lunes, 9 de mayo de 2016

11 de Mayo Día del Himno Nacional Argentino

El 11 de mayo de 1813 la Asamblea del Año XIII sancionó como Himno Nacional Argentino la canción patriótica compuesta con versos de Vicente López y Planes y música de Blas Parera.
Originalmente fue denominado Marcha patriótica, luego Canción patriótica nacional, y posteriormente Canción patriótica, una publicación en 1847 lo llamó “Himno Nacional Argentino”, nombre que ha conservado hasta la actualidad. La versión original del himno dura 20 minutos y en 1924 fue abreviado a entre 3 minutos 30 segundos y 3 minutos 53 segundos.
En algunas publicaciones extranjeras aparece erróneamente bajo el nombre de ¡Oíd, mortales!, que son las primeras palabras de la canción. La forma de ejecución y el texto están establecidas en el decreto 10.302 de 1944.
La tradición cuenta que el Himno fue ejecutado por vez primera en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, dama de la sociedad porteña de la época, y cuya escena reproduce un cuadro de B. Subercasseaux, en el Museo Histórico Nacional.
En el Archivo Histórico Nacional se exhibe el cofre que guarda la versión oficial de la letra del Himno Nacional.
En la Plaza Vicente López de Buenos Aires se encuentra emplazada la estatua del poeta.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Hace 223 años nacía Juan Manuel de Rosas

Gobernador de Buenos Aires (1829-1832; 1835-1852).
Lideró todas las provincias en ese período y dio su nombre a esa época de la historia Argentina de la cual fue símbolo.
Nació en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793, de padres pertenecientes a familias de ricos y poderosos terratenientes.
Se crió en una estancia de la familia cerca del Salado, ingresó en la escuela de Francisco Javier Argerich en Buenos Aires a la edad de ocho años.
Interrumpió sus estudios para formar la compañía de niños para luchar contra las invasiones inglesas de 1806/7
Cuando tuvo que elegir entre regresar a la escuela o ir a la estancia de la familia en Rincón de López (donde los indios habían matado a su abuelo en 1783), se decidió por lo último, afirmando que lo único que quería en la vida era ser estanciero.
Permaneció allí durante los años plenos de acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo; fue administrador de esa estancia en 1811 y al poco tiempo demostró poder desempeñar con habilidad tanto las tareas del gaucho como las del control y comercialización.
En 1820, se casó con Encarnación de Ezcurra.
Se enfrentó con sus padres por una cuestión de honor relacionada con su administración de la estancia de la familia, cambió y simplificó el nombre de Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas por el de Juan Manuel de Rosas y comenzó su exitosa carrera como estanciero independiente.
Se asoció con Juan Terrero para establecer un saladero, Las Higueritas, cerca de Quilmes; cuando el gobierno lo clausuró, compraron una estancia y comenzaron uno nuevo. Luego fundaron Los Cerrillos sobre el río Salado cerca de la frontera con los indios.
Su primera actuación oficial fue en 1818 a pedido del Director Supremo Pueyrredón para que asumiera la responsabilidad de defender la frontera sur de los ataques de los indios.
Logró resolver los problemas por medio de tratados con los caciques indios a quienes conocía bien. Al año siguiente envió al gobierno un plan para el desarrollo, la vigilancia y la defensa de las pampas más remotas, anticipando en sesenta años la Conquista del Desierto.

Se unió al ejército de Rodríguez en Buenos Aires para luchar, con Manuel Dorrego, en la campaña contra José Miguel Carrera, Carlos M. de Alvear y Estanislao López en su oposición al gobierno de Buenos Aires.
Renunció al ejército con el rango de coronel; regresó a Los Cerrillos y la vida de campo.
Continuó preparado, con sus gauchos y peones armados, para proteger la frontera contra el ataque de los indios, instaló fuertes a lo largo de la nueva línea de frontera e hizo nuevos acuerdos con los indios, pero Rivadavia (entonces presidente) se negó a aceptar las condiciones de Rosas.
Los indios renovaron sus ataques y Rosas, que tenía su estancia en la frontera, se convirtió en un poderoso opositor de Rivadavia. Para ese entonces se había hecho federal, opuesto violentamente a los unitarios, dirigidos por Rivadavia.
Después de la renuncia de Rivadavia (1827), Rosas fue designado comandante de la milicia con órdenes de lograr la paz con los indios y de establecer un pueblo en Bahía Blanca. Realizó con éxito ambos cometidos. Cuando el unitario Lavalle destituyó del cargo de gobernador de Buenos Aires a Dorrego en 1828, Rosas dirigió sus propios hombres contra aquél, se unió a Estanislao López de Santa Fe para derrotar a Lavalle en Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829, y en julio Lavalle y Rosas firmaron una tregua.
El 6 de diciembre de 1829, Rosas fue nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios; desde entonces hasta febrero de 1852 -con la excepción del corto período desde 1832 hasta 1835- dominó no sólo Buenos Aires, sino también las provincias.
Rosas designó un gabinete capaz, incluyendo a Tomás Guido como ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, Manuel J. García como ministro de Hacienda y Juan Ramón Balcarce como ministro de Guerra y Marina; una de sus primeras acciones fue celebrar un solemne funeral por Dorrego, ejecutado por Lavalle el año anterior; luego confiscó las propiedades de aquellos que habían intervenido en la revolución del 1º de diciembre de 1828, que había derrocado al gobierno de Dorrego; utilizó estos fondos para recompensar a los veteranos de su ejército restaurador y a los agricultores y peones que hablan sufrido grandes pérdidas en la lucha.
Rosas, que creía firmemente que una reorganización nacional constitucional era prematura en ese momento, retiró el apoyo de Buenos Aires; el 5 de diciembre de 1832, fue reelecto gobernador pero no aceptó el cargo, a pesar de las súplicas del pueblo, porque no se le otorgaban poderes extraordinarios. Juan Ramón Balcarce asumió la gobernación de Buenos Aires pero comenzaron a surgir desavenencias entre sus partidarios y los de Rosas; destituido por Rosas en la "Revolución de los Restauradores", lo siguió Juan José Viamonte (1833-1834); mientras tanto, Rosas había ido al sur de la provincia para dirigir las fuerzas expedicionarias hacia el corazón del territorio al sudoeste, oeste y noroeste de Buenos Aires.
Una sequía de tres años había sido desastrosa para la pastura del ganado y era esencial conseguir nuevas tierras; con casi dos mil hombres, Rosas empujó a los indios más hacia el sur, abriendo nuevas tierras, destruyendo tribus de importantes caciques que habían atacado los pueblos de Buenos Aires, matando o capturando a miles de indios, rescatando unos dos mil cautivos de ellos y explorando los cursos de los ríos Neuquén, Limay y Negro hasta el pie de los Andes.
Finalmente, firmó la paz con los indios, prometiéndoles la comida necesaria a cambio de su rendición y otras concesiones; esta paz duró veinte años; a su regreso a Buenos Aires, se lo aclamó con entusiasmo como héroe conquistador; la legislatura le confirió el título de "Restaurador de las leyes", le otorgó la isla de Choele Choel (que no aceptó pero tomó a cambio sesenta leguas cuadras de tierras buenas para la pastura, cercanas a Buenos Aires); se le rindieron otros muchos honores.
El gobierno se encontraba en dificultades, doña Encarnación y los partidarios de Rosas habían sabido manejar la situación política contra los gobiernos en el poder durante su ausencia; ya se habla creado la Mazorca, policía secreta, que incitando al pueblo a apoyar a Rosas y atemorizando a sus opositores, provocó la caída de Viamonte. Bernardino Rivadavia había regresado al país, después de un exilio de cinco años, pero no se le autorizó a permanecer. Se había comenzado a usar la cinta o divisa punzó (cinta o distintivo rojo subido, color de los uniformes usados por la primera unidad militar de Rosas contra los británicos y luego por los combatientes de los indios del sur) como emblema de la lealtad federal (luego fue obligatoria); el más grande rival de Rosas, Juan Facundo Quiroga, había sido asesinado en febrero de 1835.
El 7 de marzo, el gobernador interino, Manuel Vicente Maza, renunció y Rosas aceptó el cargo siempre que se le otorgaran poderes judiciales, ejecutivos y legislativos ilimitados y que un plebiscito aprobara su nombramiento; el 13 de abril de 1835, tomó el poder.
Por primera vez desde la Revolución de Mayo, se unieron las provincias argentinas bajo un gobierno central (de hecho, no de derecho) decidió a hacer respetar su autoridad por cualquier medio; de inmediato, Rosas dejó cesantes o pidió la baja de cientos de funcionarios del gobierno, empleados y oficiales del ejército, cuya lealtad hacia él no era del todo clara; a lo largo de su mandato enfrentó despiadadamente la oposición individual, grupal o institucional y demandó una constante demostración de lealtad; su propósito según decía era conservar la paz y el orden para que la nación pudiera prosperar política, social y económicamente.
Durante este período, la industria ganadera dominó la vida nacional con sus demandas de más tierras para el pastoreo, nuevas fuentes de sal para los saladeros y la creciente monopolización por parte de Buenos Aires del lucrativo comercio de carne salada y desecada.
Rosas estaba muy involucrado en todo esto como estanciero, y propietario de mataderos, saladeros y del monopolio de la sal.
En 1851, Justo José de Urquiza de Entre Ríos, uno de los generales más importantes de Rosas, anunció su intención de derrocar a Rosas.
Con la ayuda de los unitarios, las fuerzas de Rivera, el Brasil (contra el que Rosas había luchado por el Uruguay) y la mayoría de los caudillos provinciales, las fuerzas de Rosas fueron vencidas en la batalla de Caseros: el 3 de febrero de 1852 una era había llegado a su fin.
Rosas, con su familia, fue llevado a Inglaterra en un barco inglés. Se estableció en un pequeño pueblo de Inglaterra (Swarkling) cerca de Southamptom, donde vivió durante veinticinco años de los aportes partidarios de Buenos Aires (hasta de Urquiza) porque su enorme fortuna había sido confiscada; murió y fue enterrado allí. En 1990 se repatriaron sus restos a la Argentina y se colocaron en el cementerio de La Recoleta
Extractos de la "Carta de Hacienda de Figueroa" (recomendamos a todos leerla completa), donde Rosas nos deja su profundo pensamiento sobre la Organización y Constitución Nacional:

"...En este lastimoso estado es preciso crearlo todo de nuevo, trabajando primero en pequeño; y por fracciones para entablar después un sistema general que lo abrace todo. Obsérvese que una República Federativa es lo más quimérico y desastroso que pueda imaginarse, toda vez que no se componga de Estados bien organizados en sí mismos (..); de consiguiente si dentro de cada Estado en particular, no hay elementos de poder para mantener el orden respectivo, la creación de un Gobierno general representativo no sirve más que para poner en agitación a toda la República a cada desorden parcial que suceda, y hacer que el incendio de cualquier Estado se derrame por todos los demás. Así es que la República de Norte América no ha admitido en la confederación los nuevos pueblos y provincias que se han formado después de su independencia, sino cuando se han puesto en estado de regirse por sí solos, y entre tanto los ha mantenido sin representación en clase de Estados; considerándolos como adyacencias de la República."
"El Congreso general debe ser convencional, y no deliberante, debe ser para estipular las bases de la Unión Federal, y no para resolverlas por votación."
"El Gobierno general en una República Federativa no une los pueblos federados, los representa unidos: no es para unirlos, es para representarlos en unión ante las demás naciones: (..) En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno general, la desunión lo destruye; él es la consecuencia, el efecto de la unión, no es la causa,"

sábado, 12 de marzo de 2016

Día del Escudo Nacional Argentino

Aunque no posee una fecha de creación exacta, el Escudo Nacional de la República Argentina fue aprobado por decreto, durante la sesión del 12 de Marzo de 1813 en la Asamblea General Constituyente.
. El mencionado decreto se encuentra en el Archivo General de la Nación y reza una redacción en su letra donde ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mis mo sello de este Cuerpo Soberano, con la sola diferencia de que la inscripción del Círculo sea la de: Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y los allí firmantes son el presidente de la Asamblea Tomás Antonio Valle, y el diputado Hipólito Vieytes, secretario de la misma.
El objetivo de este nuevo distintivo, además de ser un escudo de Armas, buscaba diferenciar los sellos utilizados por el gobierno del Virreinato a partir de ese momento en adelante. Es por esto que se le encomendaría al diputado de San Luis Don Agustín Donado de tamaño emprendimiento, quien le daría el trabajo a Juan de Dios Rivera Túpac, grabador y artesano del Perú, autor material de nuestra heráldica principal. Más allá de basarnos en esto, hay indicios de que días antes ya se había visto este diseño, pero no llegó nunca a saberse quien lo realizó exactamente.
Se cuenta que uno de los posibles intervinientes en crear las formas del Escudo Nacional podría haber sido Bernardo José de Monteagudo, político y abogado de Tucuman con una amplia carrera militar, y que el sello del Escudo apareció días antes de su aceptación en la Asamblea, el 22 de febrero de 1813 en una carta de ciudadanía para extranjeros, siendo la primera que aparece el mismo, otorgada ese día a Don Francisco de Paula Saubidet quien sería años más tarde el primer director del Archivo General que tuvo la Provincia de Buenos Aires, motivo por el cual suele tomarse en algunos casos el 22 de febrero como día del Escudo Nacional.
Diseño del Escudo Nacional
Descripción:
Su base está emplazada en una elipse u óvalo con su eje mayor en la vertical, a su vez dividido horizontalmente en dos mitados o campos, denominados cuarteles, siendo azul el de arriba y blanco el de abajo.
En la parte superior se encuentra un sol naciente, luego en el cuartel inferior blanco aparecen dos brazos, estrechandose de manos, sosteniendo un bastón o pica y un gorro frigio en su extremo superior.
En sus dos laterales está rodeado por una ornamentación con dos ramas de laurel que se anudan por debajo con una cinta en color celeste y blanco.
Significado del Escudo Nacional:
El óvalo dividido en dos lleva los colores que el año anterior se habrían adoptado para la enseña patria, con el azul celeste para representar la Justicia y la Lealtad, acompañado debajo por el blanco que denota la Fe y la Pureza.
El sol asomando en la parte superior, quizás en concordancia con la letra del himno que Vicente López y Planes ya tenía congeniada desde el año anterior, perpetrado en oro, apunta a la prosperidad, simbolizando el nacimiento de esta nueva nación.Ya en el campo blanco inferior, los dos antebrazos apretando su mano derecha, muestran una unión entre las Provincias del Río de la Plata, la fraternidad entre estos pueblos, sosteniendo la pica que divide simétricamente los dos cuarteles mostrando un equilibrio y compromiso entre los hombres y el gorro frigio, de origen y formas jacobino, símbolo de la Revolución Francesa, La Libertad, el arraigamiento de la soberanía popular.Por último las dos ramas de laureles simbolizando los logros y la independencia, coronando al Escudo en toda su extensión, y la cinta uniendo fraternalmente todo por debajo con los colores nacionales.
Por eso sean eternos los laureles que supimos conseguir, coronados de gloria vivamos... salud a todo el pueblo argentino en el día de su escudo nacional!!




sábado, 16 de enero de 2016

Repatrian los restos del general Juan de Lavalle

Un 16 de enero de 1861 procedentes de Bolivia llegan a la ciudad de Rosario los restos del prócer de la independencia argentina general Juan G. de Lavalle para ser embarcados en el vapor Guardia Nacional, que los condujo a Buenos Aires, donde fueron sepultados con honores.
Después de la derrota sufrida en Famaillá el 19 de septiembre de 1841, el general don Juan Lavalle mandó ensillar, y con los 200 hombres que le quedaban se retiró hacia Jujuy.
Al llegar a Salta conoció a Damasita Boedo, hermana del coronel Boedo, una hermosa joven rubia, de ojos azules, que no llegaba a los 25 años de edad, y, enamorado de ella, se la llevó en su retirada.
En la madrugada del 7 de octubre hizo alto sobre el río Sauce, desde donde destacó al comandante don Pedro Lacasa hacia Jujuy, llegando él ese mismo día por la noche. En Jujuy encontró que las autoridades habían fugado hacia la quebrada de Humahuaca, dejando acéfalo el gobierno.
A las 02.00 horas del día 8, el general Lavalle hizo acampar a sus tropas en unos potreros de alfalfa en los suburbios de la ciudad, en el lugar llamado La Tablada.
El general llegó enfermo, después de una marcha de dieciocho leguas en quince horas al tranco, los disgustos del día y el abatimiento que se había apoderado de su espíritu al ver derrumbarse todas las posibilidades de seguir la lucha.
Ocupó una casa en la ciudad en la que había estado alojado el doctor don Elías Bedoya, en calidad de enviado del general la noche del 8 de octubre, con su secretario don Félix Frías, el teniente don Celedonio Álvarez con ocho hombres de su escolta y su ayudante Lacasa, que era ese día el edecán de servicio; por supuesto que también iba Damasita con el general.
En medio del profundo silencio de la noche comenzó a despuntar el alba del sábado 9 de octubre de 1841. En la madrugada trágica, una partida federal con unos 30 hombres, al mando del teniente coronel Fortunato Blanco, llegó al paso de sus cabalgaduras cerca de la casa donde se alojaba Lavalle.
Al ruido, salió Damasita, e interrogada por el paradero de Lavalle, contestó que, efectivamente, habíase alojado allí, más que, en ese momento, se encontraba en el campo de La Tablada.
Cerróse la puerta de calle enseguida; Lacasa, que se hallaba durmiendo en la habitación de enfrente, ala derecha, en compañía de Félix Frías, se despertó y prestamente salió al zaguán, y por la puerta que no se había cerrado todavía alcanzó a divisar una partida de federales.
Rápidamente dio la voz de:
–¡A las armas!
Las huestes enemigas parecían completamente desorientadas y no aprovecharon la circunstancia favorable de hallarse abierta la puerta de calle.
Ignoraban, por otra parte, que en ella se encontraba el general Lavalle. Lacasa hizo poner de pie a los soldados que se encontraban en el patio y corriendo al fondo de la casa se dirigió al general para pedirle órdenes. No era Lavalle un hombre de intimidarse lo más mínimo por este suceso, y antes de tomar medidas, inquirió:
–¿Qué clase de enemigos son?
–Son paisanos –respondió Lacasa.
–¿Como cuántos?
–Veinte o treinta.
–No hay cuidado entonces; vaya usted, cierre la puerta y mande ensillar, que ahora nos hemos de abrir paso.
La puerta de calle fue cerrada con precipitación, lo que produjo aún mayor recelo en la fuerza enemiga, que viendo en ello una señal de resistencia, decidió echarla abajo por algún procedimiento.
Lavalle salió al segundo patio cubierto con una bufanda de vicuña, dado lo temprano de la hora y estado de salud. De valor personal, temerario y de acuerdo a su costumbre, no es extraño que se presentara en el momento de peligro sin ceñir su espada.
El acero que lo acompañó en las guerras de la independencia lo extravió su asistente en la batalla de Famaillá, por lo cual su secretario le obsequió una espada que fue la que le acompañó hasta su muerte.
Quería disponerlo todo por sí mismo con su arrojo y su intrepidez ante el peligro.
Pero ahora no se trataba de combatir con 97 granaderos contra 500 soldados enemigos, como en Río Bamba, o 100 contra 300, como en Pasco; ahora era una escaramuza, una especie de búsqueda policial inquiriendo de qué se trataba.
Al llegar a la siguiente puerta, que estaba cerrada, el general observó la partida por el ojo de la cerradura; en ese momento sonó un balazo..., luego dos más, tirados contra la fuerte y tosca puerta de cedro que guardaba la entrada principal de la casa. Este fuego sin dirección, hecho por la patrulla federal contra la casa, tuvo una virtud que ellos no soñaron. Una de las balas penetró por la cerradura e hirió mortalmente al general Lavalle, quien se dobló hacia adelante. La bala, que luego conservaría el general don Bartolomé Mitre como una reliquia, se alojó en su garganta.
La herida era mortal. El general cayó cerca del zaguán. Su sangre, que manaba en abundancia, empapó su bufanda de vicuña.
El autor de su muerte era un mulato llamado José Bracho, quien luego habría de conocerse entre algunos federales como el "héroe de la cerradura".
Lacasa, que había precedido a su jefe penetrando en la habitación, salió precipitadamente y encontró a Lavalle en el suelo en los estertores de la agonía. Luego quedó inmóvil, con los ojos abiertos hacia la puerta del zaguán que habría de ser famosa, y por donde su arrojo había pensado buscar la libertad en una arremetida audaz.
Nada podía ser más inesperado que el trágico fin del jefe que los había llevado a tantas batallas.
Algunos corrieron a incorporarse al grueso de las fuerzas que no lejos de allí estaban al mando de Pedernera, quien desde aquel momento tuvo que asumir el mando de las huestes, cada vez más diezmadas.
Estando en los preparativos para continuar la retirada, con el cadáver del general, se presentó Damasita al general don Juan Esteban Pedernera, quien al verla le dijo:
–Mire usted, Damasita: el general ya ha muerto; me parece por lo mismo que su presencia aquí ya no tiene objeto. Seguramente que usted desea volver al seno de su familia, y si esto es así, le haré dar todos los recursos necesarios para que usted regrese a su casa.
Pero ella, que era de un alma entera, replicó con admirable entereza:
–Señor general: cuando una joven de mi clase pierde una vez su honra, no puede volver jamás a su país. Prepáreme usted una mula para seguir yo también adelante, y vivir y morir como Dios me ayude.
En casa del general don Juan Gregorio de Las Heras, a los pocos días de la muerte del general Lavalle, se hallaban reunidos el general Deheza, el coronel De la Plaza y el general don Mariano Necochea. Al tener conocimiento de la tragedia, el último dijo:
–¡Pobre Juan! Los malos ejemplos de don Simón le habían trastornado la cabeza.
–El terreno estaba bien preparado –agregó otro de los presentes.
El cadáver permaneció bastante tiempo tirado en el suelo, hasta que el general Pedernera dispuso que fuese levantado.
Así cayó el bravo general don Juan Galo de Lavalle, el héroe de Río Bamba, el magnífico soldado de Nazca, el rey de los arenales de Moquehuá.
Su cuerpo inanimado fue colocado en su hermoso tordillo y la caravana triste y silenciosa comenzó su santa peregrinación hacia la catedral de Potosí, tras el jefe muerto, puesto a la vanguardia para evitar que cayese en poder de las fuerzas de Oribe, que lo ansiaban tenazmente para llevar su cabeza a Rosas.
A veinticuatro leguas de Jujuy, como la descomposición del cadáver del general dificultaba la marcha, dispusieron descarnarlo, y el coronel don Alejandro Danel practicó esta penosa operación.
Con el propósito de disecar mejor los huesos, fueron tendidos al sol sobre el techo de un rancho. Inesperadamente un cóndor descendió vertiginosamente de las nubes y apoderándose del cúbito del brazo derecho de Lavalle, remontó a las alturas.
Aquel cóndor, expresión de gallardía y fiereza de esos inmensos dominios solitarios y agrestes de la montaña y el espacio, tal vez quiso levantar en alto llevando y mostrando como trofeo el hercúleo brazo sableador del ínclito granadero de San Martín.
La caravana hizo 163 leguas. El 22 de octubre de 1841, a las 21:00, llegó a Potosí, siendo recibida por el presidente de Bolivia, quien dispuso que los restos del general Lavalle fueran depositados en la Catedral.
Damasita Boedo marchó con la caravana a Bolivia; llegó a Chuquisaca, y allí volviéronse locos los coyas más engreídos y retobados de amor por ella, y, conocedores de la aventura de que había sido objeto y por quien ahora peregrinaba sola en el extranjero, pretendieron reemplazar a Lavalle en la posesión de tan peregrina beldad. Pero no pudieron. La joven no había nacido para los coyas.
Un chileno cargó al fin con ella. Era Billinghurst, ministro plenipotenciario de Chile. Bajo su amparo pasó a Chile, donde vivió con el lujo y la holgura que le prodigaba su generoso amante; y lo que fue más tachable en ella es que regresó a Salta, punto de la tierra donde tan bizarramente había protestado ante el cuerpo del general Lavalle no volver jamás por culpa del muerto y causa de su deshonra.
Pero abandonó su juvenil rubor, volvió a la tierra de los suyos, que había hecho votos de no volver; deslumbró e incitó la envidia por sus trajes riquísimos y sus chales de seda con que se paseó por las calles, se zarandeó por paseos y se arrodilló en los templos, resplandeciendo todavía al lado de sus sedas y sus joya su amabilísima hermosura.
Volvió a Chile, donde murió.
Los restos del general Lavalle actualmente descansan en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, y el epitafio de su tumba encierra el postrer y eterno homenaje del pueblo argentino:
"Granadero: vela su sueño y si despierta dile que su Patria lo admira."

lunes, 14 de diciembre de 2015

Distinciones del CEDICUPO en el Día Nacional del Tango, Bahía Blanca

Con motivo de los festejos del Día Nacional del Tango en Bahía Blanca, el Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina otorgó cuatro merecidos reconocimientos a personalidades e instituciones destacadas de la comunidad. Durante el acto inaugural del 11 de diciembre, llevado a cabo en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera donde se inauguró una plaqueta homenaje a Osvaldo Pugliese -fiel representante del tango y el cooperativismo-, se distinguió a la Cooperativa Obrera Ltda. por su permanente apoyo a la cultura nacional y popular. Esta institución brinda a la comunidad una amplia oferta de servicios y capacitaciones apoyando incondicionalmente “lo nuestro”; durante todo el mes de diciembre, en el hall de entrada al lujoso auditorio de Zelarrayán 560 permanecerá en exhibición una muestra tanguera con fotografías de Omar Morán y esculturas en madera del artista Celso Biondo. Por la noche, en El Motivo Tanguería, José Valle –Presidente del CEDICUPO- entregó un reconocimiento a la trayectoria a la Sra. Ana Benozzi, porteña de nacimiento y bahiense por adopción. Docente, bailarina y coreógrafa de tango que entró en la danza con apenas 3 años, como jugando. Danzas clásicas, españolas, tap y folklore, entre otros ritmos, se hicieron
propios en su cuerpo. El tango fue siempre parte de su familia y la acompañó desde la cuna hasta que un día decidió aprender a enseñarlo, encontrando entre sus alumnos bailarines de tango de nivel internacional. Otra distinción a la trayectoria fue para el Sr. Ricardo Martín, Director de la revista VEME que en 2015 cumplió 10 años de publicación ininterrumpidos, con notas de gran interés para la comunidad bahiense, con colaboradores de lujo, historia y presente de la localidad y de un barrio en particular que verdaderamente ha hecho mérito de su pretensión de “República”, Villa Mitre.
Finalmente, el CEDICUPO reconoció al profesor y ex concejal Edgardo Raúl Ayude por su permanente apoyo a la cultura nacional y popular. Con más de 180 proyectos presentados en el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Bahía Blanca en el cual ejerció su banca desde diciembre de 2011 hasta los últimos días, presentando una conducta consecuente con su pensamiento y valores inquebrantables, Raúl Ayude ha acompañado las propuestas culturales que han brindado los productores públicos y privados de la ciudad cuando coincidían con los intereses del pueblo.

Fin de la conversació

domingo, 15 de noviembre de 2015

Inolvidable noche de homenajes en la Botica del Ángel

A pesar de la intensa lluvia que dificultó las actividades nocturnas en la ciudad de Buenos Aires el pasado jueves 12 de noviembre, La Botica del Ángel –reducto cultural legado por Eduardo Bergara Leumann- fue testigo de una verdadera fiesta del tango y la cultura popular argentina.
Allí, desde las 21 hs se ofreció el espectáculo “Nostalgias”, conducido por José Luis Larrauri, encabezado por la cantante Gaby “La voz sensual del Tango” y acompañado por las cantantes Valentina Etchebest, Florencia Presedo y el pianista Mario Valdez, que fue también reconocido con el premio “Bahía Blanca No Olvida- Carlos Di Sarli”.

José Luis Larrauri, Mario Valdez y Florencia Presedo, Valentina Etchebest, Gaby y José Colángelo
Lo más emotivo de la noche fueron sin duda las distinciones a la trayectoria que el Lic. José Valle (Presidente del Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina y Coordinador del Ciclo “Bahía Blanca No Olvida”) otorgó a reconocidas personalidades caras a los sentimientos de los argentinos en diferentes ámbitos.
El primero en recibir su diploma y medalla a la trayectoria fue la cantante y productora Elba Cristian que, entre lágrimas agradeció la distinción, recordando las dificultades con las que permanentemente se encuentran los intérpretes y productores de música nacional. Cristian produce festejos del Día Nacional del Tango ininterrumpidamente desde 1991 en importantes salas de Capital Federal con artistas de todo el país.
Seguidamente, fue el turno del querido Periodista Roberto Di Sandro, una institución del periodismo político, Decano de la Sala de periodistas acreditados en Casa Rosada y testigo de los últimos 70 años de la historia argentina, oficiando su profesión de manera intachable. Lo demuestra el respetuoso reconocimiento de todos los que tienen la suerte de conocerlo y la ovación que lo acompañó hacia el escenario de la mágica Botica.
A continuación, recibió distinción a la trayectoria del CEDICUPO el pianista director y compositor de tango José Colángelo, eximio músico en cuyo abultado currículum figura haber sido pianista de la orquesta y el cuarteto de Aníbal Troilo, a quien reconoce como su gran maestro. Las palabras de “Pepe” Colángelo fueron muy sentidas al recibir el reconocimiento, pero más aún lo fue su interpretación en el piano del tango “Responso” en homenaje a Pichuco, a quien dedicó la ejecución con un nostálgico nudo en la garganta, compartido por Marcelo Guaita, entrañable amigo del gordo Troilo, que desde la platea compartió su emoción.
El siguiente distinguido fue el Embajador de la Paz y Dr. Honoris causa Osvaldo García Napo quien recibió el Premio “Bahía Blanca No Olvida- CARLOS DI SARLI” por destacada trayectoria de 44 años luchando por la cultura, la educación, el medio ambiente, la paz y la inclusión.
Acto seguido, fue el turno del productor y representante Héctor Caballero, quien entre bromas y nostalgia recordó sus primeros años en el ambiente artístico, los incontables viajes realizados por el mundo de la mano de la música y la producción del disco de tango grabado con su ex esposa (madre de dos de sus hijos) Valeria Lynch, que le otorgó grandes satisfacciones.

Elba Cristian, Roberto Di Sandro, José Colángelo, Osvaldo García Napo y Héctor Caballero
Seguidamente, llegó al escenario el ex futbolista Norberto Madurga quien emocionó a la platea con su humildad y agradecimiento destacando que este reconocimiento no era para él una distinción sólo merecida por su labor profesional en el popular deporte argentino (tanto en Boca Juniors como en la Selección Nacional) sino una caricia al alma por sus nobles valores humanos. 
El siguiente galardonado fue Roly Serrano, reconocido este año por múltiples Instituciones: “Me han dado tantos premios en estos últimos meses que ya me estoy preocupando” bromeó el actor agradeciendo sinceramente el otorgado para la ocasión junto a tantas queridas personalidades.
Otro galardonado fue el muy apreciado periodista Luis Pedro Toni quien, tras recordar sus primeros pasos en la profesión y su paso por el diario La Razón, agradeció el reconocimiento y se lo dedicó a su esposa y compañera de tantos años que lo acompañaba desde la platea.
Finalmente, recibió el Premio Bahía Blanca No Olvida- Carlos Di Sarli el Vicepresidente de la Academia Nacional del Tango Osvaldo Minian, incansable luchador por la memoria del maestro bahiense, que además de agradecer el reconocimiento pidió que no se extingan los defensores de “lo nuestro” como José Valle, a quien agradeció especialmente todo lo realizado por la cultura nacional y la figura del Señor del Tango.

Norberto Madurga, Roly Serrano, Luis Pedro Toni, Mario Valdez y Osvaldo Minian

sábado, 17 de octubre de 2015

A 70 años del surgimiento del peronismo: el 17 de octubre

Una multitud de trabajadores se movilizó hace 70 años a Plaza de Mayo para reclamar la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, el hombre que el 17 de octubre de 1945 se convirtió en líder indiscutido del movimiento político que hizo posible que los sectores populares conquistaran derechos sociales y condiciones de ciudadanía.
Dos años antes de este hecho de masas, que marcó una divisoria de aguas en la historia argentina del siglo XX: un golpe de Estado encabezado por el general Arturo Rawson puso fin el 4 de junio de 1943, al gobierno de Ramón Castillo, surgido del fraude electoral.
Al iniciarse el gobierno militar de Rawson, el movimiento obrero se encontraba dividido en cuatro centrales sindicales. Los dirigentes iniciaron contactos con oficiales del Ejército, entre los cuales estaban Perón y Domingo Mercante, con el propósito de impulsar un conjunto de leyes sociales.
Perón decidió impulsar la creación del Departamento de Trabajo, organismo que comenzó a gestionar la relación del gobierno con los gremios y que en diciembre de 1943 alcanzó el rango de Secretaría. Desde esa dependencia, Perón impulsó la creación de tribunales de trabajo, la indemnización por despido, el Estatuto del Peón Rural y el de los periodistas. En 1944, se sancionaron 123 convenios colectivos de trabajo y al año siguiente, otros 347, los cuales alcanzaban a más de 2 millones de trabajadores.
La gestión de Perón generó el apoyo de los gremios, que comenzaron a respaldar su posible candidatura presidencial, lo que generó recelos entre la oficialidad del Ejército que ocupaba el Gobierno. El ministro de Guerra, el general Eduardo Ávalos, cabeza de los conservadores del Ejército, planteó la detención de Perón. Presionado por esos sectores, el presidente Edelmiro Farrell ordenó el 12 de octubre de 1945 la detención de Perón y su traslado a la isla Martín García. Tres días después de la detención, el gremio azucarero de FOTIA se declaró en huelga para reclamar su liberación.
Perón acusaba un malestar y fue trasladado al Hospital Militar en el barrio de Belgrano, a donde arribó el 17 por la madrugada. En las primeras horas de esa jornada de miércoles, los sindicatos, ante la presión de las bases, comenzaron a movilizarse para exigir su liberación .
El gremialista Cipriano Reyes organizó las primeras columnas de manifestantes que avanzaron hacia Plaza de Mayo. La multitud era imparable y en las primeras horas de la tarde colmó por completo la Plaza de Mayo, donde los manifestantes se refrescaron los pies en una fuente con tal de mitigar el efecto del calor.
Pasadas las 23, desde el balcón de la Casa Rosada, Perón habló a la multitud y, en un hecho que inauguró la liturgia de su movimiento, pidió la desmovilización en paz.
El 17 de octubre pasó ser conocido como el Día de la Lealtad en la tradición peronista, pero lo más trascendente de ese día fue la incorporación de la clase trabajadora como factor de poder .