El General Juan Domingo Perón fue electo Presidente de la República Argentina en 1946, 1951 y 1973. En
todos los casos llegó a tan alto cargo por medio de elecciones democráticas.
La vida política de Perón tiene, por ello, dos excepcionalidades en América Latina: llegar tres veces a la Presidencia de la Nación y, aún siendo militar, las tres veces mediante el voto popular.
Fue fundador y jefe político del Movimiento Justicialista que aún hoy, a 30 años de su muerte, continúa siendo la fuerza política mayoritaria de la República Argentina (Partido Justicialista).
Perón dejó escritas múltiples obras (La Comunidad Organizada, Conducción Política y Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, entre otras), donde expresa su filosofía y doctrina política, y que continúan siendo textos de consulta en el plano académico, aplicados a la vida política argentina y continental.
Infancia y primera juventud
Perón nació en Lobos (Provincia de Buenos Aires) el 8 de octubre de 1895. Fue hijo de Mario Tomás Perón, pequeño productor agrícola-ganadero, y de Juana Sosa, y nieto de uno de los médicos más célebres de su tiempo, el profesor Tomás L. Perón. Su familia es de origen sardo por vía paterna y castellana por vía materna. Su infancia y primera juventud las vivió en las pampas bonaerenses y en las llanuras patagónicas del sur de la Argentina, donde se trasladaron sus padres en 1899 en busca de trabajo. Estos escenarios de grandes espacios abiertos y de vida rural incidieron en su formación cultural que algunos biógrafos han denominado "criollismo". Perón deseaba ser médico como su abuelo, pero finalmente, en 1911, ingresó al Colegio Militar de la Nación, situado en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, y egresó en 1913 con el grado de subteniente del arma de Infantería.
Vida Militar
Como oficial joven ocupó diversos destinos militares dentro del país mientras fue ascendiendo en su carrera. Teniendo el grado de Capitán redactó trabajos sobre Moral Militar, Higiene Militar, Campañas del Alto Perú, El Frente Oriental de la Guerra Mundial de 1914. Estudios Estratégicos", que fueron adoptados como textos de estudio en las academias del Ejército.
En 1929 contrajo matrimonio con Aurelia Tizón en la Iglesia castrense Nuestra Señora de Luján, pero su esposa murió muy joven, en setiembre de 1938.
En 1930 ya era miembro del Estado Mayor del Ejército y Profesor Titular de "Historia Militar" en la Escuela Superior de Guerra. Continuó publicando textos militares y también redactó un estudio sobre el idioma de los indios araucanos, originarios de la región patagónica, bajo el título Toponimia Patagónica de Etimología Araucana (1935).
En 1936, con el grado de Mayor del Ejército, fue nombrado Agregado Militar en la Embajada Argentina en la República de Chile. Ese año ascendió al grado de Teniente Coronel. En 1937 publicó el estudio La Idea Estratégica y la Idea Operativa de San Martín en la Campaña de los Andes.
En 1939 integró la Misión de estudios en el extranjero que el Ejército Argentino envió a Europa, con residencia en Italia. Se especializó en Infantería de Montaña (alpinismo y esquí). Regresó a principios de 1940, luego de recorrer España, Alemania, Hungría, Francia, Yugoslavia y Albania. Fue destinado al Centro de Instrucción de Montaña (Mendoza) y en 1941 ascendió al grado de Coronel.
A partir de 1943 su vida militar comenzó a converger hacia la política, que lo iba a absorber totalmente hasta su muerte.
Vida Política
El 4 de junio de 1943, Perón participó en la Revolución militar que terminó un proceso de fraude y corrupción política, iniciado con el golpe militar de 1930, que había desplazado del poder al Presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, perteneciente al partido Unión Cívica Radical. Perón tenía el grado de Coronel y formaba parte de un grupo de oficiales organizados en una especie de logia denominada GOU (Grupo Oficiales Unidos) que sostenía un pensamiento nacionalista y de recuperación ética.
En el gobierno militar, Perón comenzó ocupando cargos menores. En octubre de 1943, solicitó desempeñarse en el Departamento Nacional del Trabajo, un modesto organismo dedicado a los asuntos laborales y sindicales. El joven coronel inició, desde este lugar, su contacto con la clase trabajadora argentina, adentrándose en sus problemas y necesidades. Convirtió al modesto organismo en Secretaría de Trabajo y Previsión, amplió sus facultades y asumió su nueva titularidad el 10 de diciembre de 1943.
Desde allí impulsó la organización de los trabajadores en sindicatos, transmitiéndole al movimiento obrero una visión reivindicatoria y nacional del trabajo y promovió una legislación protectora inspirada en los principios de justicia social, difundidos, entre otras fuentes, por las Encíclicas papales.
A principios de 1944 conoció a María Eva Duarte que sería su esposa y a quién la historia ha inmortalizado con el nombre de Evita.
Por su desempeño en la Secretaría de Trabajo y Previsión comenzó a crecer la popularidad de Perón en la clase trabajadora, lo cual despertó desconfianza en muchos de los mandos del Ejército, que mantenían una concepción conservadora y elitista de la sociedad argentina. A tal punto llegó esta situación que, pese a estar desempeñando en 1945 los cargos de Vicepresidente y Ministro de Guerra del Gobierno Militar, el Coronel Perón fue obligado a renunciar a todas sus funciones el 10 de octubre de ese año. El día 13 fue llevado detenido a la Isla Martín García (situada en el Río de La Plata, frente a la ciudad de Buenos Aires).
Una vez conocida por los trabajadores la noticia de la detención de Perón, se declaró una huelga general espontánea en todo el país. Contingentes obreros comenzaron a marchar hacia la Casa de Gobierno, en la ciudad de Buenos Aires, cubriendo la Plaza de Mayo con una multitud que reclamaba su libertad.
Fue el 17 de octubre de 1945. Al anochecer de ese día y ante la presión popular, Perón fue puesto en libertad y convocado por los propios gobernantes militares a hablar a la multitud para calmarla.
Perón así lo hizo, pidió su retiro del Ejército y convertido en ex-militar se lanzó a la vida política. Tenía 50 años de edad.
Ese mismo mes de octubre contrajo matrimonio con Eva Perón.
El gobierno militar, debilitado por los acontecimientos, convocó a elecciones presidenciales para el 24 de febrero de 1946. Perón, con apenas cuatro meses de tiempo, presentó su candidatura con la fórmula Perón-Quijano y organizó sus bases políticas de apoyo que fueron los trabajadores, sectores independientes y desprendimientos progresistas de los partidos tradicionales como la Unión Cívica Radical, el Partido Conservador y el Partido Socialista. Su adversario fue un frente político denominado "Unión Democrática", conformado por los sectores más conservadores de la sociedad en alianza con la izquierda internacionalista, como el Partido Comunista, y apoyado abiertamente por el embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, señor Spruille Braden. La disyuntiva fue "Braden o Perón".
Perón triunfó en las elecciones con el 52 por ciento de los votos y asumió la Presidencia de la Nación el 4 de junio de 1946. Ya en el Gobierno fundó el Movimiento Peronista. Comenzó una gestión de fuerte preocupación nacional y social.
En 1949 se reformó la Constitución Nacional mediante elección democrática de constituyentes y se incorporaron al máximo texto jurídico los nuevos derechos sociales, como también el voto femenino, que había sido aprobado en 1947, que reivindicaba a la mujer hasta entonces marginada de la vida política argentina.
En 1951 la formula Perón-Quijano fue reelecta por un nuevo período de seis años con el 62 por ciento de los votos.
En 1952 murió Eva Perón, "Evita", afectada por un cáncer. Se creó en torno a Perón un gran vacío afectivo.
En 1953 Perón planteó, en diversas exposiciones públicas, su pensamiento sobre la política exterior basada en los conceptos de "continentalismo" y "universalismo" con proyección al siglo XXI. Tomó las primeras decisiones concretas encaminadas a impulsar la integración latinoamericana y propuso a Chile y a Brasil echar las bases de una unión subregional que se denominaría ABC. Este proyecto es el antecedente del actual MERCOSUR instalado 30 años después.
El 16 de setiembre de 1955 el Gobierno constitucional de Perón fue derrocado por un golpe militar apoyado por los sectores más reaccionarios de la sociedad. Comenzó un largo período de proscripción política del Movimiento Justicialista, persecución a sus integrantes mediante fusilamientos, cárcel y destierro. Perón debió exiliarse. Este cruento período se extendió por 18 años, durante los cuales las Fuerzas Armadas asumieron el control político del país.
Perón se exiló en países latinoamericanos, conoció a una joven argentina, María Estela Martínez, “Isabel”, que se convertiría en su tercera esposa, y a partir de 1960 se trasladó a España donde vivió en Madrid hasta que pudo regresar a su patria por primera vez el 17 de noviembre de 1972 y, definitivamente, el 20 de junio de 1973.
El gobierno militar presidido por el Gral. Lanusse convocó a elecciones presidenciales para el 11 de marzo de 1973, pero proscribió a Perón. El Movimiento Justicialista ganó las elecciones con el 49,59 por ciento de los votos con la fórmula Cámpora-Solano Lima designada por Perón. Una vez en el gobierno, el presidente Cámpora renunció al cargo y se convocó a nuevas elecciones presidenciales sin proscripciones para el 23 de setiembre de 1973. El Movimiento Justicialista propuso la fórmula Perón-Perón (Juan Domingo Perón y su esposa Isabel Martínez de Perón), que obtuvo el triunfo con más del 60 por ciento de los votos.
Perón ya tenía 78 años y estaba enfermo. Murió el 1º de julio de 1974, mientras estaba en ejercicio constitucional y democrático de la Presidencia de la Nación por tercera vez.
El Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina tendrá a su cargo investigar, estudiar, proponer y divulgar las actividades culturales vinculándolas al desarrollo social, mediante la protección y difusión del patrimonio cultural tangible e intangible de la cultura popular argentina.
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miércoles, 8 de octubre de 2014
lunes, 1 de julio de 2013
Fallece Juan Domingo Perón
Tres veces presidente de los argentinos, creador del movimiento peronista, el mayor partido de masas del
mundo occidental, luchó incesantemente por mejorar el destino de los desposeídos y establecer la justicia social, alterando la base productiva agraria y dependiente del país y promoviendo su acelerada industrialización. Creador y nacionalizador de los instrumentos básicos de un Estado industrialista y promotor, en sólo nueve años de gobierno nacionalizó la empresa petrolífera YPF, la red de ferrocarriles, el comercio exterior y los depósitos bancarios, creando Agua y Energía Eléctrica, Gas del Estado, Aerolíneas Argentinas, ELMA. Líneas Marítimas del Estado, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Centro Atómico Bariloche, haciendo particular hincapié en el desarrollo tecnológico como factor clave de la independencia económica. Creó también el CONICET y la Universidad Obrera, estableciendo la gratuidad de toda la enseñanza pública, construyó una inusitada cantidad de escuelas y llevó a cabo una auténtica revolución sanitaria, no sólo en el aumento exponencial de las camas disponibles en el sistema de salud pública sino también en la abrupta reducción de la mortalidad infantil y el exitoso combate contra tres males endémicos: el paludismo, la tuberculosis y la sífilis. A instancias de su esposa Eva Perón se consiguió al fin sancionar el voto femenino, con lo que nuestro sistema electoral fue por primera vez, realmente universal. Tomó antiguos reclamos sindicalistas, anarquistas y socialistas, así como leyes que no se llevaban a la práctica, y adaptándolas a los nuevos tiempos puso en marcha y en efectiva ejecución una formidable legislación social y laboral, dentro de la que cabe mencionar estatuto del peón, los derechos del trabajador, los derechos de la ancianidad, los convenios colectivos de trabajo, la ley de previsión social, la ley de accidentes de trabajo, la ley de vivienda obrera, el sueldo anual complementario, las escuelas sindicales, la ley de creación de la justicia del trabajo, los regímenes de jubilación, las reglamentaciones de las condiciones del trabajo y del descanso, las proveedurías sindicales, introduciendo además, las agregadurías obreras en las delegaciones diplomáticas en el exterior. Pero tal vez el mayor aporte de su obra, la reforma más trascendente de la historia argentina en el siglo XX, fuera la Constitución de 1949, la primera junto a las de México y la República de Weimar en adscribir al constitucionalismo social que concibe al ser humano no sólo como un poseedor de derechos individuales sino fundamentalmente como acreedor de derechos sociales cuya satisfacción debe garantizar ineludiblemente el Estado. La avanzada Constitución de 1949, que sancionaba además la estratégica nacionalización del subsuelo argentino fue absurda e
ilegalmente anulada mediante un decreto presidencial de un régimen de facto ante la algarabía de una constelación de fuerzas y dirigentes políticos superados por la historia. Las transformaciones producidas en tan sólo nueve años de gobiernos fueron tan significativas y de tal magnitud que, mientras fue principal obsesión de todos los gobiernos posteriores a 1955 anularlas y volverlas atrás, al mismo tiempo garantizaron, a pesar de las persecuciones y las campañas de silenciamiento y difamación, la vigencia tanto del movimiento peronista como de su líder, quien pudo regresar al país recién tras 17 años de exilio. La proscripción que pesaba sobre él se prolongó un año más, y fue recién en 1973 que en las elecciones convocadas tras la renuncia a la primera magistratura de su delegado Héctor J. Cámpora, pudo presentarse a elecciones presidenciales, en las que se impuso con más del 60% de los votos. Lamentablemente para el país, su salud se encontraba seriamente deteriorada y su edad era muy avanzada, por lo que pudo gobernar apenas unos meses. El país igualitario, justo, pujante e industrialista que creó sólo pudo ser destruido tras 45 años de dictaduras, masacres, asesinatos y gobiernos débiles y sólo gracias a la defección de hombres de su propio partido.
mundo occidental, luchó incesantemente por mejorar el destino de los desposeídos y establecer la justicia social, alterando la base productiva agraria y dependiente del país y promoviendo su acelerada industrialización. Creador y nacionalizador de los instrumentos básicos de un Estado industrialista y promotor, en sólo nueve años de gobierno nacionalizó la empresa petrolífera YPF, la red de ferrocarriles, el comercio exterior y los depósitos bancarios, creando Agua y Energía Eléctrica, Gas del Estado, Aerolíneas Argentinas, ELMA. Líneas Marítimas del Estado, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Centro Atómico Bariloche, haciendo particular hincapié en el desarrollo tecnológico como factor clave de la independencia económica. Creó también el CONICET y la Universidad Obrera, estableciendo la gratuidad de toda la enseñanza pública, construyó una inusitada cantidad de escuelas y llevó a cabo una auténtica revolución sanitaria, no sólo en el aumento exponencial de las camas disponibles en el sistema de salud pública sino también en la abrupta reducción de la mortalidad infantil y el exitoso combate contra tres males endémicos: el paludismo, la tuberculosis y la sífilis. A instancias de su esposa Eva Perón se consiguió al fin sancionar el voto femenino, con lo que nuestro sistema electoral fue por primera vez, realmente universal. Tomó antiguos reclamos sindicalistas, anarquistas y socialistas, así como leyes que no se llevaban a la práctica, y adaptándolas a los nuevos tiempos puso en marcha y en efectiva ejecución una formidable legislación social y laboral, dentro de la que cabe mencionar estatuto del peón, los derechos del trabajador, los derechos de la ancianidad, los convenios colectivos de trabajo, la ley de previsión social, la ley de accidentes de trabajo, la ley de vivienda obrera, el sueldo anual complementario, las escuelas sindicales, la ley de creación de la justicia del trabajo, los regímenes de jubilación, las reglamentaciones de las condiciones del trabajo y del descanso, las proveedurías sindicales, introduciendo además, las agregadurías obreras en las delegaciones diplomáticas en el exterior. Pero tal vez el mayor aporte de su obra, la reforma más trascendente de la historia argentina en el siglo XX, fuera la Constitución de 1949, la primera junto a las de México y la República de Weimar en adscribir al constitucionalismo social que concibe al ser humano no sólo como un poseedor de derechos individuales sino fundamentalmente como acreedor de derechos sociales cuya satisfacción debe garantizar ineludiblemente el Estado. La avanzada Constitución de 1949, que sancionaba además la estratégica nacionalización del subsuelo argentino fue absurda e
ilegalmente anulada mediante un decreto presidencial de un régimen de facto ante la algarabía de una constelación de fuerzas y dirigentes políticos superados por la historia. Las transformaciones producidas en tan sólo nueve años de gobiernos fueron tan significativas y de tal magnitud que, mientras fue principal obsesión de todos los gobiernos posteriores a 1955 anularlas y volverlas atrás, al mismo tiempo garantizaron, a pesar de las persecuciones y las campañas de silenciamiento y difamación, la vigencia tanto del movimiento peronista como de su líder, quien pudo regresar al país recién tras 17 años de exilio. La proscripción que pesaba sobre él se prolongó un año más, y fue recién en 1973 que en las elecciones convocadas tras la renuncia a la primera magistratura de su delegado Héctor J. Cámpora, pudo presentarse a elecciones presidenciales, en las que se impuso con más del 60% de los votos. Lamentablemente para el país, su salud se encontraba seriamente deteriorada y su edad era muy avanzada, por lo que pudo gobernar apenas unos meses. El país igualitario, justo, pujante e industrialista que creó sólo pudo ser destruido tras 45 años de dictaduras, masacres, asesinatos y gobiernos débiles y sólo gracias a la defección de hombres de su propio partido.
lunes, 21 de enero de 2013
Anécdotas del general Perón
Juan Domingo Perón se subió al helicóptero en la Quinta de Olivos. Le habían avisado que un argentino estaba por ganar el Gran Premio de Fórmula Uno en el Autódromo de Buenos Aires. Tenía que estar en los festejos como en los años en queJuan Manuel Fangio le ofrecía sus triunfos. Carlos Reutemann punteaba con comodidad. Pero cuando el General se sentó en el palco junto a Isabelita y RaúI Lastiri, el Lole se quedó sin nafta. Reutemann, igual, se subió al palco a saludar a Perón. El presidente le entregó un regalo: “Mirá, pibe, no tengo otra cosa para entregarte, es la lapicera que tengo.” Poco después, durante la firma de un acuerdo para que YPF apoye al Lole, Perón lo abrazó sonriendo: “Tome, para que no se quede sin nafta.”
La historia la cuenta un periodista que prefiere el anonimato y es una de las muchísimas anécdotas que Jorge Bernárdez y Luciano Di Vito recopilaron en Las aventuras de Perón en la Tierra, un libro que salió este mes a la venta y muestra el lado menos público y, acaso, más cotidiano del General. El deporte está metido entre todo eso porque, como dice el sociólogoPablo Alabarces, el peronismo fue su edad de oro. “Los campeonatos Evita –dice Bernárdez, uno de los autores– no eran mera demagogia, los chicos eran atendidos por médicos y llevaban fichas de cada uno. Eso es concreto.” El Perón hincha se parece a una construcción mitológica. Bernárdez y Di Vito sostienen que era de Boca, como lo asegura Antonio Cafiero y, según cuentan, algunas fotos. Aunque historiadores de Racing, como Fernando Paso Viola Frers, reafirman que era de la Academia, cuyo estadio –construido gracias a la gestión y los créditos blandos de su ministro de Hacienda, Ramón Cereijo– lleva el nombre del General. En realidad, también dicen, Perón no era un hombre muy interesado en el fútbol. Sin embargo, en una de las anécdotas, parece mostrar un ojo especializado y hasta cierto buen gusto. Ocurrió en Puerta de Hierro, antes de su regreso al país, durante una visita de su amigo Enrique Omar Sívori, que por entonces era técnico de la Selección Argentina. Se venía el Mundial ’74 en Alemania, y Perón analizaba a los equipos: “Fíjese en Holanda, Sívori, acuérdese de lo que le digo. Es el mejor equipo del momento. Los otros candidatos para el próximo Mundial son los alemanes, porque juegan en su país. No creo que el título salga de ahí.” También le preguntó, mientras servía café: “¿Tendremos que hacer nosotros lo mismo que los europeos? ¿Habrá que transformar a nuestros clubes en empresas? Vamos a tener que pensarlo.”
Sívori no siguió como técnico de la Argentina. Lo remplazó Vladislao Cap en épocas en las que la Selección parecía un barco a la deriva. En pleno Mundial, Perón murió. El equipo enfrentó a Alemania dos días después con un brazalete negro. “Yo tenía bronca porque estaba lejos y sabía que el pueblo sufría, por eso hablé con los muchachos para que no jugáramos el último partido”, contó René Houseman. “En mi caso –agregó el Loco–, no había manera de convencerme de que saliera a la cancha hasta que me dijeron que había que ganar para dedicarle el triunfo al General.” Los jugadores lo homenajearon con una misa en la iglesia San Lambertus. Se volvieron pronto y goleados. Los candidatos de Perón, en cambio, llegaron a la final: Alemania le ganó a Holanda.
Bernárdez, uno de los autores del libro, sostiene: “Perón era deportista y eso es lo que hace que sea tan creíble la relación de su gobierno con los deportes y los deportistas.” En su libro La patria deportista, Ariel Scher cuenta: “Corrió, hizo gimnasia en aparatos, tomó la espada, tiró, cabalgó, saltó en alto y en largo, boxeó y hasta jugó al fútbol. Se transformó en un deportista experto y resolvió que pocas cosas formaban y gratificaban tanto a un militar como el deporte.” Bernárdezagrega, en ese sentido, que las políticas de Perón generaron simpatía en ese mundo. “Está claro –dice– que en una época los deportistas eran peronistas y los tipos que no lo eran, como Ringo Bonavena, eran una rareza.”
En el boxeo, uno de los deportes preferidos del General, estaban Pascual Pérez, José Gatica y Alfredo Prada. Ricardo Primitivo González, en cambio, no era peronista. Tampoco muchos de sus compañeros campeones del Mundial de Básquet de 1950. Pero haber ganado durante el peronismo les valió el castigo de la Libertadora. También a otros 35 jugadores de básquet, al remero Eduardo Guerrero, a los atletas Osvaldo Suárez y Walter Lemos, y al campeón de bochas Roque Juárez. También hay historias de aquellos que no adhirieron al peronismo. La atleta Noemí Simonetto, cuentan, quedó relegada por no haber dedicado la medalla de plata que obtuvo en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 por la prueba salto en largo. Dicen que Luis Elías Sojit, relator peronista, no nombraba a Eusebio Marcilla porque este se negaba a llevar consignas oficiales en sus autos.
Si algo no hizo Perón con el deporte fue ignorarlo. Por eso, aquel 13 de enero de 1974, se subió al helicóptero para saludar a un argentino que estaba a punto de ganar. No pudo. Reutemann se quedó sin nafta. Sólo le entregó una lapicera que, como también se cuenta en Las aventuras de Perón, el piloto usó para firmar el acta de asunción como gobernador de Santa Fe. Pero ese final, como dicen en el libro, es parte de otra historia.
La historia la cuenta un periodista que prefiere el anonimato y es una de las muchísimas anécdotas que Jorge Bernárdez y Luciano Di Vito recopilaron en Las aventuras de Perón en la Tierra, un libro que salió este mes a la venta y muestra el lado menos público y, acaso, más cotidiano del General. El deporte está metido entre todo eso porque, como dice el sociólogoPablo Alabarces, el peronismo fue su edad de oro. “Los campeonatos Evita –dice Bernárdez, uno de los autores– no eran mera demagogia, los chicos eran atendidos por médicos y llevaban fichas de cada uno. Eso es concreto.” El Perón hincha se parece a una construcción mitológica. Bernárdez y Di Vito sostienen que era de Boca, como lo asegura Antonio Cafiero y, según cuentan, algunas fotos. Aunque historiadores de Racing, como Fernando Paso Viola Frers, reafirman que era de la Academia, cuyo estadio –construido gracias a la gestión y los créditos blandos de su ministro de Hacienda, Ramón Cereijo– lleva el nombre del General. En realidad, también dicen, Perón no era un hombre muy interesado en el fútbol. Sin embargo, en una de las anécdotas, parece mostrar un ojo especializado y hasta cierto buen gusto. Ocurrió en Puerta de Hierro, antes de su regreso al país, durante una visita de su amigo Enrique Omar Sívori, que por entonces era técnico de la Selección Argentina. Se venía el Mundial ’74 en Alemania, y Perón analizaba a los equipos: “Fíjese en Holanda, Sívori, acuérdese de lo que le digo. Es el mejor equipo del momento. Los otros candidatos para el próximo Mundial son los alemanes, porque juegan en su país. No creo que el título salga de ahí.” También le preguntó, mientras servía café: “¿Tendremos que hacer nosotros lo mismo que los europeos? ¿Habrá que transformar a nuestros clubes en empresas? Vamos a tener que pensarlo.”
Sívori no siguió como técnico de la Argentina. Lo remplazó Vladislao Cap en épocas en las que la Selección parecía un barco a la deriva. En pleno Mundial, Perón murió. El equipo enfrentó a Alemania dos días después con un brazalete negro. “Yo tenía bronca porque estaba lejos y sabía que el pueblo sufría, por eso hablé con los muchachos para que no jugáramos el último partido”, contó René Houseman. “En mi caso –agregó el Loco–, no había manera de convencerme de que saliera a la cancha hasta que me dijeron que había que ganar para dedicarle el triunfo al General.” Los jugadores lo homenajearon con una misa en la iglesia San Lambertus. Se volvieron pronto y goleados. Los candidatos de Perón, en cambio, llegaron a la final: Alemania le ganó a Holanda.
Bernárdez, uno de los autores del libro, sostiene: “Perón era deportista y eso es lo que hace que sea tan creíble la relación de su gobierno con los deportes y los deportistas.” En su libro La patria deportista, Ariel Scher cuenta: “Corrió, hizo gimnasia en aparatos, tomó la espada, tiró, cabalgó, saltó en alto y en largo, boxeó y hasta jugó al fútbol. Se transformó en un deportista experto y resolvió que pocas cosas formaban y gratificaban tanto a un militar como el deporte.” Bernárdezagrega, en ese sentido, que las políticas de Perón generaron simpatía en ese mundo. “Está claro –dice– que en una época los deportistas eran peronistas y los tipos que no lo eran, como Ringo Bonavena, eran una rareza.”
En el boxeo, uno de los deportes preferidos del General, estaban Pascual Pérez, José Gatica y Alfredo Prada. Ricardo Primitivo González, en cambio, no era peronista. Tampoco muchos de sus compañeros campeones del Mundial de Básquet de 1950. Pero haber ganado durante el peronismo les valió el castigo de la Libertadora. También a otros 35 jugadores de básquet, al remero Eduardo Guerrero, a los atletas Osvaldo Suárez y Walter Lemos, y al campeón de bochas Roque Juárez. También hay historias de aquellos que no adhirieron al peronismo. La atleta Noemí Simonetto, cuentan, quedó relegada por no haber dedicado la medalla de plata que obtuvo en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 por la prueba salto en largo. Dicen que Luis Elías Sojit, relator peronista, no nombraba a Eusebio Marcilla porque este se negaba a llevar consignas oficiales en sus autos.
Si algo no hizo Perón con el deporte fue ignorarlo. Por eso, aquel 13 de enero de 1974, se subió al helicóptero para saludar a un argentino que estaba a punto de ganar. No pudo. Reutemann se quedó sin nafta. Sólo le entregó una lapicera que, como también se cuenta en Las aventuras de Perón, el piloto usó para firmar el acta de asunción como gobernador de Santa Fe. Pero ese final, como dicen en el libro, es parte de otra historia.
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