viernes, 11 de abril de 2014

Bahía Blanca festeja su 186º aniversario

Bahía Blanca es una ciudad situada estratégicamente al sur de la provincia de Buenos Aires en la transición de las regiones pampeana y patagónica. Cuenta con un puerto comercial de aguas profundas lo que lo convierte en el segundo centro urbano más importante sobre el mar Argentino después de la ciudad balnearia de Mar del Plata.

Es la cabecera del partido homónimo. La ciudad se ha consolidado como uno de los centros comercial, cultural, educativo y principalmente deportivo, más importante del país que cuenta además con importantes museos y bibliotecas, y su infraestructura turística incluye notables circuitos arquitectónicos, paseos y parques. Constituye además un destacado nudo de transportes y comunicaciones entre los flujos económicos del suroeste de la provincia de Buenos Aires y del valle del Río Negro y gracias a su infraestructura terrestre, marítima y aeroportuaria establece relaciones a nivel regional, nacional e internacional.

Según datos del censo 2010, el partido de Bahía Blanca cuenta con una población de 301.531 habitantes donde se le debe restar la localidad de Cabildo y la población rural establecida en 2.430 personas, por lo tanto 299.101 habitantes corresponden al gran Bahía Blanca, el decimoséptimo conglomerado urbano del país.

Aunque la ciudad de Bahía Blanca propiamente dicha se encuentra a casi 10 km del Mar Argentino, se encuentra conurbada con otras ciudades y poblaciones costeras, entre las que podemos destacar el puerto de Ingeniero White. A través del mismo, constituye la salida natural de la producción agrícola de la región pampeana, destacada cuenca agroexportadora de Argentina.

La presencia de centros académicos de sólido prestigio en los niveles universitario y terciario garantiza la formación profesional de recursos humanos altamente cualificados. Se destacan dos universidades nacionales: Universidad Nacional del Sur (UNS) y Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y una tercera en formación.Hacia fines del siglo XVIII los mapas no ofrecían muchos detalles de la costa sur de la actual provincia de Buenos Aires, el gobierno español, en 1805, mandó reconocerla oficialmente. En el curso de la década que comienza en 1810 aparecen algunos croquis que esbozan las líneas generales de una bahía que a causa del tono blanquecino de sus barrancas y del color de su costa anegadiza fue conocida como la Bahía Blanca. Era indudable que dicha región que figuraba en el mapa de Brué, ofrecía un lugar estratégico para fundar un puerto que permitiera extender hasta la costa la línea de fortines.

La nueva República demandaba seguridad para sus ciudadanos, que se iban desbordando de los primitivos centros poblados para adentrarse en las tierras del indio. La travesía a las salinas se hacía cada vez más arriesgada. Con la consecuente fundación de la ciudad de Tandil, en 1822 travesía a la región del sur se presentaba inhóspita. Era imperioso que la seguridad se extendiera hasta el océano, frente a contingencias de serio contratiempo se podría tener contacto con las líneas de defensa mediante la navegación, eludiendo así las penosas travesías terrestres.

El primer proyecto de fundación data de diciembre de 1823, cuando el gobierno destacó a José Valentín García para que fuese a la Bahía Blanca a los efectos de estudiar, con el personal necesario para tales tareas, el lugar más estratégico de la bahía para establecer un puerto.

El segundo proyecto data del año 1824 siendo gobernador de Buenos Aires el General Martín Rodríguez, y ministros de Gobierno y de Hacienda Bernardino Rivadavia y Manuel José García, respectivamente. El principal promotor de dicho plan colonizador fue Vicente Casares, cuyas ideas fueron aprobadas el 26 de febrero de dicho año. Entre las resoluciones tomadas estaban la de facilitarle todas las armas, herramientas, materiales de construcción, 20.000 pesos y 100 hombres para que la fundación se llevara a efecto. Poco después se rescindía el contrato.

Con fecha del 16 de febrero de 1824 se publicó un valioso informe en el "Registro Estadístico de la Provincia de Buenos Aires". Los datos expuestos ahondaron en la convicción de la factibilidad de una empresa definitiva. En 1824 el gobernador Martín Rodríguez realizó una campaña militar contra los indígenas llegando hasta la bahía Blanca. Iba con él el comerciante Vicente Casares, contratado para realizar la fundación, pero el gobernador la consideró impracticable y rescindió el contrato. El proyecto fundacional se vio impulsado por Bernardino Rivadavia durante la Guerra del Brasil cuando la flota brasileña intentó ocupar Carmen de Patagones en marzo de 1827.

Finalmente la ciudad fue fundada como Fortaleza Protectora Argentina por el Coronel Ramón Bernabé Estomba el 11 de abril de 1828, un fuerte con función de proteger el ganado codiciado por el indio, y la costa de la flota de Brasil. Más tarde en septiembre de 1833, el fuerte sería visitado por Charles Darwin en su periplo por Suramérica. Escudo de Bahía Blanca

A 7 kilómetros del centro comercial se encuentra el Puerto de Ingeniero White y la localidad del mismo
nombre. El complejo portuario abarca 25 kilómetros sobre la costa norte de la ría de Bahía Blanca. Posee un moderno balizamiento con 62 boyas luminosas alimentadas por energía solar. En el interior de la ría, está el Puerto de Ingeniero White con un calado de 45 pies. El Muelle Multipropósito de 270 metros de eslora recientemente inaugurado, los muelles de Puerto Galván y la Posta de Inflamables completan las instalaciones.

Este sistema portuario ofrece una salida directa al Océano Atlántico desde el único puerto de aguas profundas del país, con muelles para operar todo tipo de buques y mercaderías, y el primer puerto autónomo de la Argentina. Posee además un sistema de control de tráfico radarizado, único en América Latina.

El Puerto de Bahía Blanca ha sido históricamente un puerto de cereales por su proximidad a las principales zonas agroexportadoras del país. Hoy es además químico y petroquímico, y exporta principalmente materias primas. Una Reserva Natural de uso múltiple que comprende varias islas e islotes adyacentes, ubicada al N NO del canal principal, permite la investigación para el uso racional de los recursos naturales con el objeto de conservar el ecosistema.

A lo largo de su historia, Bahía Blanca ha sido referida como La Capital del Básquetbol Argentino y eso se debe a que es la ciudad que más basquetbolistas de alta competencia ha dado del país, destacándose muchos de ellos a nivel nacional, como así también en equipos de la Federación Europea de Baloncesto (FIBA Europa), y otros incluso en equipos de la NBA. Aunque el hecho más destacable es la victoria del seleccionado bahiense sobre Yugoslavia, que venía de ser campeona invicta en el mundial del 70, el 3 de julio de 1971 en el estadio Norberto Tomás (Olimpo) por 78 a 75.

Personalidades destacadas
Escritores: Eduardo Mallea, Guillermo Martínez, Ezequiel Martínez Estrada, Roberto Payró,
Premio Nobel de Ciencia (medicina): César Milstein
Deportistas: Ángel Cappa, Alfio Basile, Daniel Bertoni, Juan Ignacio Sánchez, Alejandro Montecchia, Emanuel Ginóbili, Juan Alberto Espil, Hernán Montenegro, Rodrigo Palacio, Martin Perpetua, Ernesto Lazzatti, Guido Pella, Sergio Santos Hernández, Lucas Benamo, Ramiro Scuncio, Germán Pezzella, Martín Aguirre, Bernardo Stortoni y también el maratonista Armando Sensini y el ajedrecista Héctor Rossetto, la golfista Susana Garmendia, Alberto Pedro Cabrera.
Músicos: Carlos di Sarli, Abel Pintos,, Zambayonny, Diego Savoretti,Roberto Achaval,Armando Lacava, Luis Bonnat, Gaby "la voz sensual del tango", Nora Roca, Samuel Kerlleñevich, Carlos Visnivetski, el reconocido percusionista Ramiro Musotto, el cantante y compositor Milton Amadeo, Javier Inchausti, violinista
Médicos: César Milstein, Miguel Eduardo Jörg.
Escudo de la Ciudad de Bahía Blanca.
Fue creado por Ordenanza del 18 de mayo de 1943. El autor del escudo y sus fundamentos heráldicos fue don Enrique Cabré Moré, Director Honorario del Museo y Archivo Histórico Municipal.

Un ancla romana simboliza la tradición portuaria de la ciudad, cuya bahía brinda un refugio natural a los barcos de todas las naciones.

Una cruz cristiana, integrada al ancla, representa la condición católica de Bahía Blanca desde sus inicios.

La entrada de mar, con sus playas blancas, recuerda la toponimia de as cartas marinas, inspiradas en referencias del piloto y cosmógrafo Pigafetta de la armada de Magallanes, que en febrero de 1520 la denominó “baxos de arenas blancas”, y a partir de 1760 fue conocida como “bahía blanca”. Con este nombre se designaba históricamente al territorio comprendido entre el mar y las Sierras de la Ventana – que los indígenas denominaban “Casuhati”-, y desde el río Sauce Grande hasta el río Colorado.

El origen militar de la ciudad está representado por un fuerte sobre el que flamea una bandera argentina, recordando a la desaparecida “Fortaleza Protectora Argentina”, fundada el 11 de abril de 1828, y que diera origen a la ciudad de Bahía Blanca.

El color “amarillo oro” simboliza el amor a la patria, el “celeste claro” la paz y el bienestar del pueblo, el “verde” o “sinople” la fe y esperanza en el futuro, el “azul” el deber de los ciudadanos de velar por la seguridad de los hogares, el color “blanco” o “plata” simboliza la solidaridad, el “rojo” la defensa ante la justicia, y el “negro”, el estímulo al desarrollo de las artes y las ciencias.
El Himno a Bahía Blanca, fue escrito y musicalizado por Carlos Alberto Leumann y Pascual De Rogatis artistas que curiosamente no eran oriundos de la ciudad, la obra fue estrenada en el Teatro Municipal por la orquesta dirigida por el maestro Luis Bilotti y la participación del coro de la Escuela Normal Mixta, en la gala de conmemoración al centenario de la fundación de la ciudad el 11 de abril de 1928.

Himno a Bahía Blanca
Letra: Carlos A. Leumann
Música: Pascual de Rogatis

Por nacer entre océano y pampa,:
con el cielo por límite azul,
a infinita grandeza te orientas
y es tu nombre una imagen de luz.

Mensajero tal vez de los Andes
tu barranco se yergue ante el mar,
para un cóndor audaz cuyo vuelo:
se llamase a progreso inmortal.
en la patria tu ingente labor;
por la patria tu impulso es un vuelo,
para un cóndor audaz cuyo vuelo:
por la patria tu vida es amor.

Coro
Entre el mar infinito y la pampa
vas creciendo, animosa ciudad,: (bis)
y en la imagen de luz de tu nombre
se presiente tu gloria mundial.

viernes, 28 de marzo de 2014

Bernardo de Monteagudo el Robespierre Argentino

Bernardo Monteagudo nació en la provincia de Tucumán el 20 de agosto de 1789. Un mes después de que lo que estalló en París, lo que pasaría a la historia como la Revolución Francesa. 
Fue hijo del capitán de milicias español Miguel Monteagudo ( aunque toda la vida lo persiguió el insulto racista de "mulato" ) y de la tucumana Catalina Cáceres, casados en Chuquisaca el once de marzo de 1786. Tuvieron once hijos, de los cuales Bernardo fue el único sobreviviente.
Durante su temprana infancia, Monteagudo se crió en una extremada pobreza lo cual no impidió que sus padres, muy -proclives a una educación culta, hicieran todo lo posible por iniciarlo en las letras. Por entonces era frecuente que recorrieran la campiña ciertos maestros ambulantes que por algunas monedas, iniciaban en la lectura de la cartilla y del catecismo a los niños que así lo solicitaban, descargando palmetazos ante olvidos ó irreverencias. El pequeño Bernardo siempre demostró, un acentuado anhelo por aprender, ayudado por una inteligencia precozmente despierta. 

La muerte de su madre, cuando el niño había llegado apenas a los trece años, fue trágica no sólo por la pérdida de alguien a quien Bernardo amaba entrañablemente y de quien recibía generosos cuidados, sino también porque la relación con la nueva pareja de su padre se hizo difícil y tensa.
Decidió entonces partir hacia Chuquisaca, a ponerse bajo la tutela de un pariente lejano, el cura Troncoso, alentado por un padre convencido de los talentos de ese hijo que se mostraba más sagaz y más letrado que los demás niños, aun de aquellos cuya posición económica les hacía correr con ventaja.

Con los años se convierte en un hombre esbelto, de porte atlético, casi alto, de perfil clásico, tez algo oscura y mirada incendiada.
Lector de Rousseau, Voltaire y los enciclopedistas pudo estudiar en la Universidad St. Francis Xavier de Chuquisaca junto con Mariano Moreno y Juan José Castelli entre otros revolucionarios jacobinos. La Universidad de Chuquisaca era el verdadero centro de las luces de principios del siglo XIX donde se doctoró en Teología en 1805 y Cánones en 1806 con una tesis muy conservadora y monárquica titulada: "Sobre el origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento. Todo comenzó cuando llegaron a América las noticias de la caída del rey Fernando VII y la instauración de la Junta de Sevilla. La Real Audiencia de Charcas (como también se conocía la ciudad que hoy se llama Sucre en honor al mariscal Antonio José, mano derecha de Simón Bolívar) se opuso y llamó a constituir otras juntas provinciales. En noviembre de 1808, el delegado sevillano, José Manuel de Goyeneche, entró en la ciudad e intentó que ese territorio quedara en manos de Carlota Joaquina Teresa de Borbón, hermana de Fernando y reina regente de Portugal en el Brasil. Los claustros de la Universidad se convirtieron en un polvorín y rechazaron de plano las exigencias de Goyeneche. Poco después, la Audiencia reconoció la autoridad de la Junta sevillana, pero el germen revolucionario ya había despertado. Al transcurrir esto Monteagudo escribió el "Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII", una irónica sátira política en que pretendía demostrar que los derechos del rey de España y del pueblo español sobre España eran los mismos que los de los americanos sobre América al comenzar un debate en la universidad y los círculos intelectuales sobre la legitimidad del gobierno virreinal. Fue en este contexto que Monteagudo realizó la proclama que sería la chispa de la Revolución que estallaría un año después en Buenos. El 25 de mayo de 1809 estalló en Chuquisaca una sublevación contra las autoridades virreinales. Tomó parte de esta revolución que se opuso a la entrega del Alto Perú a la infanta Carlota Joaquina. Cuando el gobernador Francisco de Paula Sanz recuperó el gobierno, arrestó a Monteagudo y lo condeno a muerte. El mariscal Nieto había enviado a todos los efectivos disponibles para combatir a los patriotas, en apoyo del Capitán de Fragata José de Córdova. La ciudad universitaria había quedado virtualmente desamparada. Monteagudo, ansioso por plegarse a las filas patriotas que se acercaban decidió preparar un plan para fugarse. Alegando “tener una merienda con unas damas” en el jardín contiguo de la prisión, obtuvo la codiciada llave que le abría la puerta de salida y logro fugarse. En Chuquisaca escribió una proclama de los rebeldes que decia: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez. Ya es tiempo de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía”.
Monteagudo volvió a ser arrestado en Tupiza, siendo liberado después de la batalla de Suipacha por el ejército de Castelli. enviado por la junta de Buenos Aires, lo puso en libertad en 1811. Pasando a ser auditor del mismo y secretario de Juan Jose Castelli, jefe político de la expedición. Se mantuvo a su lado y el 14 de diciembre de 1810, Castelli firmó la sentencia que condenaba a muerte a los enemigos de la revolución y principales ejecutores de las masacres de Chuquisaca y La Paz, recientemente capturados por las fuerzas patriotas. A las nueve de la noche fueron puestos en capilla, destinándoseles habitaciones separadas para que “pudiesen prepararse a morir cristianamente”.

El día 15, en la Plaza Mayor de la imperial villa, entre las 10 y 11 horas de la mañana, se ejecutó la sentencia, previa lectura en alta voz que de la misma se hizo a los reos, hincados delante de las banderas de los regimientos.

Entre los espectadores que rodeaban el patíbulo, hubo uno que siguió ansioso el desarrollo de la escena. Bernardo de Monteagudo, que había visto las masacres perpetradas por Paula Sanz y Nieto apenas un año atrás en Chuquisaca, no olvidará nunca el episodio que sus ojos contemplaron: 

“¡Oh, sombras ilustres de los dignos ciudadanos Victorio y Gregorio Lanza!3 ¡Oh, vosotros todos los que descansáis en esos sepulcros solitarios! Levantad la cabeza: Yo lo he visto expiar sus crímenes y me he acercado con placer a los patíbulos de Sanz, Nieto y Córdova, para observar los efectos de la ira de la patria y bendecirla con su triunfo”.
Durante la reconquista del Alto Peru , varios miembros del ejército, y especialmente Monteagudo, insultaron gravemente los sentimientos religiosos de la población, lo que les trajo mucha oposición. El Alto Perú tenía una doble connotación para hombres como Monteagudo y Castelli. Era sin duda la amenaza más temible a la subsistencia de la revolución y era la tierra que los había visto hacerse intelectuales. Fue en las aulas y en las bibliotecas de Chuquisaca donde Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo y Juan José Castelli habían conocido la obra de Rousseau y fue en las calles y en las minas del Potosí donde habían tomado contacto con los grados más altos y perversos de la explotación humana admitida en estos términos por uno de los principales responsables de la masacre. Luego de la batalla de Huaqui, que terminó con la victoria de las tropas realistas al mando del General Jose Manuel de Goyoneche, la tropa local desertó y se pasó al enemigo, alejando para siempre a los argentinos del Alto Perú. Castelli fue enjuiciado y obligado a bajar a Buenos Aires para ser juzgado por la derrota de Huaqui y por su conducta calificada de “impropia” para con la Iglesia católica y los poderosos del Alto Perú. Ningún testigo confirmó los cargos formulados por los enemigos de la revolución. 
En Buenos Aires Bernardo de Monteagudo fue un redactor brillante de La Gazeta que tenia dos ediciones: una a cargo de Vicente Pazos Silva, en la de los martes, y los viernes a cargo del revolucionario Bernardo de Monteagudo. Las palabras exaltadas de Monteagudo, con ideas morenistas, contrastarían con las ideas más moderadas de Pazos Silva, y el periódico se convertiría en una especie de foro de discusión y debate feroz después de la muerte de su fundador. La confrontación entre ambos terminó finalmente con la clausura de la Gazeta, en marzo de 1812.
Intervino en la fundación de la Sociedad Patriótica, de la cual llegó a ser presidente. compuesto de 40 miembros, con el fin que aparece en el articulo 8° que dice así: "El objeto de esta sociedad es discutir todas las cuestiones que tengan un influjo directo ó indirecto sobre el bien público, sea en materias políticas, económicas, ó científicas, sin otra restricción que la de no atacar las leyes fundamentales del país ó el honor de algún ciudadano." En el notable considerando de este [ pág. ]decreto asienta su redactor que la instrucción pública es la primera necesidad de las sociedades, y que el gobierno que no la fomenta comete un crimen que la mas distante posteridad tiene derecho á vengar, maldiciendo su memoria." En 1812 fundó el periódico Mártir o Libre. En el mismo año conoció a San Martín, que acababa de llegar de Europa, y lo acompañó en la revolución del 8 octubre de 1812. En 1813 fue miembro de la Asamblea como diputado por Mendoza. En 1815 fundó el periódico El Independiente, que defendía la política del general Carlos de Alvear. Cuando éste fue derribado, Monteagudo tuvo que expatriarse a Europa. Volvió, desde Burdeos, en 1817; pero fue obligado a retirarse a Mendoza. De esta ciudad pasó a Chile, 

Fue quien redactó al primer manuscrito del acta de independencia de chile. Junto a don Miguel Zañartu se disputaron este honor. El segundo lo alegó epistolarmente y el primero, el autor según la tradición oral, carecía de documentación probatoria pertinente.
Con fecha 28 de enero fue enviada el Acta a don Bernardo O'Higgins, quien permanecía en la ciudad de Talca. Debido a la urgencia de su proclamación, fue mandada imprimir en Santiago al mismo tiempo por Cruz, de acuerdo a las instrucciones del Director Supremo, indicando que debía ser fechada "en Concepción a primero del actual".
O'Higgins introdujo algunas modificaciones antes de firmarla que debían ser agregadas para que fuera impresa, pero no fue posible ya que había sido editada.
El desastre de Cancha Rayada le llevó a Mendoza y luego a San Luis, donde presenció la sublevación y muerte de los prisioneros españoles. Nuevamente en Chile fue con San Martín al Perú , en la expedición libertadora (1820). El Protector lo nombró ministro de Guerra y después de Relaciones Exteriores (1821-22). Su labor fue extraordinaria. Eliminó la esclavitud, abolió la mita, ceso al arzobispo Las Heras de Lima, prohibió el juego, creo la Escuela Normal y la Biblioteca Nacional. Persiguió, expropio de sus bienes y expulso del país a 4,000 españoles. En ese mismo año creo la logia Lautaro junto con San Martin.
Asimismo, emprendió una incansable labor propagandística en favor de la causa independentista. Todos los días publicaba proclamas, periódicos y noticias que alentaban la lucha contra los chapetones. Monteagudo manejo la opinión publica, era un experto en inventar psicosociales en favor de San Martin.
En el campo patriota se hizo de muchos enemigos. Entre otros, Faustino Sánchez Carrión, Jose de la Riva Agüero y Thomas Cochrane. 
Al mismo tiempo, sobresalió como escritor político y tuvo muchos envidiosos por su gran talento.
Aunque eran dos figuras antónimas, (Monteagudo carecía de la virtud estoica de San Martín) lazos de respeto y afectividad los unía, tanto que durante el Protectorado del Libertador en Perú, lo designaría Ministro de Guerra, Marina y Relaciones Exteriores cuando San Martín asumió como Protector del Perú, y luego de Gobierno y Relaciones Exteriores. De esa manera se convirtió en el hombre fuerte de la política sanmartiniana en el Perú. Se volvió muy impopular en Lima por su excesivo antihispanismo, su autoritarismo y sus ideas monárquicas, por eso El 25 julio de 1822, una sublevación lo obligó a renunciar y lo condenó al destierro mientras San Martín se hallaba en Guayaquil. 
Durante esos años recorrió Panamá, Guatemala y Ecuador, y se pudo en contacto con Simón Bolívar. Ambos políticos se encuentran en la ciudad ecuatoriana de Ibarra en 1823. Una simpatía personal mutua y un acuerdo programático lo llevaron a Monteagudo a incorporarse al Ejército Libertador con el grado de Coronel. En 1824 entró en Lima y unos meses después participó de la batalla de Ayacucho, donde se selló la definitiva victoria de los americanos.
Los últimos tiempos de su vida los pasó elaborando el plan de unificación de las repúblicas latinoamericanas en una sola gran Confederación. Por esa razón publicó “Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispano-americanos y plan de su organización”.., tal vez su libro más importante. Este texto se materializa en los acuerdos alcanzados en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 y como regresan con las actualizaciones del presente en UNASUR con la ventaja de que este ya no se limita solo a Hispanoamérica, sino que incluye a otros países como Brasil, Guyana y Surinán, países de origen no hispano. De allí, Bolívar tomó algunas herramientas para llevar adelante su sueño en el Congreso Anfictiónico de Panamá. Pero Monteagudo ya no estaba porque su impopularidad no había disminuido y el 28 de enero de 1825, en la plazoleta de Micheo, fue asesinado de una puñalada que le traspasó el corazón. Tenía apenas 35 años. Nadie pudo quitarle su admirable pasión revolucionaria la cual se llevo a su tumba.
Su asesino confeso, el negro Candelario Espinosa y su cómplice, sambo Ramón Moreira, fueron detenidos de inmediato.
Asesinato de Monteagudo
Es sabido que el prócer tucumano Bernardo Monteagudo fue asesinado en Lima, en la noche del 28 de enero de 1825, cuando salía de visitar a su amiga Juanita Salguero. 
Se dijo que esa muerte tuvo carácter político. Tal versión ha sido auspiciada por el relato de Ricardo Palma, quien vinculó el asesinato de Monteagudo a una "logia republicana" (masones) a la que inevitablemente vendría a estar asociado el ministro peruano Sanchez Carrion, quien se reveló enérgico y hasta implacable con Monteagudo y elogiaba con júbilo la llamada "excomunión civil" de Monteagudo finalmente decretada por el Primer Congreso Constituyente del Peru de 1822; y también por el testimonio del general colombiano Tomás C. de Mosquera, muchos años después. El asesino pudo identificarse porque, como usó un cuchillo nuevo, dio lugar a que se llamara a todos los barberos de la ciudad de Lima. Uno de ellos declaró haber afilado el de un negro que parecía cargador o aguador; presentes los de estos oficios, fue identificado Candelario Espinosa, quien llegó a confesar el delito y relacionar con él a personas de la alta sociedad de Lima.

viernes, 7 de marzo de 2014

COMBATE DE PATAGONES - 7 de marzo de 1827

Un 27 de febrero de 1827, hacía su aparición en el horizonte una poderosa escuadra de guerra con
intenciones de ingresar al río Negro. El pueblo de Patagones y Viedma debieron organizarse para enfrentar el mayor desafío de su larga historia.

Debemos remontarnos bastante más atrás del 7 de marzo de 1827 para comprender como se desencadenó la guerra con el Brasil y la pretendida invasión al otrora Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen que fue derrotada por los milicianos aquél día de gloria.

La Banda Oriental siempre tuvo una mentalidad más democrática que el resto, signada por la figura de Artigas, el ejecutor de la ideas federales de Dorrego. Las divergencias entre Buenos Aires y la Banda Oriental, por otra parte, se remontan a 1813 cuando son desconocidos los representantes de Artigas. En razón de ello, el patriota oriental, desde siempre, tuvo que pelear contra un doble enemigo: Buenos Aires y los portugueses. En 1814 Artigas está muy solo. Debe enfrentar a las tropas portuguesas que ingresan al territorio uruguayo y en vez de colaborar con él lo dejan librado a su suerte para que desgaste su poder. Finalmente, en 1820, se produce la batalla de Tacuarembó que Artigas pierde y determina su exilio al Paraguay.

Buenos Aires hace poco y nada frente a este estado de situación hasta que advierte que los portugueses se roban el ganado de la Banda Oriental, lo pasan al Brasil y se dedican a la industria del saladero. El tasajo, que sustentaba buena parte de la economía de Buenos Aires, comienza a ser vendido también por Brasil y a menor precio. Esto significa lisa y llanamente una competencia para los grandes estancieros que concentraban el negocio. Paralelamente, patriotas como Oviedo y Lavalleja escapan del Uruguay y vienen a Buenos Aires para reclamar una acción contra el enemigo.

Sin duda, la competencia del tasajo fue determinante. Las guerras, ya lo sabemos, esconden siempre en sus causas razones económicas. Los grandes estancieros, en consecuencia, no dudan en financiar la expedición de los 33 orientales para librar al Uruguay. En poco tiempo todo el país se insurrecciona en contra de los invasores. Sólo logran conservar la ciudadela de Montevideo. Paralelamente se convoca a un congreso y allí los uruguayos reafirman su voluntad de continuar perteneciendo a las Provincias Unidas del Río de la Plata, con lo cual, formalmente, se desencadena la guerra. Una vez desatadas las hostilidades, los imperiales logran bloquear el puerto de Buenos Aires. Patagones, empero, continúa operando a través de los corsarios contratados por las Provincias Unidas. Su puerto se constituye en un objetivo militar y Brasil decide enviar una escuadra para destruir el Fuerte.



La guerra llega a la Patagonia

A las 9 de mañana del 28 de febrero de 1827, la infantería de negros del coronel Pereyra abrió fuego de cañón y metralla contra el bergantín el "Escudero" de la Escuadra Imperial del Brasil. El barco, que enarbolaba la bandera de las Provincias Unidas para engañar a los defensores, izó la bandera de su país al ganar las tranquilas aguas del estacionario y celebró su victoria. Detrás de este bergantín ingresó una poderosa corbeta, la "Itaparica", que traspasó la línea de la defensa sin dificultades porque ya no quedaban municiones para atender la batería ni existían otros medios para enfrentar la agresión.

Sobre el mediodía, y en plena bajante, un tercer barco intentó franquear la desembocadura pero quedó varado en los bancos exteriores, impidiendo el desplazamiento de la cuarta nave que avanzaba detrás.

A esta altura de los hechos, y sin posibilidades de trabar combate con los invasores, la infantería se replegó en dirección al Fuerte junto a los corsarios de los comandantes Harris, Dautant y Soulin y a los hombres del gaucho Molina. Dos negros y el corsario Fiori, de origen Italiano, mueren durante estas acciones.

La población se prepara para resistir

Luego del choque en la desembocadura, y sin que se volvieran a producir nuevos enfrentamientos, el comandante de la "Chacabuco", capitán Jorge Santiago Bynon, es designado para ejecutar el plan defensivo.

No todos los vecinos están de acuerdo con la decisión adoptada por el jefe militar, el coronel Lacarra. Hay quienes opinan que el Fuerte no puede ser un punto de resistencia y aconsejan armar las naves corsarias para salir al encuentro de los agresores. 

El informe de Melchor Gutiérrez será decisivo. Adelantado con un puñado de hombres al escenario controlado por los brasileños, Gutiérrez examina el deplorable estado que presenta la Escuadra por el desconocimiento que sus jefes tenían del río. La suerte de la "Duquesa de Goyaz", que había varado el 28 de febrero en los bancos exteriores, era irremediable. El oleaje, y el insistente viento proveniente del mar la estaban demoliendo. A su vez, la "Itaparica" presentaba una encalladura en el estacionario. Estas novedades producen un giro en los planes: Bynon debe preparar una escuadra para pasar a la ofensiva y atacar la debilitada fuerza del comandante James Shepherd. Sin embargo, el desconcierto parece reinar entre los defensores. Algunos proponen, como el corsario Doutant, concentrar todas las fuerzas en Patagones y esperar a los brasileños. Otros, como Ambrosio Mitre - padre de Bartolomé Mitre -, no confían en la fortaleza de las instalaciones y son partidarios de atacar por el río con las naves corsarias.

Patagones no tiene un fondo estratégico para retirarse si el enemigo logra llegar al puerto. ¿Para dónde marchar? ¿Remontar el río con toda la población? ¿Internarse en el campo? ¿A quién acudir en caso de una retirada en pleno confín del mundo? No hay muchas salidas. Con el río bloqueado en poder de los invasores y a mil kilómetros de Buenos Aires, el pueblo debe tomar las armas para enfrentar al enemigo.



Felipe la Patria fue uno de los héroes del combate del 7 de marzo de 1827.
Murió a los 104 años en 1892.

Las acciones sobre la orilla de Viedma

Luego de permanecer un día en alta mar, la "Constancia" logra atravesar la barra con los sobrevivientes de la "Duquesa de Goyaz", la corbeta insignia de la expedición que se hundió en la desembocadura tras permanecer cinco días encallada en los bancos exteriores.

Sobrepasada en su tonelaje y con el peligro de varar en el estuario, el comandante de la "Constancia" decide un desembarco en inmediaciones de lo que hoy se conoce como el "Pescadero" para aligerar su carga y redistribuir a los náufragos en el resto de las naves.

El propósito de los invasores era desembarcar para marchar por tierra hasta la altura del estacionario donde estaba varada la "Itaparica" y el "Escudero". Pero un grupo de milicianos que tenían la misión de custodiar la margen sur los tomó por sorpresa. Los invasores abandonaron sus botes de desembarco y gran cantidad de pertrechos que inmediatamente fueron incendiados por los defensores.

Los milicianos de Olivera



Patagones, pese a los días que ya habían transcurrido desde que la Escuadra Imperial había hecho su aparición en la desembocadura, no terminaba de adoptar un plan para hacerles frente.

El 5 de marzo se decide convocar un Consejo de Guerra con el propósito de establecer un curso de acción definitivo. La Escuadra, reducida a la mitad de su poder original por el hundimiento de la "Duquesa de Goyaz" y el encallamiento de la "Itaparica", se había adelantado hasta la Estancia de Rial para aprovisionarse de víveres. Esta situación favorecía un ataque con los barcos corsarios aunque, de acuerdo con la opinión del práctico Guillermo White, la operación presentaba muchas dificultades por las características del río Negro.

Al tiempo que se cumplían distintas tareas en el Fuerte para protegerse de un posible ataque de la infantería brasileña y tomaban posiciones en el lugar los negros libertos del coronel Pereyra, la caballería, integrada por vecinos armados y los 22 "tragas" del gaucho Molina, eran adelantados a Laguna Grande - bajo las órdenes del subteniente Olivera -, con la misión de determinar la ubicación del enemigo y el posible escenario desde donde podrían consumar un desembarco.

La caballería tomó posiciones en el lugar en horas de la tarde, tras lo cual Olivera dispuso que un grupo de vecinos, a cargo de Cabrera, marche hacia el cerro de Pepe Rial para efectuar tareas de reconocimiento.

Alrededor de la diez de la noche del 6 de marzo, dos centinelas de este grupo avistan una división de infantes brasileños que había desembarcado más abajo de la estancia de Rial con la aparente intención de inspeccionar el terreno.

Frente a este cuadro de novedades Olivera decide que el Juez de Paz Alfaro marche hasta el Fuerte para transmitir la información y destaca a un nuevo grupo para que siga de cerca la acción del enemigo.

Por esas horas, el comandante de los invasores, James Shepherd, acababa de confirmar a sus oficiales la realización del plan que había articulado los días anteriores: avanzar por tierra durante toda la noche para sorprender a Patagones con las primeras luces del 7 de Marzo.

El triunfo

Alrededor de las dos de la mañana del 7 de marzo de 1827, las tropas brasileñas inician su marcha hacia El Carmen desde un punto ubicado a unos dieciocho kilómetros río abajo, al este del Cerro Dirección. La fuerza, compuesta por cuatrocientos efectivos y trece oficiales, fue conducida hasta el Cerro de la Caballada por un negro brasileño. El baqueano - que había vivido un tiempo en Patagones luego de ser tomado en una de las presas del corsario "Lavalleja" -, para eludir las zonas barrancosas y cortadas de la costa se internó por el monte cerrado, sometiendo a los invasores a una difícil travesía.

El calor sofocante y los terrenos arenosos de la ruta elegida, pronto comenzaron a minar la energía de los agresores que durante todo el trayecto estuvieron privados de agua y con el río demasiado lejos para obtenerla.

S.J.Bynon
A las cinco y media de la mañana, cuando ya el negro del "Lavalleja" había enfilado la columna hacia el Cerro de la Caballada, distante a unos cuatro kilómetros, los hombres del subteniente Olivera apostados en Laguna Grande se preparaban para una nueva vigilia.

Ninguno de los dos bandos sabía, obviamente, que estaban separados por apenas un kilómetro de monte y que en pocos minutos se trabarían en combate.

En esos momentos, Francisco Herrero y Domingo Miguel son mandados por Olivera a buscar unas reses para carnear y racionar a los milicianos. Se internan hacia el norte. A poco andar comprueban una infinita cantidad de huellas que delatan la presencia del enemigo. En menos de quince minutos están frente a Olivera con la novedad y toda la caballada, a brida suelta, sale en busca de la gloria.

Los brasileños, por su parte, ignoraban que los milicianos estaban alertados y empeñaron los últimos alientos para trepar por el cerro desde el que pensaban rendir sin mayor trámite al pueblo de Patagones.

En los pliegues del uniforme del capitán James Shepherd - uno de los primeros enemigos que cayó bajo el fuego de los defensores - se encontró una carta en la que requería la rendición: "Permaneced tranquilos en vuestros hogares; vuestras personas y propiedades serán respetadas, en caso de acceder a mi justa solicitud; pero en caso contrario incendiaré todas vuestras propiedades". Para su desazón, el comandante imperial comprobó que toda la población estaba en pie de guerra y que su demanda, en Patagones y Viedma, jamás encontraría destino. 

martes, 17 de diciembre de 2013

John William Cooke:legendario dirigente político

Nacio en la ciudad de La Plata en el año 1920, fue abogado, profesor de Economía Política especializado en monopolios, fue en 1946 diputado nacional en el Primer Gobierno de Peron, un orador impresionante con gran variedad dialectica,audaz, acido y sumamente inteligente; critica la obsecuencia de los "verticales" por lo cual es excluido de las listas para las elecciones de 1952. 
Con la aparición de la crisis económica de los últimos años del gobierno de Perón, y acercamiento que realiza este hacia los Estados Unidos, comienza a criticar la falta de una dirección revolucionaria dentro del movimiento peronista. 
Luego del golpe de 1955, Cooke es detenido junto a otros lideres peronista en la carcél de Usuahia, de donde escapará en una fuaga cinematografica hacia Chile, y por ordén de Perón, comienza a organizar la Resistencia contra la Dictadura de Aramburu y Rojas, COOKE fue el delegado del Gral Peron en la heroica resistencia peronista.-
Es de los primeros peronistas en apoyar la Revolución Cubana y en el año 1960 se instala en La Habana, se entrena y combate junto a las fuerzas revolucionarias.-
Mantiene reuniones y largas charlas con Ernesto Guevara y Fidel Castro .- Es unos de los principales organizadores de las primeras guerrillas argentinas a la que denomina "Uturuncos". 
Amigo y mentor de algunas acciones programaticas de Salvador Allende
Muere en el año 1968,el “gordo” Cooke fue leal a sus principios, un hobre honrado, digno,talentoso y por sobre todas las cosas fiel al gral Peron.-
Dentro de su ideario podemos mencionar:
Cooke concibe la liberación como una empresa humana consciente donde la negativa intransigencia a la absorción por el sistema importa la construcción contestataria de la iniciativa insurreccional qué solo consolidarse con la toma del poder. Al igual del Che, Cooke plantea que el factor subjetivo introducido en el proceso histórico se transforma en objetividad. Luego, no hay que esperar que las condiciones maduren, hay que crearlas. Reafirma la necesidad de una politica insurreccional de agitación, propaganda, huelga general revolucionaria, estructurando un frente amplio, global y diferenciado pensado como guerra del pueblo y con firme caracter de organización político-militar. 
Tiene clara la idea de la necesidad de un partido revolucionario. El partido deberá ser obrero, independiente y deferenciado del reformismo pactista donde aflore toda la potencialidad revolucionaria del peronismo. 
Una fuerte critica a la razón burocratica. 
Sus principales obras son :
La correspondencia Cooke-Perón.
Peronismo y Revolución
Apuntes para la militancia

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Arturo Jauretche: "EL PROFETA DE LO NUESTRO"

Arturo Martín Jauretche (Lincoln, provincia de Buenos Aires, 13 de noviembre de 1901 – Buenos Aires, 25
de mayo de 1974) fue un pensador, escritor y político argentino. Figura relevante de la Unión Cívica Radical y del peronismo a partir del llamado Dia de la Lealtad en el 17 de octubre de 1945.Después de pasar su niñez y adolescencia en Lincoln se trasladó a Buenos Aires. Simpatizó con el nuevo modelo de integración social promovido por la Unión Cívica Radical, afiliándose al partido en el bando de Hipólito Yrigoyen, los llamados radicales personalistas; fue importante en ello la influencia del poeta y compositor Homero Manzi, que veía en ello una nueva y beneficiosa política de inserción de las clases trabajadoras, con las que el origen rural de Jauretche le hacía simpatizar. De chico su lema fue ayudar a los pobres y a los barrios de clase baja para que pudieran formar parte de la política del país.
En 1928, cuando Yrigoyen asumió su segundo mandato tras el interludio del gobierno de Marcelo T. de Alvear, fue nombrado funcionario, aunque sólo brevemente; dos años más tarde, el ejército promovería el primer golpe de estado de la época constitucional en Argentina, dando inicio a la llamada Década Infame. Jauretche combatió con las armas a los insurrectos, y luego desarrolló una intensa actividad política contra éstos. En 1933, en Corrientes, tomó parte en el alzamiento de los coroneles Roberto Bosch y Gregorio Pomar, quienes no habían participado de la revolución del 6 de septiembre de 1930.
Tras la derrota del alzamiento, fue encarcelado; en prisión escribiría su versión de los episodios en forma de poema gauchesco, al que tituló El Paso de los Libres. La publicaría en 1934 con prólogo de Jorge Luis Borges, de quien sin embargo lo separarían cada vez más marcadamente cuestiones de política social y cultural.El conflicto de Jauretche con la línea dirigente del radicalismo, encabezada por Alvear, no tardó en profundizarse; cuando este último decidió en 1939 levantar la decisión de no presentarse a elecciones para mostrar el desacuerdo del partido con el régimen imperante, un importante grupo de la izquierda del radicalismo decidió formar una agrupación disidente. Junto con Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ortiz Pereyra y otros fundó FORJA (acrónimo de Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), que desarrollaría los lineamientos del nacionalismo democrático, opuesto a la vez al nacionalismo conservador de los sectores reaccionarios y a la política liberalizadora del gobierno de Agustín P. Justo. Marginados de la esfera política partidaria, los actos de FORJA se realizaron sobre todo a través de manifestaciones callejeras y publicaciones de edición propia (los conocidos como Cuadernos de FORJA).
En ellos criticaban las medidas del gobierno, a partir del pacto Roca-Runciman, y argumentaban que el Banco Central había sido fundado para que los hombres de la finanzas ingleses controlaran el sistema monetario y financiero argentino, que se había conformado la Corporación del Transporte para que los ferrocarriles británicos no tuvieran competencia, que no convenía la ruptura de relaciones con la Unión Soviética, pues ésta podía significar un importante comprador de los productos agropecuarios argentinos. Con respecto a la política interior, aducían que el gobierno de Justo intervenía las provincias donde ganaban partidos opositores al gobierno, y que el salario y la desocupación habían empeorado. Uno de sus principios incondicionales era el mantenimiento de la neutralidad argentina ante la próxima Segunda Guerra Mundial, siendo el único partido que lo apoyaba.
Hacia 1940 Jauretche rompió con Dellepiane y del Mazo, que se reincorporaron a la línea oficial de la UCR. FORJA se radicalizó así, dando lugar a elementos más nacionalistas. Raúl Scalabrini Ortiz, siempre próximo al ideario del movimiento, se afilió a él, formando junto con Jauretche la dupla dirigente. Se apartaría nuevamente hacia 1943, dejando a Jauretche en solitario al frente. Su oposición al gobierno de Ramón Castillo fue vehemente, y aunque se mostró escéptico ante las intenciones de los militares que lo derrocaron, su firme posición de neutralidad frente a la Segunda Guerra Mundial hizo que saludara al gobierno de Pedro Pablo Ramírez con simpatía, y cuando el Grupo de Oficiales Unidos derrocó a su vez a Ramírez por ceder a las presiones estadounidenses y romper relaciones con el Eje, Jauretche se mostró próximo al ascendente coronel Juan Domingo Perón, Secretario de Trabajo y Previsión.
Aunque siempre crítico, adhirió al peronismo desde el 17 de octubre de 1945. Apoyado por Domingo Mercante, gobernador de la provincia de Buenos Aires, y próximo al programa económico de Miguel Miranda, que promovía un proyecto de industrialización acelerada fomentado por el estado, con la idea de emplear los excelentes réditos del modelo agroexportador durante la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial para transformar el perfil productivo del país, fue nombrado presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires en 1946, cargo desde el cual desarrolló una política crediticia generosa con los proyectos de industrialización y que ocuparía hasta 1951 en que fue despedido cuando la Comisión Visca supo que el Banco había otorgado un crédito de 216 millones de pesos a La Prensa para comprar una rotativa.
Producida la Revolución Libertadora que derrocó al presidente Juan Domingo Perón, su sobrino Ernesto Jauretche rememoró que al saber la huida de Perón estaba furioso y vociferaba: "¡Hijo de puta, cobarde de mierda, nos deja solos.
No volvería a aparecer públicamente hasta que en 1955 la Revolución Libertadora derrocara a Perón; exento de las persecuciones políticas por haber estado apartado del gobierno en los últimos años, fundó el semanario El '45 para defender lo que consideraba los 10 años de gobierno popular, criticando duramente la acción política, económica y social del régimen de facto, pero fue clausurado al tercer número. Colaboró en los Semanarios "Azul y Blanco" y "Segunda República" (entre 1955-70). En 1956 publicaría el ensayo El Plan Prebisch: retorno al coloniaje, criticando el informe que Raúl Prebisch, secretario de la Comisión Económica para América Latina (C.E.P.A.L.), había hecho a pedido del régimen de Pedro Eugenio Aramburu. La dureza de su oposición le valdría la persecución política y el exilio en Montevideo.
Desde el extranjero publicó en 1957 Los profetas del odio, un polémico estudio sobre las relaciones de clase en Argentina a partir del ascenso del peronismo en el cual criticaba varias aproximaciones a la historia política argentina que gozaban de considerable ascendiente, en especial la de Ezequiel Martínez Estrada. Estrada, autor de análisis bio-sociológicos en su premiada Radiografía de la pampa de la década del '30 —que, en la línea del Facundo sarmientino, sugería que la geografía argentina imponía a sus habitantes una vida inconexa con el flujo histórico—, había publicado con el título de ¿Qué es esto? un análisis demoledor del peronismo, en el que calificaba a Perón de encantador de serpientes, y sostenía que el modelo político del peronismo había instigado las "bajas pasiones populares", la venalidad y la "pornocracia". Jaureteche interpretó estas alusiones como expresiones de los prejuicios de la clase media intelectual, irritada por la irrupción de actores novedosos en un ambiente político que había sido exclusivo de la burguesía desde la generación del '80; aunque los intereses materiales de esta clase estuviesen ligados al desarrollo de una densa capa de consumidores, sus hábitos le imponían una espontánea reticencia —casi racista; la asimilación de la tilinguería con el racismo es explícita en su obra— hacia los hábitos de las clases populares, una "miopía" que Jauretche criticaría reiteradamente en sus sucesivas obras. También contra la representación que la clase media hacía de la organización peronista como motivada por el "resentimiento" contra los más pudientes se quejaba en una amistosa carta al científico y escritor Ernesto Sabato, en la que afirmaba
Lo que movilizó las masas hacia Perón no fue el resentimiento, fue la esperanza. Recuerde usted aquellas multitudes de octubre del '45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en la Plaza de Mayo, provocando la indignación de la señora de Oyuela, rodeada de artefactos sanitarios. Recuerde esas multitudes, aún en circunstancias trágicas y las recordará siempre cantando en coro —cosa absolutamente inusitada entre nosotros— y tan cantores todavía, que les han tenido que prohibir el canto por decreto-ley. No eran resentidos. Eran criollos alegres porque podían tirar las alpargatas para comprar zapatos y hasta libros, discos fonográficos, veranear, concurrir a los restaurantes, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a formas de vida "occidentales" que hasta entonces les habían sido negadas.
Jauretche, Los profetas del odio
La propuesta de Jauretche era de integración, en la medida en que los intereses comunes de burguesía y proletariado están en el desarrollo de una sólida economía nacional. Esta posición, difícil de reconciliar con el populismo peronista, le granjeó a la vez la enemistad de los liberales y la de la dirigencia del justicialismo; el mismo Perón lo detestaba con cordialidad. En Los profetas del odio esbozaría por primera vez su representación de lo que entendía como la principal oposición al desarrollo nacional, la intelligentsia liberal y cosmopolita, que fascinada con la cultura europea intentaría aplicarla acríticamente a la situación argentina, sin ser consciente de las diferencias históricas y de las distintas posiciones en la articulación internacional de la economía que los continentes ocupan.
El naciente revisionismo histórico se aliaría en la obra de Jauretche con su interpretación de la realidad contemporánea. Aunque autores revisionistas venían propugnando una reinterpretación de la historia argentina —criticando la visión canónica, consagrada sobre todo por Bartolomé Mitre y Sarmiento, que había representado el desarrollo nacional en términos de la oposición entre civilización y barbarie— ya desde la década del '30, no sería hasta que la Revolución Libertadora identificara explícitamente a Perón con Juan Manuel de Rosas que la misma comenzaría a cobrar fuerza. Así como los partidarios de Aramburu habían identificado el golpe contra Perón como "un nuevo Caseros", los historiadores revisionistas recogerían el guante, pero viendo en Caseros el comienzo de un fracaso histórico, que el gobierno de Rosas habría mantenido a raya sintetizando en la medida de lo posible los intereses de las distintas clases:
La Línea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las analogías que establecen entre el pasado y el presente la comprensión histórica (...) ¡Flor de revisionistas estos Libertadores! Así bastó que nos demostrasen que esto era el nuevo Caseros, para que mis paisanos se dieran cuenta, una vez por todas, de lo que fue el otro. Y una dosis un poco masiva de cipayismo para que mis paisanos se anoticiaran definitivamente de lo que significaron las tropas brasileñas desfilando a la vanguardia —más visibles pero menos ruidosas que las espoletas— del otro ejército libertador.
Jauretche, Aprendamos a leer los diarios
La obra de Jauretche —y la intelectualidad forjista en general— fue uno de los ejes claves para la transformación del revisionismo histórico, que de aliarse con el nacionalismo de cuño aristocrático y criollista en las décadas precedentes —cuando la identidad nacional se construía en la oposición simultánea al capital británico y a la inmigración europea, repudiada por la base liberal de la política que le había abierto las puertas del país— pasó a repensarse como expresión de lo popular en sentido amplio, integrando las protestas del movimiento obrero a la tradición montonera. En el gobierno de Perón consideraciones pragmáticas habían detenido el replanteo, preconizado por José María Rosa y otros precursores; caído éste, la politización de la interpretación histórica se haría patente, siguiendo el curso marcado por la profunda radicalización política y cultural de la época.
En 1959 Jauretche publicó Política Nacional y Revisionismo Histórico, donde elaboró su propia posición en el seno de una corriente revisionista profundamente dividida, tanto con respecto a su relación con las bases que lo habían hecho posible en las décadas precedentes como con respecto a las cuestiones propiamente históricas. En esa obra hacía una balance relativamente generoso de la figura de Rosas, a la que consideraba la "síntesis posible" de la situación de la época, y relativamente crítico de los caudillos federales del interior; con ello marcaba su diferencia con la postura de Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós o Rodolfo Ortega Peña, que expresaban a la vez una crítica del rosismo —entendido como una versión atenuada del centralismo del puerto— y un fuerte temor a la raigambre atávica del nacionalismo tradicionalista, en el que veían no pocos rasgos del fascismo. En la división entre revisionistas y críticos del revisionismo, que en buena medida fue transversal a la de izquierda y derecha, Jauretche adoptó decididamente la primera vertiente.
Mientras tanto, y abogando por cualquier medio que permitiera interrumpir la continuidad de la Revolución Libertadora, siguió la línea de Perón, en el marco del acuerdo general del peronismo con la Unión Cívica Radical Intransigente, al propiciar el voto a Arturo Frondizi. Durante la presidencia de Frondizi fue, sin embargo, sumamente crítico con su programa desarrollista y con su impulso a la inversión extranjera, especialmente en materia petrolífera, en conjunto con la ruptura del acuerdo hecho con Perón por el cual bajo su gobierno se garantizaría el levantamiento de la proscripción que se le mantenía desde la Revolución Libertadora. Al no respetarse esto, en 1961 se postuló a senador nacional, en una reñida elección en la que varios candidatos se dividieron los votos del peronismo, consagrándose finalmente el socialista Alfredo Palacios. En la cultura general la banda de rock Los Piojos le escribió un tema llamado San Jauretche, que habla de la sociedad argentina y como la había explicado Arturo Jauretche.
El agotamiento de sus posibilidades políticas indujo a Jaureteche a retomar la pluma, que se caracterizó por su contenido populista; en la década del '60 publicaría con frecuencia e intensidad, tanto en revistas y periódicos como en volúmenes de ensayo que resultarán grandes éxitos de público. En 1962 apareció Forja y la Década Infame, dos años más tarde Filo, contrafilo y punta, y en 1966 El medio pelo en la sociedad argentina, una punzante interpelación a la clase media que tiene inmediata repercusión. Su afinidad con la CGT de los Argentinos lo lleva a sumarse a la Comisión de Afirmación Nacional de la Central.
En 1968 publica su Manual de zonceras argentinas, un listado de ideas negativas sobre su propio país que generalmente tienen los argentinos. Éstas, afirmaba, serían introducidas en la conciencia de todos los ciudadanos desde la educación primaria y sostenidas posteriormente por medio de la prensa. Frases como la sarmientina El mal que aqueja a la Argentina es la extensión, más la dicotomía "civilización o barbarie" (según Jauretche, la madre que las parió a todas las zonceras) y similares, según Jauretche, llevan a la limitación de las posibilidades de la Argentina de realizarse en forma autónoma.
En 1972 publica De memoria. Pantalones cortos. Era el primer tomo de una trilogía que debía rescatar los recuerdos de su vida y las enseñanzas políticas y nacionales que ésta la fue dejando. Este primer tomo, que reúne sus recuerdos de infancia en Lincoln, provincia de Buenos Aires, fue el único que publicó. La muerte le impidió publicar sus continuaciones.
Sobre su capacidad de crear o adaptar términos para definir actitudes políticas, él mismo escribió sobre las palabras cipayo, oligarca y vendepatria:
“Creo haber sido el inventor de la palabra ‘vendepatria’ o por lo menos de su divulgación inicial, desde el semanario Señales. El uso de la expresión ‘oligarquía’ en la acepción hoy popular, así como las expresiones vendepatria y cipayo, las popularicé desde el periódico Señales y en otros de vida efímera en los años posteriores a la revolución de 1930.”

miércoles, 30 de octubre de 2013

Vida y obra de Alfonsín, el presidente de la democracia.

Raúl Ricardo Alfonsín nació el 12 de marzo de 1927 en la localidad bonaerense de Chascomús, como el
mayor de los seis hijos de Raúl Serafín, un comerciante minorista de orígen español, y de Ana María Foulkes, descendiente de alemanes. Estudió en la Escuela Normal Regional de Chascomús y en el Liceo Militar General San Martín, donde tuvo como compañeros de clase a los futuros dictadores Jorge Rafael Videla y Leopoldo Fortunato Galtieri.

En 1949 se casó con María Lorenza Barreneche, con quien luego tendría seis hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, Marcela, María Inés y Javier Ignacio. Al año siguiente, en 1950, se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata. Fue el mismo año en el que comenzó a militar en el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. 

Sobre el ocaso del primer gobierno peronista, en 1954, fue electo concejal por Chascomús, pero al año siguiente lo metió preso la Revolución Libertadora. Durante los mandatos de los presidentes radicales Arturo Frondizi y Arturo Umberto Illia pasó primero de diputado provincial, a diputado nacional, a Vicepresidente de bloque y terminó presidiendo el Comité bonaerense de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Por reabrir el comité provincial en 1966, en plena dictadura de Juan Carlos Onganía, estuvo preso un breve tiempo.

Sin embargo, sólo comenzó a destacarse en política a principios de los '70, cuando creó el Movimiento de Renovación y Cambio. Se trataba una línea del radicalismo apoyada por la militancia universitaria, con una propuesta socialdemocráta, nacional y popular, pero alejada del peronismo y de la violencia política. Allí conoció a muchos radicales que luego serían célebres, como Federico Storani, Leopoldo Moreau y Enrique "Coti" Nosiglia.

Alfonsín perdió la interna con Ricardo Balbín, aunque consiguió la banca de diputado una vez más en 1973. Con el aumento de la violencia del gobierno de Perón e Isabel, fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde allí, en su rol de abogado, defendió a opositores políticos perseguidos y presentó habeas corpus por los desaparecidos, lo que implicaba poner en riesgo su propia vida.

También fue uno de los pocos que se opuso a la Guerra de Malvinas que marcó el principio del fin de la última dictadura militar, lo cual comenzó a cimentar su popularidad: Alfonsín arrasó primero en la interna contra Fernando De la Rua, y el 30 de octubre de 1983 se impuso al candidato peronista Ítalo Luder con el 51,7% de los votos contra el 40% del PJ.

Ni bien comenzó su gobierno, como había prometido en campaña, anuló la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) a fin de investigar los crímenes cometidos por las tres juntas de la dictadura. En 1984 se publicó Nunca Más, el informe de dicha investigación, y a fines del año siguiente se condenó a cinco mandatarios militares a penas que iban de cuatro años a la reclusión perpetua.

Lo que fue en un principio la principal fortaleza de su gestión, terminaría siendo su mayor debilidad. La amenaza de golpe de estado de los militares era constante y lo obligó a firmar la ley de Punto Final, pero no fue suficiente: ante el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987 se vio sin apoyo militar alguno, y para evitar una guerra civil debió promover la ley de Obediencia Debida. Fue el "Felices Pascuas" y el comienzo del declive de su gobierno.

Sin embargo, fue la economía que terminó de sepultar a Alfonsín. Los buenos comienzos del Plan Austral quedaron opacados por la creciente inflación y la falta de fondos estatales. La oposición del peronismo y del propio radicalismo le impidió emprender las privatizaciones que luego se harían en los '90.

El Plan Primavera fue un último manotazo de ahogado que terminó hundido entre la hiperinflación, la corrida contra el dólar, el aumento de la pobreza y los saqueos. Las elecciones presidenciales se adelantaron al 14 de mayo de 1989 y Alfonsín renunció antes de tiempo, el 9 de julio, para ceder lugar al ganador Carlos Saúl Menem. 

La debilidad electoral del radicalismo lo obligó a acordar el Pacto de Olivos con Menem, que permitió la reforma constitucional de 1994 y la posterior reelección presidencial. Para enfrentar la creciente popularidad del menemismo fue el principal impulsor de la Alianza entre la UCR y el FREPASO. Si bien al principio apoyó la unidad del gobierno de De la Rua, se fue distanciando a medida que entraba en el caos de 2001. Ese mismo año fue electo senador por la provincia de Buenos Aires, y votó la presidencia provisional de Eduardo Duhalde.

Desde entonces se dedicó a preservar su salud (sufrió un accidente automovilístico en 1999) y a bregar por la reconstrucción del radicalismo. Fue el protagonista principal del  25º aniversario del retorno a la democracia, una palabra que  ya no se puede separar de su nombre. Queda como parte de su herencia, al igual que el juicio a las juntas, la ley de divorcio vincular o el reconocimiento de la deuda externa.
Falleció a los 82 años, el 31 de marzo de 2009, debido a un cáncer de pulmón y luego que su salud se viera agravada, en sus últimos días, por una neumonía broncoaspirativa.

El Gobierno de Argentina decretó tres días de duelo nacional por el fallecimiento y sus restos fueron velados desde primeras horas del 1 de abril de 2009 en el Salón Azul del Congreso Nacional al que concurrieron además de autoridades y políticos de distintos partidos un número aproximado de 80.000 personas que debió esperar en fila entre cinco y seis horas. Entre las autoridades políticas que participaron del acto se encontraban los ex presidentes Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Fernando De la Rúa y Néstor Kirchner; la presidenta Cristina Fernández no pudo estar presente por encontrarse en la Cumbre del G-20 de Londres.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Coronel Don Martiniano Chilavert:Una vida ejemplar y una muerte honorable...

El coronel Martiniano Chilavert, héroe de Ituzaingó, prestó servicio bastantes años en el Partido Unitario al mando del General Juan Lavalle y sus aliados Colorados en Montevideo. Durante mucho tiempo estuvo haciéndole la guerra al Partido Federal y a su jefe Rosas cuando realmente cayó en si que no estaba atacando a un partido sino a la Confederación Argentina.

Lo refutan estas palabras de Chilavert a Fructuoso Rivera, jefe del Partido Colorado aliado de Lavalle:
“Hace tiempo que veo que la guerra que Ud. hace no es a Rosas sino a la República Argentina, ya que su lucha es una cadena de coaliciones con el extranjero. De resultas de ello Argentina ha sido ultrajada en su soberanía, favoreciendo esto a Rosas ya que la opinión pública ve amenazada la Patria”.

En estos tiempos Chilavert se enteró del combate de la Vuelta de Obligado, en la cual la Confederación Argentina se impuso ante una flota coligada franco británica que atacó el territorio argentino. Así fue que, aunque opositor político decidido de Juan Manuel de Rosas en abril de 1846 le ofreció humildemente sus servicios, “por ser opuesto a mis principios combatir contra mi país unido a fuerzas extranjeras, sea cual fuera la naturaleza del gobierno que lo rige”.

En mayo escribió, al general federal-oriental aliado de Rosas, Manuel Oribe:
“El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones. Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante un solo deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia y de gloria para ella.”… En esto también, Chilavert compartía las ideas de su formador y líder el general Don José de San Martín.

Chilavert privilegiaba la defensa de la Patria más allá de los intereses de facción. El 11 de mayo del año 1846, Chilavert se dirigía desde San Lorenzo (Río Grande) al general Oribe, pidiendo el honor de servir a su patria, en los términos siguientes:
“En todas las posiciones en que el destino me ha colocado, el amor a mi país ha sido el sentimiento más enérgico de mi corazón. Su honor y su dignidad me merecen religioso respeto. Considero el más espantoso crimen llevar contra él las armas del extranjero. Vergüenza y oprobio recogerá el que así proceda; y en su conciencia llevará eternamente un acusador implacable que sin cesar le repetirá: traidor! traidor! Traidor!”

“Conducido por estas convicciones me reputé desligado del partido al que servía, tan luego como la intervención binaria de la Inglaterra y de la Francia se realizó en los negocios del Plata… Me impuse de las ultrajantes condiciones a que pretenden sujetar a mi país los poderosos interventores, y del modo inicuo como se había tomado su escuadra. Ví también propagadas doctrinas a las que deben sacrificarse el honor y el porvenir de mi país. La disolución misma de su nacionalidad se establece como principio. El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones. Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante un solo deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia y de gloria para ella.”

“Todos los recuerdos de nuestra inmortal revolución, en que fui formado, se agolpan. Si, es mi patria… anunciándose al mundo por esta verdad: existo por mi propia fuerza. Irritada ahora por injustas ofensas acredita que podrá quizás ser vencida, pero que dejará por trofeos una tumba, flotando en un océano de sangre y alumbrada por las llamas de sus Lares incendiados.”

Al recibir su despacho de Coronel de Artillería de la Confederación, expresó:
“Lo felicito por su heroica resolución, y oro por la conservación del gobierno que tan dignamente la representa, y para que lo colme del espíritu de sabiduría. Al ofrecer al gobierno de mi país mis débiles servicios por la benévola mediación de V.E., nada me reservo. Lo único que pido es que se me conceda el más completo y silencioso olvido sobre lo pasado.”

A comienzos de 1847 regresó a Buenos Aires y se dedicó a reorganizar el cuerpo de artillería. Por supuesto, los unitarios lo llamarían traidor. En cartas a Juan Bautista Alberdi y otros prohombres de la oposición, se defendió con energía; pero no pudo convencerlos de seguirlo.

En 1851 tenía el comando del Regimiento de artillería ligera. En octubre de ese año, con muchos otros jefes, reiteró su adhesión al Gobierno, amenazado por el pronunciamiento de Urquiza.

Organizado el ejército federal por Ángel Pacheco, Chilavert tomó el mando en jefe de la artillería. Integró la famosa junta de guerra que reunió a los jefes federales la noche anterior a Caseros en donde reclamó la batalla contra el invasor, diciendo, que él no sabría dónde ocultar su espada si había de envainarla sin combatir con el enemigo que estaba enfrente y que en cuanto a él, acompañaría al gobierno de su patria hasta el último instante, porque así era cien veces gloriosa para él la muerte al pie de sus cañones combatiendo.

Cuando Rosas se enteró de lo que había acaecido en aquella junta de guerra, le tendió la mano al bravo coronel y le dijo:
“Coronel Chilavert, es Ud. un patriota; esta batalla será decisiva para todos. Urquiza, yo, o cualquier otro que prevalezca, deberá trabajar inmediatamente la Constitución Nacional sobre las bases existentes. Nuestro verdadero enemigo es Brasil, porque es un imperio.”

Chilavert propuso un plan de batalla, pero fue desoído. Ubicó su artillería en el palomar de Caseros donde emplazó treinta cañones que apuntaban directamente a las fuerzas brasileñas a las que le provocó numerosas bajas (Tanto es así, que el nombre de la batalla fue designado para homenajear a los invasores brasileños, ya que los jefes de ambos ejércitos -Rosas y Urquiza- se enfrentaron en Morón, así debió llamarse esa batalla).

En el conflicto que enfrentó a Rosas con Justo José de Urquiza y el Imperio del Brasil, dirigió todas las fuerzas de artillería de la Confederación en la batalla de Caseros. El historiador Adolfo Saldías así relata este hecho épico: “Haciendo fuego contra el grueso de las tropas invasoras brasileñas hasta agotar la munición. La última resistencia fue la de la artillería de Chilavert y la infantería de Díaz (también de origen unitario). Como se agotaron las municiones, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar… y así terminó la batalla.”

Con tan sólo 300 artilleros soportó por todo el tiempo que duró la arremetida de casi 12.000 brasileños, hasta que la impresionante superioridad numérica y el agotamiento de las municiones rindieron al bravo coronel.

Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del último cañón, que él mismo disparó. Al ser tomado prisionero por el capitán de infantería José María Alaman, éste le tomó de la rienda el caballo que aquél montaba, Chilavert le apuntó con su pistola y le dijo: “Si me toca , señor oficial, le levanto la tapa de los sesos, pues yo lo que busco es un oficial superior a quien entregar mis armas”.

Poco después llegó el coronel Cayetano Virasoro, entonces al verlo de poncho de vicuña, Chilavert le expresó:“Señor comandante o coronel, me tiene Ud. a su disposición, previniéndole que sufro de hemorroides y antes de quitarme el caballo, hágame pegar cuatro tiros porque no puedo caminar.” No obstante esto, y contra la voluntad de Virasoro, Chilavert por expresa orden de Urquiza debió hacer una parte del trayecto a pie.

Desde el campo de Caseros fue conducido a Palermo, donde Urquiza había instalado su cuartel general, allí fue reconvenido por Urquiza por su “defección” del bando unitario, a lo que Chilavert respondió “Mil veces lo volvería a hacer”, lo que desató la ira de Urquiza que le espetó “vaya nomás…” y ordenó que se le pegaran cuatro tiros por la espalda, ejecución infamante que a modo de castigo se le propinaba a los cobardes y a los traidores.

El sargento mayor Modesto Rolón afirmó: “Recuerdo que el hombre iba con toda tranquilidad, pues lo llevaba a mi lado. Al llegar al paraje designado, le comuniqué la tremenda orden que portaba. Está bien, me contestó, permítame señor oficial, reconciliarme con Dios -y dio unos cuantos pasos rezando en voz baja- hasta que pasados algunos segundos dijo: estoy pronto, señor oficial, sacó su reloj y pidió lo entregasen a su hijo; se quitó asimismo su pequeño tirador y arrojándolo al suelo, manifestó que había en él algunos cigarros y un poco de dinero. También regaló a los soldados su poncho y sombrero, pidiéndoles no le destrozaran la cabeza.”

Llevado al paredón y cuando un oficial quiso ponerlo de espaldas para cumplir las órdenes de Urquiza, lo rechazó de un violento bofetón y luego mirando fijamente al pelotón les gritó: “tirad, tirad aquí, que así mueren los hombres como yo!”.

El pelotón bajo sus armas. El oficial los contuvo. Sonó un tiro y Chilavert tambaleó y su rostro se cubrió de sangre, pero manteniéndose de pie les repitió a los gritos: “tirad, tirad al pecho!”. El oficial y sus soldados quisieron asegurar a la víctima y se produjo una lucha salvaje, espantosa: las bayonetas, las culatas y la espada fueron los instrumentos de martirio que finalmente vencieron a aquel león. Envuelto en su sangre, con la cabeza partida de un hachazo y todo su cuerpo convulsionado por la agonía, hizo aún ademán de llevarse la mano al pecho.

Esto sucedió el 4 de febrero de 1852, al otro día de la batalla de Caseros y desmentían groseramente la frase de “Ni vencedores ni vencidos” que tan mendazmente había proclamado Urquiza, quien no ahorró sangre de los vencidos y vayan como ejemplo los ahorcados de la división de Aquino; (Esta división estaba compuesta de más de 800 hombres que pertenecían al ejército federal de Manuel Oribe y que al ser derrotado éste, fueron incorporados por Urquiza, de manera forzada al llamado “Ejército Grande”. Los levados al arribar a suelo argentino se sublevaron dando muerte al Cnl Pedro León Aquino, que los comandaba por imposición de Urquiza, y fueron a Luján a reunirse con sus camaradas federales.

Chilavert fue fusilado por un pelotón del batallón mandado por el coronel Cayetano Virasoro. El anciano Francisco Castellote y su hijo Pedro, padre y hermano políticos de Chilavert, fueron a implorar a Urquiza la vida del sentenciado a muerte, pero Urquiza fue insensible al dolor, inclusive le negó cristiana sepultura exponiendo sus restos a la descomposición de su carne, sólo después de unos días les entregó el cadáver destrozado del heroico artillero.

Martiniano Chilavert fue un paradigma de héroe porque a su coraje personal (indispensable en esos tiempos) unió un talento y una preparación profesional y científica que lo convirtió en un artillero de excepción en una época en que no abundaban quienes se dedicaran a menesteres tan complejos. Sin embargo, la historia “oficial” o liberal, como quiera llamarse, puso en práctica su remanido y deleznable método de borrar de sus anales la memoria del héroe ya que para ellos Chilavert “sacó los pies del plato”… y todo porque tuvo la dignidad suficiente para no actuar como un traidor a su Patria.

Actualmente sus restos descansan en el cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires, en una bóveda de la familia del coronel Argüello.