Una multitud de trabajadores se movilizó hace 70 años a Plaza de Mayo para reclamar la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, el hombre que el 17 de octubre de 1945 se convirtió en líder indiscutido del movimiento político que hizo posible que los sectores populares conquistaran derechos sociales y condiciones de ciudadanía.
Dos años antes de este hecho de masas, que marcó una divisoria de aguas en la historia argentina del siglo XX: un golpe de Estado encabezado por el general Arturo Rawson puso fin el 4 de junio de 1943, al gobierno de Ramón Castillo, surgido del fraude electoral.
Al iniciarse el gobierno militar de Rawson, el movimiento obrero se encontraba dividido en cuatro centrales sindicales. Los dirigentes iniciaron contactos con oficiales del Ejército, entre los cuales estaban Perón y Domingo Mercante, con el propósito de impulsar un conjunto de leyes sociales.
Perón decidió impulsar la creación del Departamento de Trabajo, organismo que comenzó a gestionar la relación del gobierno con los gremios y que en diciembre de 1943 alcanzó el rango de Secretaría. Desde esa dependencia, Perón impulsó la creación de tribunales de trabajo, la indemnización por despido, el Estatuto del Peón Rural y el de los periodistas. En 1944, se sancionaron 123 convenios colectivos de trabajo y al año siguiente, otros 347, los cuales alcanzaban a más de 2 millones de trabajadores.
La gestión de Perón generó el apoyo de los gremios, que comenzaron a respaldar su posible candidatura presidencial, lo que generó recelos entre la oficialidad del Ejército que ocupaba el Gobierno. El ministro de Guerra, el general Eduardo Ávalos, cabeza de los conservadores del Ejército, planteó la detención de Perón. Presionado por esos sectores, el presidente Edelmiro Farrell ordenó el 12 de octubre de 1945 la detención de Perón y su traslado a la isla Martín García. Tres días después de la detención, el gremio azucarero de FOTIA se declaró en huelga para reclamar su liberación.
Perón acusaba un malestar y fue trasladado al Hospital Militar en el barrio de Belgrano, a donde arribó el 17 por la madrugada. En las primeras horas de esa jornada de miércoles, los sindicatos, ante la presión de las bases, comenzaron a movilizarse para exigir su liberación .
El gremialista Cipriano Reyes organizó las primeras columnas de manifestantes que avanzaron hacia Plaza de Mayo. La multitud era imparable y en las primeras horas de la tarde colmó por completo la Plaza de Mayo, donde los manifestantes se refrescaron los pies en una fuente con tal de mitigar el efecto del calor.
Pasadas las 23, desde el balcón de la Casa Rosada, Perón habló a la multitud y, en un hecho que inauguró la liturgia de su movimiento, pidió la desmovilización en paz.
El 17 de octubre pasó ser conocido como el Día de la Lealtad en la tradición peronista, pero lo más trascendente de ese día fue la incorporación de la clase trabajadora como factor de poder .
El Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina tendrá a su cargo investigar, estudiar, proponer y divulgar las actividades culturales vinculándolas al desarrollo social, mediante la protección y difusión del patrimonio cultural tangible e intangible de la cultura popular argentina.
sábado, 17 de octubre de 2015
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Frases de Mariano Moreno
Abogado, periodista y político argentino, uno de los principales ideólogos e impulsores de la Revolución de Mayo (1810) y gran participación como secretario de la Primera Junta.Mariano Moreno nace en el seno de una familia de clase media, de padre español Manuel Moreno y Argumosa y madre argentina Ana María Valle.
Estudia en el Real Colegio de San Carlos y luego viaja a Chuquisaca (Sucre, Bolivia) en 1799 para completar sus estudios de teología y obtener el título de abogado en 1804.
En 1806, durante las expediciones británicas que atacaron a las colonias españolas del Río de la Plata, conocidas como Invasiones Inglesas (1806-1807), Mariano Moreno se opone y redacta un diario con los acontecimientos.
Durante la Revolución de Mayo (1810) no participa activamente en los sucesos revolucionarios, donde fue depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta.
Al ser proclamada la primera Junta, Mariano Moreno fue nombrado secretario y se reveló como un gran estratega, tratando de extender y consolidar la revolución a través del "Plan de Operaciones".
Tiempo después funda el periódico "La Gaceta", la Biblioteca Nacional y se preocupó de los intereses de la industria y el comercio, reacondicionó los puertos de Ensenada y de Carmen de Patagones.
El prestigio logrado por Mariano Moreno con sólo 33 años despertó recelos dentro y fuera del gobierno y tras un fuerte choque con Cornelio Saavedra, presidente de la junta, es destinado a una misión en Londres (Inglaterra).
Fallece en alta mar el 4 de marzo, a bordo de la fragata inglesa "Fame", en el viaje que hacía como diplomático hacia Inglaterra.
El gobierno antiguo nos había condenado a vegetar en la oscuridad y abatimiento, pero como la naturaleza nos ha criado para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas, limpiando el terreno de tanto mandón ignorante.
Es justo que los pueblos esperen todo bueno de sus dignos representantes; pero también es conveniente que aprendan por sí mismos lo que es debido a sus intereses y derechos.
Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila.
Felizmente, se observa en nuestras gentes, que sacudido el antiguo adormecimiento, manifiestan un espíritu noble, dispuesto para grandes cosas y capaz de cualesquier sacrificios que conduzcan a la consolidación del bien general.
(...) No debía escandalizarse por el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa. Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales.
La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.
¡Levante el dedo el pueblo que no tenga que llorar hasta ahora un cúmulo de adoptados errores, y preocupaciones ciegas, que viven con el resto de sus individuos; y que exentas de la decrepitud de aquéllos, no se satisfacen con acompañar al hombre hasta el sepulcro, sino que retroceden también hasta las generaciones nacientes para causar en ellas igual cúmulo de males!
Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1. 560 hombres ingleses, que apoderados de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad.
Sea que sigan dependiendo de España o que formen gobiernos independientes, lo cierto es que los sudamericanos, en este momento, abren sus brazos a Inglaterra: es indiferente en qué forma buscan nuestra ayuda, siempre que el incremento de los negocios y el nuevo mercado que nos ofrecen para la venta de nuestras manufacturas compense nuestra protección.
Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas.
Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes de un pueblo sobrio y laborioso.
Estudia en el Real Colegio de San Carlos y luego viaja a Chuquisaca (Sucre, Bolivia) en 1799 para completar sus estudios de teología y obtener el título de abogado en 1804.
En 1806, durante las expediciones británicas que atacaron a las colonias españolas del Río de la Plata, conocidas como Invasiones Inglesas (1806-1807), Mariano Moreno se opone y redacta un diario con los acontecimientos.
Durante la Revolución de Mayo (1810) no participa activamente en los sucesos revolucionarios, donde fue depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta.
Al ser proclamada la primera Junta, Mariano Moreno fue nombrado secretario y se reveló como un gran estratega, tratando de extender y consolidar la revolución a través del "Plan de Operaciones".
Tiempo después funda el periódico "La Gaceta", la Biblioteca Nacional y se preocupó de los intereses de la industria y el comercio, reacondicionó los puertos de Ensenada y de Carmen de Patagones.
El prestigio logrado por Mariano Moreno con sólo 33 años despertó recelos dentro y fuera del gobierno y tras un fuerte choque con Cornelio Saavedra, presidente de la junta, es destinado a una misión en Londres (Inglaterra).
Fallece en alta mar el 4 de marzo, a bordo de la fragata inglesa "Fame", en el viaje que hacía como diplomático hacia Inglaterra.
El gobierno antiguo nos había condenado a vegetar en la oscuridad y abatimiento, pero como la naturaleza nos ha criado para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas, limpiando el terreno de tanto mandón ignorante.
Es justo que los pueblos esperen todo bueno de sus dignos representantes; pero también es conveniente que aprendan por sí mismos lo que es debido a sus intereses y derechos.
Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila.
Felizmente, se observa en nuestras gentes, que sacudido el antiguo adormecimiento, manifiestan un espíritu noble, dispuesto para grandes cosas y capaz de cualesquier sacrificios que conduzcan a la consolidación del bien general.
(...) No debía escandalizarse por el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa. Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales.
La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.
¡Levante el dedo el pueblo que no tenga que llorar hasta ahora un cúmulo de adoptados errores, y preocupaciones ciegas, que viven con el resto de sus individuos; y que exentas de la decrepitud de aquéllos, no se satisfacen con acompañar al hombre hasta el sepulcro, sino que retroceden también hasta las generaciones nacientes para causar en ellas igual cúmulo de males!
Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1. 560 hombres ingleses, que apoderados de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad.
Sea que sigan dependiendo de España o que formen gobiernos independientes, lo cierto es que los sudamericanos, en este momento, abren sus brazos a Inglaterra: es indiferente en qué forma buscan nuestra ayuda, siempre que el incremento de los negocios y el nuevo mercado que nos ofrecen para la venta de nuestras manufacturas compense nuestra protección.
Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas.
Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes de un pueblo sobrio y laborioso.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Arturo Sabato:El Ideólogo De La Política Petrolera De Frondizi Por José Valle
Fue un actor central en la política petrolera del gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962), que se impuso ganar la llamada "batalla del petróleo" aumentando el área de exploración y explotación mediante los contratos con empresas privadas.Esos convenios fueron posteriormente anulados, al llegar Arturo Illia al gobierno.
Muchos años después, en 1988, cuando volvía a abrirse camino la participación privada en las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín, Sabato expresó que la decisión con que actuó Frondizi "engendró resentimientos, cuidadosamente alimentados por los intereses que se vieron lesionados cuando en 60 días se negociaron y firmaron los contratos y en 40 meses se alcanzó el autoabastecimiento".
Dijo entonces que la moral pública "se vería fortalecida si quienes se opusieron entonces y apoyaron la anulación de esos contratos en 1963 reconocieran ahora su grueso error".
Sabato estaba firmemente convencido de que la política desarrollista, que pasó por encima de los reparos contra el capital foráneo, había sido muy beneficiosa para el país. En ese período, entre 1958 y 1960, ocupó la presidencia de YPF.
Y al retirarse, el presidente Frondizi le dijo: "Le correspondió a usted un puesto en nuestra más avanzada vanguardia" y estimó lógico que hubiera tropezado con dificultades y "ataques injustificados contra su persona y sus intenciones".
Arturo Sabato había nacido en Rojas en 1913, en el seno de una familia de once hijos.. Hermano mayor del escritor Ernesto, Sabato fue el delegado personal del ex presidente Arturo Frondizi en YPF y durante su gestión la Argentina llegó por primera vez al autoabastecimiento de petróleo.
Arturo se doctoró en química en La Plata, en 1938. En 1939 ingresó en la destilería de La Plata y trabajó en YPF hasta su renuncia, en 1948. Se reincorporó en 1955, tras haber sido profesor en la Universidad de Cuyo. Falleció el 23 de julio de 1998 en Buenos Aires a los 84 años
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viernes, 24 de julio de 2015
HOMENAJES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
El Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina (CEDICUPO), llevó a cabo homenajes a personalidades destacadas de la cultura y el deporte en la provincia de Buenos Aires.En la Ciudad de Bahía Blanca y en el marco de las clásicas jornadas "Pichucoxsiempre" en homenaje a Aníbal Troilo el viernes 10 de julio a las 18 hs en el auditorium de la Cooperativa Obrera se entregaron distinciones a la trayectoria al periodista Rubén Baltián y a la cantante Susana Matilla.
En la ciudad de Villa Gesell el sábado 18 de Julio a las 21 hs en el Hotel del Automóvil Club Argentino durante el espectáculo “Una emoción” en homenaje a las grandes orquestas del tango, se distingió a Martha Gaeta y Ricardo Cieri.
El pasado domingo 19 de julio el Club Atlético San Agustín festejó su 90º aniversario, en el amplio salón del Centro Cultural y Recreativo "Germán Lips" de dicha localidad y el Cedicupo distingió a Roger "Coco" Nagore y a Alberto "Tucho" González .
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jueves, 2 de julio de 2015
Homenaje a grandes de la Cultura popular Argentina
Hay noches mágicas en las que todo pareciera estar servido para el pleno disfrute de cada detalle, de cada minuto que nos toca vivir. Así fue la velada de homenaje a grandes de la cultura popular argentina el pasado jueves 25 de junio en La Botica del Ángel. Seguramente el duende del querido Eduardo Bergara Leumann compartió uno de los asientos de la sala para que aquella noche fuera inolvidable.
Minutos antes de las 21 hs, grandes estrellas del espectáculo argentino arribaron a la emblemática Botica donde los aguardaba una cálida bienvenida de café Cabrales y afectuosas salutaciones en uno de los bellos salones de Luis Sáenz Peña 543. A las 21 hs, el escenario del recinto de tres plantas abrió sus puertas para que los invitados tomaran sus ubicaciones dispuestos a iniciar la reunión.
Hilda Bernard, Guido Gorgatti, Ricardo Romero, Oscar Rovito y Osvaldo García Napo fueron recibiendo uno a uno la distinción a la trayectoria que el Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina en manos de su Presidente, José A. L. Valle, tenía dispuesta para ellos; asimismo firmaron una estrella que engalanaría las paredes y techos de ese recinto, como su histórico dueño y creador solía acostumbrar. A la firma de estrellas se sumó Roberto Quirno, quien además de participar artísticamente con dos bellas canciones litoraleñas, deleitó a los presentes con cómicas anécdotas de su paso por los escenarios internacionales.
José Luis Larrauri fue el maestro de ceremonias con la colaboración de Lilian Yolanda Acuña y Gaby “La voz sensual del Tango” fue la encargada de matizar la noche con tangos y boleros que fueron coreados por el respetuoso y agradecido público presente. Y digo agradecido porque no sólo el público pudo honrarse con la presencia de tamañas estrellas en aquel lugar de ensueño, sino porque artistas, periodistas y acompañantes compartieron allí no una noche de premiación, ni un espectáculo musical, sino una reunión de amigos, una velada de intercambio de historias, respeto y camaradería.
La sensación al dejar aquella Botica del Ángel era de plenitud, de emoción por haber recibido mucho más que lo que se ofrecía desde la invitación… se había logrado la magia, eso que tan pocas veces podemos encontrar.
martes, 9 de junio de 2015
Proclama de Valle y Tanco - Alzamiento del 9 de junio de 1956
El 12 de junio de 1956, en la antigua penitenciaría de la calle Las Heras, fue fusilado el general Juan José Valle, líder del frustrado levantamiento cívico-militar del 9 de junio contra el gobierno del general Pedro Eugenio Aramburu. Aramburu había asumido el gobierno de facto el 13 de noviembre de 1955, tras la autodenominada “Revolución Libertadora”, que derrocó a Juan Domingo Perón en septiembre del mismo año. Durante su gobierno se intervino la CGT, se persiguió a la clase dirigente peronista, y hasta se prohibió todo tipo de mención de términos o frases vinculadas al peronismo. En la noche del 9 de junio el general Juan José Valle encabezó una asonada con focos aislados en Buenos Aires, La Plata y La Pampa. El intento concluyó al cabo de unas pocas horas. Tres días más tarde, el 12 de junio de 1956, el general Valle fue fusilado. La represión costó la vida de más de veinte personas, militares y civiles.
A continuación reproducimos la proclama dirigida al país por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco en la noche del 9 de junio de 1956.
Proclama
Al pueblo de la Nación
Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su Pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer en nuestra Patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes.
Como responsable de este Movimiento de Recuperación Nacional integrado por las Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del Pueblo –del que provienen y al que sirven-, declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente…
¡Viva la patria!
Movimiento de Recuperación Nacional
General de División Juan José Valle
General de División Raúl Tanco
Buenos Aires, 9 de junio de 1956.
A continuación reproducimos la proclama dirigida al país por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco en la noche del 9 de junio de 1956.
Proclama
Al pueblo de la Nación
Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su Pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer en nuestra Patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes.
Como responsable de este Movimiento de Recuperación Nacional integrado por las Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del Pueblo –del que provienen y al que sirven-, declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente…
¡Viva la patria!
Movimiento de Recuperación Nacional
General de División Juan José Valle
General de División Raúl Tanco
Buenos Aires, 9 de junio de 1956.
viernes, 22 de mayo de 2015
La semana de Mayo de 1810
Viernes 18 de mayo,
Saavedra vive en San Isidro y parte hacia Buenos Aires
“Que la España se ha perdido, que el rey está prisionero, se dice que quieren quitar al señor Virrey el mando… formar una junta”.
El 18 de mayo, Buenos Aires se enteraba que las fuerzas francesas dominaban ya casi toda España. El Virrey Cisneros trataba de ganar tiempo, asegurando a quien quisiera oírlo que las autoridades coloniales no habían caducado y que los virreyes americanos asumirían el mando.
Sábado 19 de mayo y Domingo 20: Saavedra cree que hay que contener los desbordes, se habla de desaforados que quieren matar al sordo… así le decían a Cisneros. Mientras el Virrey declaraba que eran “sediciosos secretos”, Belgrano y Saavedra actuaban sin ningún sigilo. Entre los más decididos está Martín Rodríguez Peña: es preciso convocar al pueblo y deponer al Virrey. En la casa de Peña están reunidos Castelli, Belgrano, Vieytes, Moreno, Paso, Saavedra es recibido allí el 19 y todos deciden que vaya junto con Belgrano a exigirle al alcalde de primer voto Lezica que llame a Cabildo Abierto, la idea es evitar una pueblada.
Le dan a Lezica el fin de semana, para que convenza al Virrey que si el lunes no hay Cabildo abierto obraran de nuestra cuenta, o sea sin el visto bueno de las autoridades.
El domingo Lezica se reúne con todos los cabildantes, y deciden rogar al virrey que acepte “la convocación del vecindario”.
El domingo 20 por la noche, el virrey recibe a los comandantes de los cuerpos en la fortaleza, y les dijo que si no lo acompañaban eran sediciosos.
Saavedra, según las fuentes no fue cortante con el Virrey, y eso levantó sospechas sobre su decisión. Aunque los acontecimientos demostraron que en realidad lo que hacía era ganar tiempo. El comandante Martín Rodríguez y otros oficiales secundaron a Saavedra, y todos en el Fuerte exigieron al Virrey el llamado a Cabildo Abierto. Cisneros estaba rodeado y aceptó a regañadientes.
Lunes 21 de mayo: la plaza, los portales de la Recova, estaban llenos de gente, a las 8 de la mañana llegaban los cabildantes y la gente empezó a gritarles Cabildo abierto. Se decide que las tropas de Saavedra vigilarán las calles de entrada a la plaza y se remiten las invitaciones a Cabildo abierto “sin etiqueta” y en calidad de vecino.
Martes El 22 de mayo
Cabildo Abierto:
Martes 22 de mayo. Los p. 72 y 73 peninsulares solo tienen 23 votos de defensa del virrey pero gana la moción de removerlo y nombrar un gobierno nuevo.
El virrey Cisneros y todas las autoridades coloniales se presentaron ante el Cabildo con un muy buen argumento: ¿cómo se podía hacer cesar al Virrey sin consultar a las demás provincias del Virreinato? El planteo lo hizo el fiscal Villota frente a los 450 vecinos reunidos en la Sala, y los patriotas se quedaron sin aliento….
Había algunos armados fuera, en la plaza, la calle y las escaleras interiores del Cabildo, esperando la señal de Belgrano para intervenir en caso necesario, pero nadie había pensado en el argumento de Villota y muchos creyeron que perdían la votación.
La Revolución no podía ser un acto de usurpación sobre el derecho a decidir de los pueblos del interior.
Entonces intervino Juan José Paso y desarmó el argumento del Virrey: la revolución era una necesidad que no podía esperar… todos los pueblos serían consultados pero en libertad. La votación terminó recién a medianoche. Primero votaron Belgrano, Saavedra y Castelli, y tras ellos, con su decisión, arrastraron el voto de la mayoría de los vecinos.
El 22 de mayo el Virrey cesó en su cargo!! Fue el último día de la dominación oficial de la Corona española en el Río de la Plata.
Pero qué autoridad asumiría: ¿El Cabildo?, ¿Una Junta?: eso estaba por verse.
Miercoles 23 de mayo y jueves 24: La Revolución se afirma o se pierde.
El día 23 por la mañana los miembros del Cabildo dieron marcha atrás y decidieron no separar al Virrey de su cargo hasta que lo decidieran todos los pueblos del Virreinato. La jugada era muy audaz pero no encontró respaldo en el pueblo reunido en las calles y la Plaza.
Entre el Cabildo y el Fuerte, iba y venía gente armada que formaba los regimientos creados durante las invasiones inglesas. Estos hombres seguían a sus jefes y todos a Saavedra que era el comandante del Regimiento de Patricios. Pero también escuchaban a Belgrano, el orador más decidido que tenía la revolución.
El Cabildo para ganar tiempo designó el día 24 una Junta con el Virrey a la cabeza, y a Saavedra y a Castelli como vocales.
El descontento se manifestaba entre los grupos que se apiñaban alrededor de French, Berutti y Chiclana, los jóvenes agitadores que animaban a la gente en la Plaza. Para evitar un estallido popular, Belgrano prometió: “Juro a la patria y a mis compañeros que si a las tres de la tarde del día de mañana el Virrey no ha renunciado, ¡¡lo arrojaremos por las ventanas de la Fortaleza abajo”!!
Nadie durmió aquella noche en la ciudad.
Viernes 25 de mayo: 25 de mayo 1810, La voluntad soberana del pueblo.
El 25 de mayo, entre la lluvia y el frío, la fatiga y el insomnio, el Cabildo se reunió para considerar la renuncia que el Virrey había presentado a última hora la noche anterior. Pero la sesión se demoraba y sus miembros no parecían dispuestos a aceptar la petición popular. Un hervidero de voces subía desde la Plaza. Los patriotas identificados con las cintas celestes y blancas que pendían de los sombreros se arremolinaron en los corredores de la casa capitular. French y Berutti, irrumpieron en la sesión exigiendo que se depusiera de una buena vez al Virrey. Los cabildantes enceguecidos llamaron a los comandantes de los regimientos para que reprimieran la asonada. En ese oportuno momento, intervino Martín Rodríguez, para declarar que sus tropas estaban con el pueblo. El Cabildo obcecado se mantenía sin ceder. Pero ya corría una lista con los nombres de la nueva Junta revolucionaria: Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuénaga, Alberti, Matheu, Larrea, Paso y Moreno.
La petición se presentó por escrito y los miembros del Cabildo, resignados, no pudieron eludirla más.
La Junta de Mayo nacía, soberana, del mandato popular, pero la Revolución demoraría un tiempo más en afirmarse.
“Que la España se ha perdido, que el rey está prisionero, se dice que quieren quitar al señor Virrey el mando… formar una junta”.
El 18 de mayo, Buenos Aires se enteraba que las fuerzas francesas dominaban ya casi toda España. El Virrey Cisneros trataba de ganar tiempo, asegurando a quien quisiera oírlo que las autoridades coloniales no habían caducado y que los virreyes americanos asumirían el mando.
Sábado 19 de mayo y Domingo 20: Saavedra cree que hay que contener los desbordes, se habla de desaforados que quieren matar al sordo… así le decían a Cisneros. Mientras el Virrey declaraba que eran “sediciosos secretos”, Belgrano y Saavedra actuaban sin ningún sigilo. Entre los más decididos está Martín Rodríguez Peña: es preciso convocar al pueblo y deponer al Virrey. En la casa de Peña están reunidos Castelli, Belgrano, Vieytes, Moreno, Paso, Saavedra es recibido allí el 19 y todos deciden que vaya junto con Belgrano a exigirle al alcalde de primer voto Lezica que llame a Cabildo Abierto, la idea es evitar una pueblada.
Le dan a Lezica el fin de semana, para que convenza al Virrey que si el lunes no hay Cabildo abierto obraran de nuestra cuenta, o sea sin el visto bueno de las autoridades.
El domingo Lezica se reúne con todos los cabildantes, y deciden rogar al virrey que acepte “la convocación del vecindario”.
El domingo 20 por la noche, el virrey recibe a los comandantes de los cuerpos en la fortaleza, y les dijo que si no lo acompañaban eran sediciosos.
Saavedra, según las fuentes no fue cortante con el Virrey, y eso levantó sospechas sobre su decisión. Aunque los acontecimientos demostraron que en realidad lo que hacía era ganar tiempo. El comandante Martín Rodríguez y otros oficiales secundaron a Saavedra, y todos en el Fuerte exigieron al Virrey el llamado a Cabildo Abierto. Cisneros estaba rodeado y aceptó a regañadientes.
Lunes 21 de mayo: la plaza, los portales de la Recova, estaban llenos de gente, a las 8 de la mañana llegaban los cabildantes y la gente empezó a gritarles Cabildo abierto. Se decide que las tropas de Saavedra vigilarán las calles de entrada a la plaza y se remiten las invitaciones a Cabildo abierto “sin etiqueta” y en calidad de vecino.
Martes El 22 de mayo
Cabildo Abierto:
Martes 22 de mayo. Los p. 72 y 73 peninsulares solo tienen 23 votos de defensa del virrey pero gana la moción de removerlo y nombrar un gobierno nuevo.
El virrey Cisneros y todas las autoridades coloniales se presentaron ante el Cabildo con un muy buen argumento: ¿cómo se podía hacer cesar al Virrey sin consultar a las demás provincias del Virreinato? El planteo lo hizo el fiscal Villota frente a los 450 vecinos reunidos en la Sala, y los patriotas se quedaron sin aliento….
Había algunos armados fuera, en la plaza, la calle y las escaleras interiores del Cabildo, esperando la señal de Belgrano para intervenir en caso necesario, pero nadie había pensado en el argumento de Villota y muchos creyeron que perdían la votación.
La Revolución no podía ser un acto de usurpación sobre el derecho a decidir de los pueblos del interior.
Entonces intervino Juan José Paso y desarmó el argumento del Virrey: la revolución era una necesidad que no podía esperar… todos los pueblos serían consultados pero en libertad. La votación terminó recién a medianoche. Primero votaron Belgrano, Saavedra y Castelli, y tras ellos, con su decisión, arrastraron el voto de la mayoría de los vecinos.
El 22 de mayo el Virrey cesó en su cargo!! Fue el último día de la dominación oficial de la Corona española en el Río de la Plata.
Pero qué autoridad asumiría: ¿El Cabildo?, ¿Una Junta?: eso estaba por verse.
Miercoles 23 de mayo y jueves 24: La Revolución se afirma o se pierde.
El día 23 por la mañana los miembros del Cabildo dieron marcha atrás y decidieron no separar al Virrey de su cargo hasta que lo decidieran todos los pueblos del Virreinato. La jugada era muy audaz pero no encontró respaldo en el pueblo reunido en las calles y la Plaza.
Entre el Cabildo y el Fuerte, iba y venía gente armada que formaba los regimientos creados durante las invasiones inglesas. Estos hombres seguían a sus jefes y todos a Saavedra que era el comandante del Regimiento de Patricios. Pero también escuchaban a Belgrano, el orador más decidido que tenía la revolución.
El Cabildo para ganar tiempo designó el día 24 una Junta con el Virrey a la cabeza, y a Saavedra y a Castelli como vocales.
El descontento se manifestaba entre los grupos que se apiñaban alrededor de French, Berutti y Chiclana, los jóvenes agitadores que animaban a la gente en la Plaza. Para evitar un estallido popular, Belgrano prometió: “Juro a la patria y a mis compañeros que si a las tres de la tarde del día de mañana el Virrey no ha renunciado, ¡¡lo arrojaremos por las ventanas de la Fortaleza abajo”!!
Nadie durmió aquella noche en la ciudad.
Viernes 25 de mayo: 25 de mayo 1810, La voluntad soberana del pueblo.
El 25 de mayo, entre la lluvia y el frío, la fatiga y el insomnio, el Cabildo se reunió para considerar la renuncia que el Virrey había presentado a última hora la noche anterior. Pero la sesión se demoraba y sus miembros no parecían dispuestos a aceptar la petición popular. Un hervidero de voces subía desde la Plaza. Los patriotas identificados con las cintas celestes y blancas que pendían de los sombreros se arremolinaron en los corredores de la casa capitular. French y Berutti, irrumpieron en la sesión exigiendo que se depusiera de una buena vez al Virrey. Los cabildantes enceguecidos llamaron a los comandantes de los regimientos para que reprimieran la asonada. En ese oportuno momento, intervino Martín Rodríguez, para declarar que sus tropas estaban con el pueblo. El Cabildo obcecado se mantenía sin ceder. Pero ya corría una lista con los nombres de la nueva Junta revolucionaria: Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuénaga, Alberti, Matheu, Larrea, Paso y Moreno.
La petición se presentó por escrito y los miembros del Cabildo, resignados, no pudieron eludirla más.
La Junta de Mayo nacía, soberana, del mandato popular, pero la Revolución demoraría un tiempo más en afirmarse.
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