de Anchorena, imponiéndose así al espíritu de aquella gente, mucho más fácil de conquistar por la astucia que por el hierro.

sábado, 29 de octubre de 2016

EMOTIVA NOCHE DE TANGO Y HOMENAJES EN LA BOTICA DEL ÁNGEL

El pasado jueves 27 de Octubre a las 21 hs en la mítica “Botica del Ángel” se llevo a cabo una velada de tango y homenajes a figuras de la cultura y el deporte .
El Trío Muñecas Bravas integrado por Patricia Malanca, Geraldine Trenza Cobre y Gaby "La voz sensual del tango" brindó un excelente show .
Se rindió un emotivo homenaje a la primera actriz Mercedes Carreras.
El presidente del Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina José Valle hizo entrega de merecidas distinciones a la trayectoria a las actrices Cristina Tejedor, Victoria Carreras y Noemí Serantes, los actores Héctor Fernández Rubio y Tito Mendoza, los cantantes Danny Cabuche y Abel Visconti, el compositor Oscar Fresedo, los periodistas Carlos Gorrindo, Ricardo Sánchez Barcia, Ariel Bibbo ,Eduardo González, Ricardo Salton , los ex futbolistas Ricardo Elbio Pavoni y Rubén Galván y a la Senadora Provincial Nidia Moirano por su trabajo en defensa de los derechos de la ancianidad.
Asimismo, , se presentó el libro “Tanguito, Historia, personajes y anécdotas del 2x4” de Gabriela A. Biondo y José Valle,de Ed. EN UN FECA, pensado para la educación primaria y secundaria pero recomendado para todo lector que quiera acercarse al género.
Fotografia gentileza de José Ruiz.

martes, 2 de agosto de 2016

Raimundo Ongaro un dirigente gremial que marcó una época

Murió hoy, a los 92 años, Raimundo Ongaro, un referente histórico del sindicalismo argentino y quien fuera, hasta 15 de abril de este año, el secretario general de los trabajadores gráficos.
La noticia fue confirmada esta noche a Clarín desde la Federación Gráfica Bonaerense. Falleció en su casa de Los Polvorines, en Malvinas Argentinas, y fue encontrado en el domicilio por sus familiares.
El histórico dirigente gráfico padecía problemas cardíacos, de acuerdo a lo consignado por el dirigente Héctor Amichetti a Télam.
Ongaro marcó una época en el gremialismo nacional: creó la CGT de los Argentinos, a fines de los 60, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Fue de la llamada "línea combativa," diferenciándose de los "dialoguistas" con el régimen. En mayo de 1975, su hijo Alfredo Máximo fue asesinado a balazos, crimen que se ajudicó a las bandas de la Triple A organizadas por José López Rega.
Desde el gremio gráfico lo recordaron, en diálogo con este diario, "como un dirigente hiperactivo, lúcido, que en abril pasado estuvo en las elecciones del sindicato donde, más allá de ir a votar, se quedó y compartió un buen rato".
Agregaron que, por aquella vitalidad, la muerte del sindicalista "sorprendió a todos, más allá de los achaques que pueda tener una persona de esa edad".
"No lo esperábamos", concluyeron.
El historiador y escritor argentino José Valle manifestó " Raimundo Ongaro:un hombre honrado y en esta época el calificativo es casi revolucionario."
Ongaro será velado mañana, a partir de las 10, en la sede de dicha Federación en Paseo Colón 731, Capital Federal. Los restos serán sepultados en el Cementerio de Sam Miguel

A 16 años de la muerte de René Favaloro

Hace 16 años, se suicidaba el cardiocirujano René Favaloro de un disparo al corazón. La muerte impacta tristemente en toda la sociedad argentina, en medio de un gran reconocimiento al profesional que se hizo mundialmente conocido por la técnica del by pass. 
En su despedida redactó una desesperada carta al entonces presidente Fernando de la Rúa en la que se manifestaba cansado de luchar, y en la que reclamaba cooperación económica para solventar la fundación que lleva su nombre y en donde el reconocido cardiólogo y educador desplegó una serie de críticas al sistema de salud argentino.
"¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar", escribía el doctor nacido en La Plata en 1923.
“Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga", redactó en otro párrafo que sigue teniendo la misma vigencia que aquel día.
Hace pocos días, se inauguró el Mural de corazones en su homenaje, creado por artistas del mosaico con colaboración de pacientes del doctor El mural se luce en una de las paredes del hospital San Martín, donde Favaloro comenzó haciendo sus prácticas durante su etapa de estudiante y, luego, decidió llevar a cabo allí su residencia.

sábado, 9 de julio de 2016

El Congreso de Tucumán

Hacia 1815 se había convocado a las Provincias del Río de la Plata para que eligieran diputados para enviar a un Congreso que iba a celebrarse en la ciudad de San Miguel de Tucumán.
La situación política por entonces se había vuelto muy complicada pues ya no peligraba solo la unión entre las provincias, sino también el propio movimiento emancipador iniciado pocos años antes. Tal era el clima imperante cuando se cursaba la convocatoria al Congreso que debía declarar la independencia, una idea tan postergada como anhelada tras la oportunidad perdida por la Asamblea de 1813.
No obstante las dificultades atravesadas, de todos los rincones del territorio, poco a poco comienzaron a llegar a Tucumán los diputados elegidos por las provincias, hasta que la mañana del 25 de marzo de 1816 el Congreso iniciaba sus sesiones con un plan de trabajo definido: declarar la independencia nacional y dictar una constitución para las provincias unidas. Los congresales sumaban un total de treinta y tres miembros, de los cuales diecisiete eran de profesión abogados, y trece eran sacerdotes.
Los siguientes son los diputados que asistieron:
Por Buenos Aires: Tomás Manuel de Anchorena, José Darragueira, Esteban Agustín Gascón, Pedro Medrano, Juan José Paso, Cayetano José Rodríguez y Antonio Sáenz.
Por Catamarca: Manuel Antonio Acevedo y José Eusebio Colombres.
Por Córdoba: José Antonio Cabrera, Miguel Calixto del Corro, Eduardo Pérez Bulnes y Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera.
Por Charcas: José Severo Malabia, Mariano Sánchez de Loria y José Mariano Serrano.
Por Chichas: José Andrés Pacheco de Melo, y Juan José Feliciano Fernández Campero.
Por Jujuy: Teodoro Sánchez de Bustamante.
Por La Rioja: Pedro Ignacio de Castro Barros.
Por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza.
Por Mizque: Pedro Ignacio Rivera.
Por Salta: Mariano Boedo, José Ignacio de Gorriti y José Moldes.
Por San Juan: Francisco Narciso de Laprida y Justo Santa María de Oro.
Por San Luis: Juan Martín de Pueyrredón.
Por Santiago del Estero: Pedro León Gallo y Pedro Francisco de Uriarte.
Por Tucumán: Dr. Pedro Miguel Aráoz y Dr. José Ignacio Thames.
La ausencia de los representantes de las provincias que conformaban la Liga Federal de los Pueblos Libres: la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe se debió a que rechazaron la convocatoria al Congreso realizada por el Directorio, puesto que las mismas se encontraban en guerra contra el ejército enviado por el mismo Directorio.
Las provincias del Alto Perú: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Potosí, que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata no enviaron diputados ya que las mismas se encontraban bajo el poder del ejército realista. Solo lograron incorporarse al Congreso en Tucumán los diputados de Charcas y Chichas.
Tampoco estuvo representado el Paraguay, provincia que desde 1810 se negó a reconocer la jurisdicción de ningún gobierno instalado en Buenos Aires, y ya en 1811 había declarado, aunque de hecho, su independencia de España.
Reunidos los diputados en Congreso en la ciudad de Tucumán, debido a lainestabilidad y los conflictos internos y externos que desafiaban a las autoridades nacionales, situación que preocupaba a los congresales, como primera medida dispusieron el nombramiento de Juan Martín de Pueyrredón en el cargo ejecutivo de Director Supremo, y seguidamente decidieron que era necesario dar el gran paso para el cual habían sido convocados: declarar la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El 9 de julio de 1816, el presidente del Congreso, Don Francisco Laprida, preguntó con emoción a los congresales: “queréis que las provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli...? Todos contestaron ¡Sí!, y fueron aclamados vivamente por los vecinos presentes en la sala. Seguidamente se confeccionó el Acta de la Independencia, en la que expresaba (…)solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli...
Diez días después, el 19 de julio, en sesión secreta, y a instancias del diputado Pedro Medrano, debido a la sospecha que los inquietaba de que a espaldas del Congreso el gobierno de Buenos Aires estaba negociando someter a la Unión a un protectorado del imperio portugués, se resolvió enmendar el acta de emancipación, agregándose a la misma que no solamernte nos declarábamos libres de España sino de “toda otra dominación extranjera”, es decir de todo otro país.

lunes, 4 de julio de 2016

Bartolomé Mitre

Nació el 26 de junio de 1821 en Buenos Aires
Sus padres no aprobaban su vocación literaria por lo que le enviaron a la estancia de Gervasio Rosas, para que se convirtiera en un hombre de campo.
Se granjeó con sus escritos la enemistad del dictador argentino Juan Manuel de Rosas. Tuvo que exiliarse en Chile, Bolivia y Perú. De regreso a Argentina en el año 1852 participa en el derrocamiento de Rosas, liderado por el general Justo José de Urquiza.
En 1853 es nombrado ministro de Guerra del gobierno provincial de Buenos Aires, y trata de oponerse al plan de Urquiza que pretendía que la provincia pasara a formar parte de la recién proclamada República Argentina. En 1859, las tropas de Mitre fueron derrotadas por Urquiza en la batalla de Cepeda, por lo que Buenos Aires pasó a formar parte de la federación. Fue gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1860 y vence a Urquiza en la batalla de Pavón (1861).
Elegido presidente de la República en 1862 para un mandato de seis años. Durante su presidencia, Argentina, aliada con Brasil y Uruguay contra Paraguay, participó en la guerra de la Triple Alianza(1865-1870). En 1868 pierde las elecciones presidenciales ante Domingo Faustino Sarmiento; volvió a presentarse otra vez como candidato en 1891 pero fracasó. Ocupó cargos de ministro y diplomático para el nuevo presidente. Pero el grueso de su actividad vuelve a las letras.
El 4 de enero de 1870 lanza el primer número del diario "La Nación". El nuevo periódico se sostiene en el prestigio de Mitre y la ideología liberal. Esa coyuntura convierte a "La Nación" en un medio con gran influencia en la clase dirigente, que más de una vez es adoctrinada por los editoriales de Mitre. Entre sus escritos se encuentran un gran número de poesías, traducciones de autores clásicos (como el poeta italiano Dante Alighieri) y obras históricas, como la Historia de Belgrano y de la independencia argentina (1858-1859) y la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana (1877-1888).
Bartolomé Mitre falleció en Buenos Aires el 19 de enero de 1906.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Día de la escarapela: ¿cuándo se utilizó por primera vez?

El 18 de mayo, como fecha de festejo, fue instituido por el Consejo Nacional de Educación en el año 1935. 18 de febrero de 1812, a pedido de Manuel Belgrano, el Primer Triunvirato instituyó la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, blanca y azul celeste. El Día de la escarapela, como 18 de mayo, fue instituido por el Consejo Nacional de Educación, en el año 1935. El origen de los colores y las razones por las que fueron elegidos no pueden establecerse con precisión.
Según el ministerio de Educación de la Nación, entre muchas versiones, afirma que los colores blanco y celeste fueron adoptados por primera vez durante las invasiones inglesas (1806-1807) por los Patricios, el primer cuerpo de milicia urbana del Río de la Plata y que luego empezaron a popularizarse entre los nativos.
Se dice también que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires al presentarse a una entrevista con el entonces coronel Cornelio de Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.

lunes, 9 de mayo de 2016

11 de Mayo Día del Himno Nacional Argentino

El 11 de mayo de 1813 la Asamblea del Año XIII sancionó como Himno Nacional Argentino la canción patriótica compuesta con versos de Vicente López y Planes y música de Blas Parera.
Originalmente fue denominado Marcha patriótica, luego Canción patriótica nacional, y posteriormente Canción patriótica, una publicación en 1847 lo llamó “Himno Nacional Argentino”, nombre que ha conservado hasta la actualidad. La versión original del himno dura 20 minutos y en 1924 fue abreviado a entre 3 minutos 30 segundos y 3 minutos 53 segundos.
En algunas publicaciones extranjeras aparece erróneamente bajo el nombre de ¡Oíd, mortales!, que son las primeras palabras de la canción. La forma de ejecución y el texto están establecidas en el decreto 10.302 de 1944.
La tradición cuenta que el Himno fue ejecutado por vez primera en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, dama de la sociedad porteña de la época, y cuya escena reproduce un cuadro de B. Subercasseaux, en el Museo Histórico Nacional.
En el Archivo Histórico Nacional se exhibe el cofre que guarda la versión oficial de la letra del Himno Nacional.
En la Plaza Vicente López de Buenos Aires se encuentra emplazada la estatua del poeta.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Hace 223 años nacía Juan Manuel de Rosas

Gobernador de Buenos Aires (1829-1832; 1835-1852).
Lideró todas las provincias en ese período y dio su nombre a esa época de la historia Argentina de la cual fue símbolo.
Nació en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793, de padres pertenecientes a familias de ricos y poderosos terratenientes.
Se crió en una estancia de la familia cerca del Salado, ingresó en la escuela de Francisco Javier Argerich en Buenos Aires a la edad de ocho años.
Interrumpió sus estudios para formar la compañía de niños para luchar contra las invasiones inglesas de 1806/7
Cuando tuvo que elegir entre regresar a la escuela o ir a la estancia de la familia en Rincón de López (donde los indios habían matado a su abuelo en 1783), se decidió por lo último, afirmando que lo único que quería en la vida era ser estanciero.
Permaneció allí durante los años plenos de acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo; fue administrador de esa estancia en 1811 y al poco tiempo demostró poder desempeñar con habilidad tanto las tareas del gaucho como las del control y comercialización.
En 1820, se casó con Encarnación de Ezcurra.
Se enfrentó con sus padres por una cuestión de honor relacionada con su administración de la estancia de la familia, cambió y simplificó el nombre de Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas por el de Juan Manuel de Rosas y comenzó su exitosa carrera como estanciero independiente.
Se asoció con Juan Terrero para establecer un saladero, Las Higueritas, cerca de Quilmes; cuando el gobierno lo clausuró, compraron una estancia y comenzaron uno nuevo. Luego fundaron Los Cerrillos sobre el río Salado cerca de la frontera con los indios.
Su primera actuación oficial fue en 1818 a pedido del Director Supremo Pueyrredón para que asumiera la responsabilidad de defender la frontera sur de los ataques de los indios.
Logró resolver los problemas por medio de tratados con los caciques indios a quienes conocía bien. Al año siguiente envió al gobierno un plan para el desarrollo, la vigilancia y la defensa de las pampas más remotas, anticipando en sesenta años la Conquista del Desierto.

Se unió al ejército de Rodríguez en Buenos Aires para luchar, con Manuel Dorrego, en la campaña contra José Miguel Carrera, Carlos M. de Alvear y Estanislao López en su oposición al gobierno de Buenos Aires.
Renunció al ejército con el rango de coronel; regresó a Los Cerrillos y la vida de campo.
Continuó preparado, con sus gauchos y peones armados, para proteger la frontera contra el ataque de los indios, instaló fuertes a lo largo de la nueva línea de frontera e hizo nuevos acuerdos con los indios, pero Rivadavia (entonces presidente) se negó a aceptar las condiciones de Rosas.
Los indios renovaron sus ataques y Rosas, que tenía su estancia en la frontera, se convirtió en un poderoso opositor de Rivadavia. Para ese entonces se había hecho federal, opuesto violentamente a los unitarios, dirigidos por Rivadavia.
Después de la renuncia de Rivadavia (1827), Rosas fue designado comandante de la milicia con órdenes de lograr la paz con los indios y de establecer un pueblo en Bahía Blanca. Realizó con éxito ambos cometidos. Cuando el unitario Lavalle destituyó del cargo de gobernador de Buenos Aires a Dorrego en 1828, Rosas dirigió sus propios hombres contra aquél, se unió a Estanislao López de Santa Fe para derrotar a Lavalle en Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829, y en julio Lavalle y Rosas firmaron una tregua.
El 6 de diciembre de 1829, Rosas fue nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios; desde entonces hasta febrero de 1852 -con la excepción del corto período desde 1832 hasta 1835- dominó no sólo Buenos Aires, sino también las provincias.
Rosas designó un gabinete capaz, incluyendo a Tomás Guido como ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, Manuel J. García como ministro de Hacienda y Juan Ramón Balcarce como ministro de Guerra y Marina; una de sus primeras acciones fue celebrar un solemne funeral por Dorrego, ejecutado por Lavalle el año anterior; luego confiscó las propiedades de aquellos que habían intervenido en la revolución del 1º de diciembre de 1828, que había derrocado al gobierno de Dorrego; utilizó estos fondos para recompensar a los veteranos de su ejército restaurador y a los agricultores y peones que hablan sufrido grandes pérdidas en la lucha.
Rosas, que creía firmemente que una reorganización nacional constitucional era prematura en ese momento, retiró el apoyo de Buenos Aires; el 5 de diciembre de 1832, fue reelecto gobernador pero no aceptó el cargo, a pesar de las súplicas del pueblo, porque no se le otorgaban poderes extraordinarios. Juan Ramón Balcarce asumió la gobernación de Buenos Aires pero comenzaron a surgir desavenencias entre sus partidarios y los de Rosas; destituido por Rosas en la "Revolución de los Restauradores", lo siguió Juan José Viamonte (1833-1834); mientras tanto, Rosas había ido al sur de la provincia para dirigir las fuerzas expedicionarias hacia el corazón del territorio al sudoeste, oeste y noroeste de Buenos Aires.
Una sequía de tres años había sido desastrosa para la pastura del ganado y era esencial conseguir nuevas tierras; con casi dos mil hombres, Rosas empujó a los indios más hacia el sur, abriendo nuevas tierras, destruyendo tribus de importantes caciques que habían atacado los pueblos de Buenos Aires, matando o capturando a miles de indios, rescatando unos dos mil cautivos de ellos y explorando los cursos de los ríos Neuquén, Limay y Negro hasta el pie de los Andes.
Finalmente, firmó la paz con los indios, prometiéndoles la comida necesaria a cambio de su rendición y otras concesiones; esta paz duró veinte años; a su regreso a Buenos Aires, se lo aclamó con entusiasmo como héroe conquistador; la legislatura le confirió el título de "Restaurador de las leyes", le otorgó la isla de Choele Choel (que no aceptó pero tomó a cambio sesenta leguas cuadras de tierras buenas para la pastura, cercanas a Buenos Aires); se le rindieron otros muchos honores.
El gobierno se encontraba en dificultades, doña Encarnación y los partidarios de Rosas habían sabido manejar la situación política contra los gobiernos en el poder durante su ausencia; ya se habla creado la Mazorca, policía secreta, que incitando al pueblo a apoyar a Rosas y atemorizando a sus opositores, provocó la caída de Viamonte. Bernardino Rivadavia había regresado al país, después de un exilio de cinco años, pero no se le autorizó a permanecer. Se había comenzado a usar la cinta o divisa punzó (cinta o distintivo rojo subido, color de los uniformes usados por la primera unidad militar de Rosas contra los británicos y luego por los combatientes de los indios del sur) como emblema de la lealtad federal (luego fue obligatoria); el más grande rival de Rosas, Juan Facundo Quiroga, había sido asesinado en febrero de 1835.
El 7 de marzo, el gobernador interino, Manuel Vicente Maza, renunció y Rosas aceptó el cargo siempre que se le otorgaran poderes judiciales, ejecutivos y legislativos ilimitados y que un plebiscito aprobara su nombramiento; el 13 de abril de 1835, tomó el poder.
Por primera vez desde la Revolución de Mayo, se unieron las provincias argentinas bajo un gobierno central (de hecho, no de derecho) decidió a hacer respetar su autoridad por cualquier medio; de inmediato, Rosas dejó cesantes o pidió la baja de cientos de funcionarios del gobierno, empleados y oficiales del ejército, cuya lealtad hacia él no era del todo clara; a lo largo de su mandato enfrentó despiadadamente la oposición individual, grupal o institucional y demandó una constante demostración de lealtad; su propósito según decía era conservar la paz y el orden para que la nación pudiera prosperar política, social y económicamente.
Durante este período, la industria ganadera dominó la vida nacional con sus demandas de más tierras para el pastoreo, nuevas fuentes de sal para los saladeros y la creciente monopolización por parte de Buenos Aires del lucrativo comercio de carne salada y desecada.
Rosas estaba muy involucrado en todo esto como estanciero, y propietario de mataderos, saladeros y del monopolio de la sal.
En 1851, Justo José de Urquiza de Entre Ríos, uno de los generales más importantes de Rosas, anunció su intención de derrocar a Rosas.
Con la ayuda de los unitarios, las fuerzas de Rivera, el Brasil (contra el que Rosas había luchado por el Uruguay) y la mayoría de los caudillos provinciales, las fuerzas de Rosas fueron vencidas en la batalla de Caseros: el 3 de febrero de 1852 una era había llegado a su fin.
Rosas, con su familia, fue llevado a Inglaterra en un barco inglés. Se estableció en un pequeño pueblo de Inglaterra (Swarkling) cerca de Southamptom, donde vivió durante veinticinco años de los aportes partidarios de Buenos Aires (hasta de Urquiza) porque su enorme fortuna había sido confiscada; murió y fue enterrado allí. En 1990 se repatriaron sus restos a la Argentina y se colocaron en el cementerio de La Recoleta
Extractos de la "Carta de Hacienda de Figueroa" (recomendamos a todos leerla completa), donde Rosas nos deja su profundo pensamiento sobre la Organización y Constitución Nacional:

"...En este lastimoso estado es preciso crearlo todo de nuevo, trabajando primero en pequeño; y por fracciones para entablar después un sistema general que lo abrace todo. Obsérvese que una República Federativa es lo más quimérico y desastroso que pueda imaginarse, toda vez que no se componga de Estados bien organizados en sí mismos (..); de consiguiente si dentro de cada Estado en particular, no hay elementos de poder para mantener el orden respectivo, la creación de un Gobierno general representativo no sirve más que para poner en agitación a toda la República a cada desorden parcial que suceda, y hacer que el incendio de cualquier Estado se derrame por todos los demás. Así es que la República de Norte América no ha admitido en la confederación los nuevos pueblos y provincias que se han formado después de su independencia, sino cuando se han puesto en estado de regirse por sí solos, y entre tanto los ha mantenido sin representación en clase de Estados; considerándolos como adyacencias de la República."
"El Congreso general debe ser convencional, y no deliberante, debe ser para estipular las bases de la Unión Federal, y no para resolverlas por votación."
"El Gobierno general en una República Federativa no une los pueblos federados, los representa unidos: no es para unirlos, es para representarlos en unión ante las demás naciones: (..) En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno general, la desunión lo destruye; él es la consecuencia, el efecto de la unión, no es la causa,"

sábado, 12 de marzo de 2016

Día del Escudo Nacional Argentino

Aunque no posee una fecha de creación exacta, el Escudo Nacional de la República Argentina fue aprobado por decreto, durante la sesión del 12 de Marzo de 1813 en la Asamblea General Constituyente.
. El mencionado decreto se encuentra en el Archivo General de la Nación y reza una redacción en su letra donde ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mis mo sello de este Cuerpo Soberano, con la sola diferencia de que la inscripción del Círculo sea la de: Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y los allí firmantes son el presidente de la Asamblea Tomás Antonio Valle, y el diputado Hipólito Vieytes, secretario de la misma.
El objetivo de este nuevo distintivo, además de ser un escudo de Armas, buscaba diferenciar los sellos utilizados por el gobierno del Virreinato a partir de ese momento en adelante. Es por esto que se le encomendaría al diputado de San Luis Don Agustín Donado de tamaño emprendimiento, quien le daría el trabajo a Juan de Dios Rivera Túpac, grabador y artesano del Perú, autor material de nuestra heráldica principal. Más allá de basarnos en esto, hay indicios de que días antes ya se había visto este diseño, pero no llegó nunca a saberse quien lo realizó exactamente.
Se cuenta que uno de los posibles intervinientes en crear las formas del Escudo Nacional podría haber sido Bernardo José de Monteagudo, político y abogado de Tucuman con una amplia carrera militar, y que el sello del Escudo apareció días antes de su aceptación en la Asamblea, el 22 de febrero de 1813 en una carta de ciudadanía para extranjeros, siendo la primera que aparece el mismo, otorgada ese día a Don Francisco de Paula Saubidet quien sería años más tarde el primer director del Archivo General que tuvo la Provincia de Buenos Aires, motivo por el cual suele tomarse en algunos casos el 22 de febrero como día del Escudo Nacional.
Diseño del Escudo Nacional
Descripción:
Su base está emplazada en una elipse u óvalo con su eje mayor en la vertical, a su vez dividido horizontalmente en dos mitados o campos, denominados cuarteles, siendo azul el de arriba y blanco el de abajo.
En la parte superior se encuentra un sol naciente, luego en el cuartel inferior blanco aparecen dos brazos, estrechandose de manos, sosteniendo un bastón o pica y un gorro frigio en su extremo superior.
En sus dos laterales está rodeado por una ornamentación con dos ramas de laurel que se anudan por debajo con una cinta en color celeste y blanco.
Significado del Escudo Nacional:
El óvalo dividido en dos lleva los colores que el año anterior se habrían adoptado para la enseña patria, con el azul celeste para representar la Justicia y la Lealtad, acompañado debajo por el blanco que denota la Fe y la Pureza.
El sol asomando en la parte superior, quizás en concordancia con la letra del himno que Vicente López y Planes ya tenía congeniada desde el año anterior, perpetrado en oro, apunta a la prosperidad, simbolizando el nacimiento de esta nueva nación.Ya en el campo blanco inferior, los dos antebrazos apretando su mano derecha, muestran una unión entre las Provincias del Río de la Plata, la fraternidad entre estos pueblos, sosteniendo la pica que divide simétricamente los dos cuarteles mostrando un equilibrio y compromiso entre los hombres y el gorro frigio, de origen y formas jacobino, símbolo de la Revolución Francesa, La Libertad, el arraigamiento de la soberanía popular.Por último las dos ramas de laureles simbolizando los logros y la independencia, coronando al Escudo en toda su extensión, y la cinta uniendo fraternalmente todo por debajo con los colores nacionales.
Por eso sean eternos los laureles que supimos conseguir, coronados de gloria vivamos... salud a todo el pueblo argentino en el día de su escudo nacional!!




sábado, 16 de enero de 2016

Repatrian los restos del general Juan de Lavalle

Un 16 de enero de 1861 procedentes de Bolivia llegan a la ciudad de Rosario los restos del prócer de la independencia argentina general Juan G. de Lavalle para ser embarcados en el vapor Guardia Nacional, que los condujo a Buenos Aires, donde fueron sepultados con honores.
Después de la derrota sufrida en Famaillá el 19 de septiembre de 1841, el general don Juan Lavalle mandó ensillar, y con los 200 hombres que le quedaban se retiró hacia Jujuy.
Al llegar a Salta conoció a Damasita Boedo, hermana del coronel Boedo, una hermosa joven rubia, de ojos azules, que no llegaba a los 25 años de edad, y, enamorado de ella, se la llevó en su retirada.
En la madrugada del 7 de octubre hizo alto sobre el río Sauce, desde donde destacó al comandante don Pedro Lacasa hacia Jujuy, llegando él ese mismo día por la noche. En Jujuy encontró que las autoridades habían fugado hacia la quebrada de Humahuaca, dejando acéfalo el gobierno.
A las 02.00 horas del día 8, el general Lavalle hizo acampar a sus tropas en unos potreros de alfalfa en los suburbios de la ciudad, en el lugar llamado La Tablada.
El general llegó enfermo, después de una marcha de dieciocho leguas en quince horas al tranco, los disgustos del día y el abatimiento que se había apoderado de su espíritu al ver derrumbarse todas las posibilidades de seguir la lucha.
Ocupó una casa en la ciudad en la que había estado alojado el doctor don Elías Bedoya, en calidad de enviado del general la noche del 8 de octubre, con su secretario don Félix Frías, el teniente don Celedonio Álvarez con ocho hombres de su escolta y su ayudante Lacasa, que era ese día el edecán de servicio; por supuesto que también iba Damasita con el general.
En medio del profundo silencio de la noche comenzó a despuntar el alba del sábado 9 de octubre de 1841. En la madrugada trágica, una partida federal con unos 30 hombres, al mando del teniente coronel Fortunato Blanco, llegó al paso de sus cabalgaduras cerca de la casa donde se alojaba Lavalle.
Al ruido, salió Damasita, e interrogada por el paradero de Lavalle, contestó que, efectivamente, habíase alojado allí, más que, en ese momento, se encontraba en el campo de La Tablada.
Cerróse la puerta de calle enseguida; Lacasa, que se hallaba durmiendo en la habitación de enfrente, ala derecha, en compañía de Félix Frías, se despertó y prestamente salió al zaguán, y por la puerta que no se había cerrado todavía alcanzó a divisar una partida de federales.
Rápidamente dio la voz de:
–¡A las armas!
Las huestes enemigas parecían completamente desorientadas y no aprovecharon la circunstancia favorable de hallarse abierta la puerta de calle.
Ignoraban, por otra parte, que en ella se encontraba el general Lavalle. Lacasa hizo poner de pie a los soldados que se encontraban en el patio y corriendo al fondo de la casa se dirigió al general para pedirle órdenes. No era Lavalle un hombre de intimidarse lo más mínimo por este suceso, y antes de tomar medidas, inquirió:
–¿Qué clase de enemigos son?
–Son paisanos –respondió Lacasa.
–¿Como cuántos?
–Veinte o treinta.
–No hay cuidado entonces; vaya usted, cierre la puerta y mande ensillar, que ahora nos hemos de abrir paso.
La puerta de calle fue cerrada con precipitación, lo que produjo aún mayor recelo en la fuerza enemiga, que viendo en ello una señal de resistencia, decidió echarla abajo por algún procedimiento.
Lavalle salió al segundo patio cubierto con una bufanda de vicuña, dado lo temprano de la hora y estado de salud. De valor personal, temerario y de acuerdo a su costumbre, no es extraño que se presentara en el momento de peligro sin ceñir su espada.
El acero que lo acompañó en las guerras de la independencia lo extravió su asistente en la batalla de Famaillá, por lo cual su secretario le obsequió una espada que fue la que le acompañó hasta su muerte.
Quería disponerlo todo por sí mismo con su arrojo y su intrepidez ante el peligro.
Pero ahora no se trataba de combatir con 97 granaderos contra 500 soldados enemigos, como en Río Bamba, o 100 contra 300, como en Pasco; ahora era una escaramuza, una especie de búsqueda policial inquiriendo de qué se trataba.
Al llegar a la siguiente puerta, que estaba cerrada, el general observó la partida por el ojo de la cerradura; en ese momento sonó un balazo..., luego dos más, tirados contra la fuerte y tosca puerta de cedro que guardaba la entrada principal de la casa. Este fuego sin dirección, hecho por la patrulla federal contra la casa, tuvo una virtud que ellos no soñaron. Una de las balas penetró por la cerradura e hirió mortalmente al general Lavalle, quien se dobló hacia adelante. La bala, que luego conservaría el general don Bartolomé Mitre como una reliquia, se alojó en su garganta.
La herida era mortal. El general cayó cerca del zaguán. Su sangre, que manaba en abundancia, empapó su bufanda de vicuña.
El autor de su muerte era un mulato llamado José Bracho, quien luego habría de conocerse entre algunos federales como el "héroe de la cerradura".
Lacasa, que había precedido a su jefe penetrando en la habitación, salió precipitadamente y encontró a Lavalle en el suelo en los estertores de la agonía. Luego quedó inmóvil, con los ojos abiertos hacia la puerta del zaguán que habría de ser famosa, y por donde su arrojo había pensado buscar la libertad en una arremetida audaz.
Nada podía ser más inesperado que el trágico fin del jefe que los había llevado a tantas batallas.
Algunos corrieron a incorporarse al grueso de las fuerzas que no lejos de allí estaban al mando de Pedernera, quien desde aquel momento tuvo que asumir el mando de las huestes, cada vez más diezmadas.
Estando en los preparativos para continuar la retirada, con el cadáver del general, se presentó Damasita al general don Juan Esteban Pedernera, quien al verla le dijo:
–Mire usted, Damasita: el general ya ha muerto; me parece por lo mismo que su presencia aquí ya no tiene objeto. Seguramente que usted desea volver al seno de su familia, y si esto es así, le haré dar todos los recursos necesarios para que usted regrese a su casa.
Pero ella, que era de un alma entera, replicó con admirable entereza:
–Señor general: cuando una joven de mi clase pierde una vez su honra, no puede volver jamás a su país. Prepáreme usted una mula para seguir yo también adelante, y vivir y morir como Dios me ayude.
En casa del general don Juan Gregorio de Las Heras, a los pocos días de la muerte del general Lavalle, se hallaban reunidos el general Deheza, el coronel De la Plaza y el general don Mariano Necochea. Al tener conocimiento de la tragedia, el último dijo:
–¡Pobre Juan! Los malos ejemplos de don Simón le habían trastornado la cabeza.
–El terreno estaba bien preparado –agregó otro de los presentes.
El cadáver permaneció bastante tiempo tirado en el suelo, hasta que el general Pedernera dispuso que fuese levantado.
Así cayó el bravo general don Juan Galo de Lavalle, el héroe de Río Bamba, el magnífico soldado de Nazca, el rey de los arenales de Moquehuá.
Su cuerpo inanimado fue colocado en su hermoso tordillo y la caravana triste y silenciosa comenzó su santa peregrinación hacia la catedral de Potosí, tras el jefe muerto, puesto a la vanguardia para evitar que cayese en poder de las fuerzas de Oribe, que lo ansiaban tenazmente para llevar su cabeza a Rosas.
A veinticuatro leguas de Jujuy, como la descomposición del cadáver del general dificultaba la marcha, dispusieron descarnarlo, y el coronel don Alejandro Danel practicó esta penosa operación.
Con el propósito de disecar mejor los huesos, fueron tendidos al sol sobre el techo de un rancho. Inesperadamente un cóndor descendió vertiginosamente de las nubes y apoderándose del cúbito del brazo derecho de Lavalle, remontó a las alturas.
Aquel cóndor, expresión de gallardía y fiereza de esos inmensos dominios solitarios y agrestes de la montaña y el espacio, tal vez quiso levantar en alto llevando y mostrando como trofeo el hercúleo brazo sableador del ínclito granadero de San Martín.
La caravana hizo 163 leguas. El 22 de octubre de 1841, a las 21:00, llegó a Potosí, siendo recibida por el presidente de Bolivia, quien dispuso que los restos del general Lavalle fueran depositados en la Catedral.
Damasita Boedo marchó con la caravana a Bolivia; llegó a Chuquisaca, y allí volviéronse locos los coyas más engreídos y retobados de amor por ella, y, conocedores de la aventura de que había sido objeto y por quien ahora peregrinaba sola en el extranjero, pretendieron reemplazar a Lavalle en la posesión de tan peregrina beldad. Pero no pudieron. La joven no había nacido para los coyas.
Un chileno cargó al fin con ella. Era Billinghurst, ministro plenipotenciario de Chile. Bajo su amparo pasó a Chile, donde vivió con el lujo y la holgura que le prodigaba su generoso amante; y lo que fue más tachable en ella es que regresó a Salta, punto de la tierra donde tan bizarramente había protestado ante el cuerpo del general Lavalle no volver jamás por culpa del muerto y causa de su deshonra.
Pero abandonó su juvenil rubor, volvió a la tierra de los suyos, que había hecho votos de no volver; deslumbró e incitó la envidia por sus trajes riquísimos y sus chales de seda con que se paseó por las calles, se zarandeó por paseos y se arrodilló en los templos, resplandeciendo todavía al lado de sus sedas y sus joya su amabilísima hermosura.
Volvió a Chile, donde murió.
Los restos del general Lavalle actualmente descansan en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, y el epitafio de su tumba encierra el postrer y eterno homenaje del pueblo argentino:
"Granadero: vela su sueño y si despierta dile que su Patria lo admira."

lunes, 14 de diciembre de 2015

Distinciones del CEDICUPO en el Día Nacional del Tango, Bahía Blanca

Con motivo de los festejos del Día Nacional del Tango en Bahía Blanca, el Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina otorgó cuatro merecidos reconocimientos a personalidades e instituciones destacadas de la comunidad. Durante el acto inaugural del 11 de diciembre, llevado a cabo en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera donde se inauguró una plaqueta homenaje a Osvaldo Pugliese -fiel representante del tango y el cooperativismo-, se distinguió a la Cooperativa Obrera Ltda. por su permanente apoyo a la cultura nacional y popular. Esta institución brinda a la comunidad una amplia oferta de servicios y capacitaciones apoyando incondicionalmente “lo nuestro”; durante todo el mes de diciembre, en el hall de entrada al lujoso auditorio de Zelarrayán 560 permanecerá en exhibición una muestra tanguera con fotografías de Omar Morán y esculturas en madera del artista Celso Biondo. Por la noche, en El Motivo Tanguería, José Valle –Presidente del CEDICUPO- entregó un reconocimiento a la trayectoria a la Sra. Ana Benozzi, porteña de nacimiento y bahiense por adopción. Docente, bailarina y coreógrafa de tango que entró en la danza con apenas 3 años, como jugando. Danzas clásicas, españolas, tap y folklore, entre otros ritmos, se hicieron
propios en su cuerpo. El tango fue siempre parte de su familia y la acompañó desde la cuna hasta que un día decidió aprender a enseñarlo, encontrando entre sus alumnos bailarines de tango de nivel internacional. Otra distinción a la trayectoria fue para el Sr. Ricardo Martín, Director de la revista VEME que en 2015 cumplió 10 años de publicación ininterrumpidos, con notas de gran interés para la comunidad bahiense, con colaboradores de lujo, historia y presente de la localidad y de un barrio en particular que verdaderamente ha hecho mérito de su pretensión de “República”, Villa Mitre.
Finalmente, el CEDICUPO reconoció al profesor y ex concejal Edgardo Raúl Ayude por su permanente apoyo a la cultura nacional y popular. Con más de 180 proyectos presentados en el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Bahía Blanca en el cual ejerció su banca desde diciembre de 2011 hasta los últimos días, presentando una conducta consecuente con su pensamiento y valores inquebrantables, Raúl Ayude ha acompañado las propuestas culturales que han brindado los productores públicos y privados de la ciudad cuando coincidían con los intereses del pueblo.

Fin de la conversació