viernes, 30 de septiembre de 2011

“BAHIA BLANCA NO OLVIDA” : SE INAUGURO MONUMENTO A CARLOS DI SARLI EN EL FESTIVAL DE TANGO QUE LLEVA SU NOMBRE



“BAHIA BLANCA NO OLVIDA”
En la querida Plaza del tango se dio  formalmente inicio al 1er Festival Nacional de Tango de Bahía Blanca “CARLOS DI SARLI”
Bahía Blanca por su estirpe se merecía su Festival Nacional de Tango y también merece reconocimiento Carlos Di Sarli por lo que dicho evento lleva su nombre. Nadie como él supo combinar la cadencia rítmica del tango con una estructura armónica, en apariencia sencilla, pero llena de matices y sutilezas, impuso un sello propio, un perfil musical diferente que se mantiene inalterable en toda su prolongada trayectoria.
Dos tangos de su autoría son considerados clásicos del género. El primero es en homenaje a su maestro Osvaldo Fresedo y se llama “Milonguero viejo”; el segundo es un reconocimiento a su ciudad natal, “Bahía Blanca”. No son sus únicas creaciones, pero son las más memorables. La imagen suya, sentado frente al piano con sus lentes ahumados y su leve sonrisa se transformó en un clásico.
Y como Bahía Blanca no olvida se inauguró un monumento al maestro CARLOS DI SARLI, hecho en madera de zoita por el artesano local CELSO BIONDO y un mural con personajes destacados del tango bahiense (los Hnos. Persia, Augusto Pedro Berto, Juan Carlos Cobián, Juan Carlos Marambio Catán, Mario Iaquinandi Roberto Achával, Francisco Amor, Eduardo Giorlandini  y Armando Lacava) pintado por el artista plástico local Andrés Orosimbo Viera. La conducción del evento estuvo a cargo del legendario JUAN CARLOS BELTRAN

GUILLERMINA RIZZO directora de Educación, SILVIO RAUSCHEM- BERGER subsecretario de Coordinación,  EDUARDO GIORLANDINI, NORA ROCA, GABY LA VOZ SENSUAL DEL TANGO, RICARDO MARGO, CELSO BIONDO, JUANA DODERO (esposa del recordado cantor ROBERTO ACHAVAL) y el productor del  Festival JOSE VALLE inauguraron el  magnífico monumento tanguero, mientras se escuchaba el tango “Bahía Blanca” y la gran cantidad de público  presente con los ojos humedecidos por la emoción aplaudían al “señor del tango”.
Se hizo justicia con Don CARLOS DI SARLI y con él a todos los poetas, músicos y cantantes que dio esta hermosa ciudad sureña a la universalidad del tango.




MANUEL DORREGO:Supo vivir como los héroes y morir como los mártires".

[Nació el 11 de junio de 1787, fue fusilado el 13 de diciembre de 1828]


Faltaban 11 días para Navidad. A la orden de "¡fuego!", un pelotón de fusilamiento unitario acribilló de ocho tiros en el pecho al coronel federal Manuel Dorrego, ex gobernador de Buenos Aires. Había sido estudiante de leyes, militar indisciplinado en los cuarteles pero valiente en el campo de batalla, apasionado político y patriota hasta los huesos. Fue una víctima más del crónico desencuentro entre argentinos.

Dorrego nació el 11 de junio de 1787 en Buenos Aires. Fue el menor de cinco hermanos, hijos del rico comerciante portugués José Antonio de Dorrego y la argentina María de la Ascensión Salas. En 1803, a los 15 años, ingresó en el Real Colegio de San Carlos y a inicios de 1810 comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile. Pronto abandonó las aulas y se unió al movimiento independentista chileno. Exaltado, cambió el traje civil y los libros por el uniforme y las armas. En la milicia del país andino ganó las tres estrellas de capitán al sofocar un movimiento contrarrevolucionario. Tenía 23 años.

Antes de concluir 1810, Dorrego regresa a Buenos Aires y con el grado de mayor se une a las fuerzas armadas encabezadas por Cornelio Saavedra rumbo al norte. En el combate de Cochabamba sufre dos heridas y gana el ascenso a teniente coronel. Más tarde, bajo las órdenes de Manuel Belgrano, lucha en Tucumán (24 de septiembre de 1812) y Salta (20 de febrero de 1813). El ejército de Belgrano marcha hacia Potosí sin Dorrego: se queda en la retaguardia, arrestado por indisciplina. Eso le evita las derrotas de Vilcapugio (1º de octubre de 1813) y Ayohuma (14 de noviembre de 1813), y quizá la muerte en servicio.

El payador uruguayo José Curbelo lo recuerda así:
Argentino, Americano
En la idea y en los hechos
Impulsivo y corajudo
En los embates guerreros
Recibió sendas heridas
En Sansana y Nazareno
Y le pidió a sus soldados
Para seguir combatiendo
Lo alzaran sobre el caballo
Así fue Manuel Dorrego

A pesar de todo, ese mismo agitado año, Dorrego asciende a coronel y encabeza la creación de milicias gauchas. Apenas ha cumplido 26 años. Los momentos de inacción, sin embargo, lo descontrolan. El inflexible general José de San Martín ordena su confinamiento por nuevas actitudes de indisciplina y en mayo de 1814 es trasladado a Buenos Aires. Allí se pone a las órdenes del general Carlos María de Alvear.
Breve semblanzaManuel Críspulo Bernabé Dorrego Salas nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787. Hijo de José Antonio do Rego, próspero comerciante portugués y de María Ascensión Salas. Manuel fue el menor de cinco hermanos, en 1803 ingresó en el Real Colegio de San Carlos destacándose por su viva inteligencia y su facilidad de palabra. Comenzó sus estudios de leyes en Chile, a principios de 1810. Había participado antes en una azarosa aventura ayudando a fugar a la Banda Oriental a un pariente comprometido en el fracasado golpe del 19 de enero de 1809 contra Liniers.

En la Universidad de San Felipe se unió a los que trabajaban por la independencia chilena, se convirtió en uno de los cabecillas de la incipiente rebelión y, al frente de los grupos estudiantiles patriotas, fue el primero en lanzar el grito de “Junta queremos”, cuando los sucesos de Mayo en Buenos Aires animaron a reclamar la renuncia del gobernador español.

Triunfante, tras varias alternativas, el movimiento emancipador en Chile, Dorrego abandonó los estudios, ingresó al ejército y ganó el ascenso a capitán en la represión de un motín antirrevolucionario. De regreso en Buenos Aires se unió a las tropas que marcharon al norte con Saavedra después del desastre de Huaqui. Producida la revolución de Septiembre de 1811, quedó a las órdenes de Juan Martín de Pueyrredón, integrando las avanzadas que, al mando de Diez Vélez, iban en ayuda de los sublevados de Cochabamba.

Herido dos veces en combate, alcanzó el grado de teniente coronel, quedando con la cabeza inclinada hacia un hombro por el resto de sus días a causa de esas heridas. A las órdenes de Belgrano, Dorrego se batió heroicamente en las batallas de Salta y Tucumán. Confinado por actos de indisciplina, estuvo ausente de Vilcapugio y Ayohuma, pero en 1813, ya coronel, tomó el mando de la vanguardia patriota, interviniendo en la formación de las milicias gauchas. Confinado por San Martín por nuevos actos de indisciplina, en mayo de 1814 se ordenó su traslado a Buenos Aires. Al mando de Alvear, luchó contra Artigas y, vencedor de Otorgués en Marmarajá, fue vencido por Rivera en Guayabos.

Lanzado a la lucha política, se pronunció por el gobierno federativo y auspició la autonomía de Buenos Aires. Junto con Manuel Moreno, Domingo French, Agrelo, Pagola y otros, fue decidido opositor del Director Pueyrredón. Intervenía en la Invasión de Santa Fe ordenada por el Director Supremo cuando, molesto por la guerra civil, pidió pasar con su regimiento al ejército que San Martín preparaba en Mendoza. Conocida su oposición a los planes monárquicos, Pueyrredón lo deportó el 15 de Noviembre de 1816. Sólo al tercer día de viaje supo cuál era su destino.

Después de una accidentada travesía llegó a Baltimore, enfermo y sin recursos, reuniéndose al año siguiente con otros opositores de Pueyrredón, también desterrados. Se ignoran las circunstancias de su vida en Baltimore, pero la observación de la vida norteamericana reafirmó sus convicciones federalistas. Volvió a Buenos Aires en 1820, después de la caída del Directorio.

Rehabilitado en su grado de coronel, tuvo el mando militar de la ciudad después de los sucesos del 20 de junio y fue gobernador interino. Trató de negociar la paz con Estanislao López, pero, enfrentado finalmente con éste, fue vencido en Gamonal. Dorrego, entonces, presentó su candidatura a gobernador en la provincia de Buenos Aires. Vencido en las elecciones por Martín Rodríguez, lo hizo reconocer por sus tropas. Siempre en la oposición, fue desterrado a Mendoza, huyó a Montevideo y regresó al amparo de la Ley del Olvido.

En 1823, electo representante entre la Junta, proyectó la supresión de las levas y desde su periódico El Argentino defendió las tesis federalistas en contra del gobierno de Martín Rodríguez y de Rivadavia. En 1825, Interesado en negocios de minas, viajó al norte, visitando a los gobernadores federales Bustos, Ibarra y Quiroga. Vio luego a Bolívar, que lo impresionó profundamente y a quien consideró el único capaz de contener al emperador del Brasil, entonces en actitud amenazante contra las Provincias Unidas.

Electo representante por Santiago del Estero en el Congreso Nacional, al discutirse la Constitución de 1826 sé destacó en los debates sobre la forma de gobierno y el derecho al sufragio. Desde El Tribuno atacó las medidas centralizadoras de Rivadavia, ganando prestigio en las provincias, en donde se lo consideraba uno de los dirigentes más caracterizados del federalismo en Buenos Aires. Influyó con su prédica en la crisis que culminó con la renuncia de Rivadavia a la presidencia de la Nación.

En agosto de 1827 fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. En esa función lo sorprendió la sublevación unitaria del 1º de Diciembre de 1828 que lo derrocó y lo condenó a muerte por fusilamiento.
Temperamental en todo
Bromista en los campamentos
Pudo hasta indisciplinarse
Pero puesto en el gobierno
Supo muy bien dónde iba
En defensa de su pueblo
Ni emperador del Brasil
Ni centralismo porteño
Entreveraron las huellas
Que marcó Manuel Dorrego

Alvear le propone al caudillo oriental, José Gervasio Artigas (1764-1850) la independencia de la Banda Oriental a cambio de que retire su influencia de las provincias del litoral. Artigas había dirigido la insurrección de los orientales contra las autoridades españolas en el llamado Grito de Asencio y fue proclamado por sus compatriotas como Primer Jefe de los Orientales. El 20 de enero de 1814, abandonó el sitio de Montevideo -cuyo mando comenzó a monopolizar José Rondeau- y apoyó los pronunciamientos de los paisanos de Entre Ríos y Corrientes. El líder rioplatense rechaza el ofrecimiento de Alvear. Dorrego parte a enfrentarse con el rebelde, con quien -paradójicamente- tiene ideas bastante cercanas. El militar derrota al artiguista Fernando Otorgués en las cercanías del arroyo Marmarajá (6 de octubre de 1814), pero es vencido por Fructuoso Rivera en Guayabos (10 de enero de 1815).

Cada vez que algún retazo
Perteneciente a este suelo
De las Provincias Unidas
Anduvo corriendo un riesgo
Se alzó con su voz valiente
Reclamando ese derecho
Y por la soberanía
Él supo jugarse entero
Así cruzó por la vida
Luchando Manuel Dorrego
Joseph Conrad, autor de novelas marineras, escribe en el cuento La Laguna (1898): "Un hombre no debe hablar sino del amor o la guerra. Tú sabes qué es la guerra y en la hora del peligro me has visto lanzarme en busca de la muerte como tantos otros en busca de la vida". Amor y guerra, muerte y vida: estas palabras pueden aplicarse a la trayectoria de Dorrego, quien a su regreso a Buenos Aires, en 1815, se casa con Angela Baudrix. De la unión nacieron dos hijas: Isabel en 1816 y Angelita en 1821.
El impetuoso Dorrego se lanza a la lucha política. Se declara partidario de un gobierno federativo y fomenta la autonomía de Buenos Aires. Con Manuel Moreno y otros patriotas se opone a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Finalmente, para no participar en el enfrentamiento civil, solicita que su regimiento se una al ejército que San Martín prepara en Mendoza para la Campaña de los Andes. No alcanza a partir: el 15 de noviembre de 1816, Pueyrredón ordena su destierro. Lo embarcan y recién al tercer día de viaje se entera que su destino es el puerto de Baltimore, en Estados Unidos.
El 9 de julio de 1819, Pueyrredón renuncia y es reemplazado por el general José Rondeau. Dorrego regresa a Buenos Aires al año siguiente. Recupera su grado de coronel, obtiene el mando militar de Buenos Aires y es designado temporalmente gobernador interino. Presenta su candidatura a gobernador en la provincia pero es derrotado por Martín Rodríguez. Con caballerosidad, hace reconocer por sus tropas el triunfo de su adversario. Pero el hecho de estar en la oposición hace que el gobierno lo destierre en Mendoza. Una mejor idea hubiera sido darle el mando de un regimiento y ordenarle combatir. La inactividad o el ostracismo no son buenos para Dorrego: huye a Montevideo.

[Nota al margen: además de los problemas políticos internos de las Provincias Unidas, desde septiembre de 1816 existía la amenaza militar externa de los portugueses en la Banda Oriental. Las autoridades nacionales no procedían con la energía necesaria para expulsarlos. Artigas, el principal perjudicado, culpaba con razón a las autoridades de Buenos Aires por la falta de respaldo. Algunos historiadores sostienen que se debería reconocer que el caudillo oriental procedió como "un auténtico patriota argentino" hasta su derrota en 1820.]
Por una América Unida
Compartía el alto sueño
Que tuvo Simón Bolívar
Desencontrado en el tiempo
Por intereses extraños
Ajenos al sentimiento
De los hombres que lucharon
Y que hasta su sangre dieron
A veces incomprendidos
Como fue Manuel Dorrego

Dorrego regresa a Buenos Aires -junto con exiliados como Carlos María de Alvear, Manuel de Sarratea y Miguel Estanislao Soler- gracias a la Ley del Olvido (noviembre de 1821). En 1823, fue electo representante ante la Junta de Gobierno y desde su periódico El Argentino respaldó las ideas federalistas, en oposición al gobierno de Bernardino Rivadavia, lo cual le hizo ganar prestigio en las provincias. En 1825, se entrevistó con Simón Bolívar, a quien consideró el único capaz de contener los planes expansionistas del Imperio de Brasil.

El militar convertido en político resulta elegido representante por Santiago del Estero en el Congreso Nacional. Cuando se discute la Constitución de 1826 se destaca en los debates sobre la forma de gobierno y el derecho al sufragio. Desde el periódico El Tribuno continúa atacando la posición centralista de Rivadavia, lo que aumenta su prestigio en las provincias.

Get this widget |Track details |eSnips Social DNA
"Déjese de embromar brigadier" - Un relato de Pacho O'Donnell (en su voz) de la serie Los héroes malditos
Al referirse a la constitución rivadaviana de ese año, Dorrego afirma: "Forja una aristocracia, la más terrible porque es la aristocracia del dinero. Échese la vista sobre nuestro país pobre, véase qué proporción hay entre domésticos asalariados y jornaleros y las demás clases del Estado (...). Entonces sí que sería fácil influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas; y en ese caso, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro con el Banco, y entonces sería el Banco el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación en todas las provincias".
Allá por el veintiséis
Diputado en el Congreso
Defendía el derecho cívico
De los empleados a sueldo
Excluidos de votar
Con el absurdo pretexto
Que el depender de un patrón
Ataría su pensamiento
En defensa del humilde
Se alzó el verbo de Dorrego

Acosado, Rivadavia renuncia a la presidencia. Vicente López es designado mandatario provisional. En agosto de 1827, Dorrego es electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero ante el tratado de paz firmado con Brasil, los unitarios ven la posibilidad de recuperar el poder aprovechando el descontento de los jefes militares de regreso. Ex compañeros de exilio, como Soler y Alvear, junto con los generales Martín Rodríguez, Juan Lavalle y José María Paz comienzan a conspirar para derrocar al gobierno federal.

El 1° de diciembre de 1828, Lavalle ocupa Buenos Aires con sus tropas. Dorrego se dirige al sur de la provincia y le pide apoyo a Juan Manuel de Rosas, entonces comandante de campaña. Rosas le aconseja que vaya a Santa Fe y le solicite respaldo a Estanislao López, pero Dorrego decide enfrentar a Lavalle. Las fuerzas de uno y otro se chocan en Navarro. El gobernador cae prisionero y el vencedor ordena, sin ninguna grandeza, que muera fusilado el 13 de diciembre. La decisión estremece a la capital y las provincias.
Del veintisiete al veintiocho
En su gestión de gobierno
Propulsó el federalismo
Que siempre fuera su credo
Y cayó buscando luz
Entre las sombras envuelto
No pudo montar de vuelta
Como lo hizo en Nazareno
Y en un trece de diciembre
Se apagó Manuel Dorrego

El valiente general unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid, un tucumano que peleó la guerra de independencia y en las luchas que siguieron en Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe, permanece junto a su ex camarada Dorrego hasta el abrazo final. A él le entrega el condenado cartas para su mujer y las dos hijas. A la esposa le escribe: "Mi querida Angelita: En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir. Ignoro por qué; mas la Providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida: educa a esas amables criaturas. Sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado Manuel Dorrego". Tiene 41 años.

Aráoz de Lamadrid es un oficial curtido que combatió en Tucumán, Córdoba, San Juan y Mendoza. También conoció el exilio en Bolivia y Chile. Dorrego le pide al compadre su chaqueta para morir y le solicita que le entregue a su esposa Ángela la que él lleva puesta. El duro Aráoz se "quiebra" ante la entereza de su amigo-adversario y llora frente a la tropa como un adolescente.
Navarro, diciembre 13 de 1828

Sr. Ministro:

Participo al Gobierno Delegado que el Coronel Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen esta división. La historia, señor Ministro, juzgará imparcialmente si el Coronel Dorrego ha debido o no morir. Si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público. Quiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio mayor que puedo hacer en su obsequio.

Saludo al señor Ministro con toda atención.
Juan Lavalle
Allí en la Estancia de Almeida
Se ordenó el fusilamiento
Con un pañuelo amarillo
Sus ojos enceguecieron
Cuando el padre Juan José
Lo acompañaba en silencio
Sonaron ocho disparos
Y quedó escrito en un pliego
Besos para esposa e hija
Que Dios proteja mi suelo
Ahorren sangre de venganza
Firmao' Manuel Dorrego

Ángela Baudrix, la viuda, queda en la miseria. Sus hijas tienen seis y 12 años de edad. Tiempo después se ven obligadas a trabajar de costureras en el taller de Simón Pereyra, un proveedor de uniformes para el ejército y especulador en la compra-venta de tierras. [Nota al margen: en una de sus extensas propiedades, ubicada en El Palomar, en 1925 se inició la construcción del Colegio Militar de la Nación, del que egresarían varios discípulos de Lavalle. Un general Aramburu, por ejemplo, fusilador de un general Valle.]

Juan Lavalle nació en Buenos Aires el 17 de octubre de 1797. Desde los 14 años hasta su muerte, a los 44, su vida estuvo consagrada a las armas. Al mando de Dorrego, luchó contra Artigas y combatió en la batalla de Guayabos. El escritor Esteban Echeverría (1805-1851), autor de El Matadero y La Cautiva, que también era unitario, lo describió como "una espada sin cabeza".

En cambio, el periodista e historiador José Manuel de Estrada (1842-1894), considerado uno de los más lúcidos intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX, escribió un homenaje a Manuel Dorrego que puede considerarse un conmovedor epitafio:

"Fue un apóstol y no de los que se alzan en medio de la prosperidad y de las garantías, sino apóstol de las tremendas crisis. Pisó la verde campiña convertida en cadalso, enseñando a sus conciudadanos la clemencia y la fraternidad, y dejando a sus sacrificadores el perdón, en un día de verano ardiente como su alma, y sobre el cual la noche comenzaba a echar su velo de tinieblas, como iba a arrojar sobre él la muerte su velo de misterio. Se dejó matar con la dulzura de un niño, él que había tenido dentro del pecho todos los volcanes de la pasión. Supo vivir como los héroes y morir como los mártires".

EL TIGRE DE LOS LLANOS: FACUNDO QUIROGA

Biografía

Juan Facundo Quiroga nació en 1778, en San Antonio, departamento de Los Llanos, en la provincia de La Rioja. A los 16 años comenzó a conducir las arrias de su padre, el estanciero José Prudencio Ouiroga. Tras un breve paso como voluntario por el Regimiento de granaderos a caballo, en Buenos Aires, regresó en 1816 a La Rioja, donde colaboró activamente con el ejército del norte que luchaba contra los realistas, proveyéndolo de ganado y tropas. En 1818 recibió de Pueyrredón el título de "benemérito de la Patria" y a fines de ese año intervino destacadamente para sofocar un motín de prisioneros españoles en San Luis.

A partir de 1820, con el cargo de jefe de las milicias de Los llanos, se inició en La Rioja la preponderancia de Quiroga. Convertido en árbitro de la situación riojana, contribuyó a colocar en el gobierno provincial a Nicolás Dávila, quien en ausencia de Quiroga intentó apoderarse de la artillería y el parque de Los Llanos. El caudiillo derrotó al Gobernador en el combate de El Puesto y aunque asumió la gobernación sólo por tres meses - 28 de marzo al 28 de Junio de 1823 - continuó siendo, en los hechos, la suprema autoridad riojana.

Quiroga brindó su apoyo entusiasta al Congreso de 1824 reunido en Buenos Aires, pero pronto se produjo su ruptura con los unitarios porteños. En esos momentos, el gobierno de La Rioja se asoció con un grupo de capitalistas nacionales encabezados por Braulio Costa, a quien se otorgó la concesión para explotar las minas de plata del cerro de Famatina. Facundo, como comandante del Departamento, fue también accionista de la compañía y, por el convenio, quedó encargado de asegurar la explotación, con cuyo producto se acuñaría moneda a través del Banco de Rescate y la Casa de Moneda de La Rioja. Sin embargo, la designación de Rivadavia como Presidente de la República, en 1826, alteró estos planes. El Presidente, que durante su permanencia en Inglaterra había promovido la formación de una compañía minera, nacionalizó la riqueza del subsuelo y también la moneda, prohibiendo la acuñación a toda institución que no fuera el Banco Nacional, por él creado. La reacción de Quiroga fue inmediata. Junto a los otros gobernadores que resistían la política centralista de Rivadavia que culminó con la sanción de la Constitución unitaria, se levantó en armas contra el presidente, enarbolando su famoso lema de Religión o Muerte. Su lucha contra los unitarios había comenzado, en realidad, en 1825, cuando Quiroga derrotó a La Madrid - usurpador del gobierno de Tucumán - en El Tala y Rincón de Valladares.
Caído Rivadavia, Quiroga apoyó la efímera gestión de Dorrego, cuyo fusilamiento volvió a encender la chispa de la guerra civil. Facundo se convirtió entonces en figura descollante del movimiento federal y, en el interior, enfrentó a las fuerzas unitarias del General Paz. El Tigre de Los Llanos, como lo llamaban amigos y adversarios, cayó derrotado en La Tablada y en Oncativo. En Buenos Aires, con la ayuda de Rosas, formó una nueva fuerza, llamada División de Los Andes, Al frente de ella ocupó San Luis y Mendoza, en Córdoba persiguió a La Madrid - el jefe de las fuerzas unitarias después de la captura de Paz - y, ya en tierra tucumana, lo derrotó completamente en La Ciudadela. En esos momentos su poder y su prestigio alcanzaban el punto más alto. Después de participar en la etapa preparatoria de la campana del desierto realizada por Rosas, permaneció con su familia en Buenos Aires durante un tiempo. En 1834, a pedido de Maza, gobernador de Buenos Aires, y del propio Rosas, medió en un conflicto entre Salta y Tucumán. En Santiago del Estero se enteró del asesinato de De La Torre, gobernador salteño. Cumplida su misión en el norte, Quiroga emprendió el regreso hacia Buenos Aires, desoyendo las advertencias sobre la posibilidad de que se lo intentara asesinar y rechazando el ofrecimiento de protección que le hizo Ibarra, el gobernador santiagueño. Su coraje lo condujo, una vez más, a enfrentarse con la muerte. Pero en esta oportunidad, el Tigre perdió la partida: en Barranca Yaco fue ultimado por un grupo de asesinos enviados por los hermanos Reynafé, a la sazón dueños del gobierno de Córdoba.

Un caudillo, Eduardo Gutierrez [Fragmento de "El Chacho"]


El Chacho ha sido el único caudillo verdaderamente prestigioso que haya tenido la República Argentina.
Aquel prodigio asombroso que lo hacía reunir diez mil hombres que lo rodeaban sin preguntarle jamás dónde los llevaba ni contra quién, había hecho del Chacho una personalidad temible, que mantenía en pie a todo el poder de la nación, por años enteros, sin que lograra quebrar su influencia ni acobardar al valiente caudillo.
A su llamado, las provincias del interior se ponían de pie como un solo hombre, y sin moverse de su puesto, tenía a los seis u ocho días 2, 4 ó 6 mil hombres de pelea, dispuestos a obedecer su voluntad fuera cual fuese.
Los paisanos de La Rioja, de Catamarca, de Santiago y de Mendoza mismo lo rodeaban con verdadera adoración, y los mismos hombres de cierta importancia e inteligencia lo acompañaban ayudándolo en todas sus empresas difíciles y escabrosas.


Puñal del Chacho
Cuando el Chacho tenía, todos tenían, pues su lujo era partir entre todos cuanto tenía a la mano.
El Chacho era un hombre de una salud de bronce y de una naturaleza especial para resistir la fatiga inmensa de aquellas marchas prodigiosas, que dejaban asombrados y a treinta leguas de distancia a sus más tenaces perseguidores.
La esposa del Chacho venía con frecuencia al campamento y al combate, a partir con su marido y sus tropas los peligros y las vicisitudes.
Entonces el entusiasmo de aquella buena gente llegaba a su último límite y sólo pensaban en protestar a la Chacha, como la llamaban, su lealtad hasta la muerte.
Cuando llegaba la hora de pelear, el Chacho era el primero que entraba al combate y el último que se retiraba, si eran derrotados.
Antes de entrar en batalla, el Chacho daba siempre a sus tropas un punto de reunión, para el caso en que tuviera que dispersarlas. Y así se veía que el Chacho, derrotado hoy con 2.000 hombres, reaparecía tres o cuatro días después con un ejército de 3.000.
El Chacho no tuvo jamás una palabra dura para sus subordinados, y cuando alguno cometía alguna falta grave se contentaba con expulsarlo de su lado, prohibiendo terminantemente que formara parte de su ejército.
Manso y complaciente, accedía con la mayor facilidad a cualquier insinuación que se le hacía y que él creía sana.
Cuando él la creía mala o veía que lo que se le pedía podría perjudicar a su causa, la rechazaba redondamente, y una vez que el Chacho decía no era inútil insistir.
El Chacho combatía por el pueblo, por sus libertades y por los derechos que creía conculcados.
Para sí no quería nada ni pidió nada jamás, en tiempo en que, por hacer con él la paz, el Gobierno le hubiera dado cuanto hubiera pedido.
De aquí dimanaba principalmente el gran prestigio de que gozaba el Chacho y la cantidad de hombres que lo rodeaban.
Porque él había encarnado en él mismo la causa del pueblo, y cada hombre de los suyos sabía que peleaba por su propia felicidad y en su propio provecho.
El Chacho era un hombre alto y musculoso, de una fuerza de Hércules y de una contextura de acero.
Su mirada suavísima y bondadosa solía irradiar a veces destellos de cólera que hacían temblar a los que estaban a su lado.
Esto era cuando llegaba a sus oídos la noticia de alguna cobardía o uno de los tantos fusilamientos que de chachistas hacían las fuerzas nacionales.
Peñaloza se mostraba entonces en todo el esplendor de su nobleza, y como una venganza terrible, mandaba redoblar sus atenciones para con los prisioneros.
Las injusticias del Gobierno lo habían irritado, porque ningún gobierno debía ser cruel e injusto; luego las iniquidades cometidas con los paisanos por la autoridad de los pueblos habían conmovido su corazón hidalgo y había derrocado al gobierno que creía malo.
Pero el Chacho tenía la debilidad de escuchar las opiniones de los amigos que creía ilustrados, y prestar su apoyo, para suceder a un gobierno derrocado, muchas veces a un hombre más indigno que el que derrocó.
Así los aspirantes a gobernador y los negociantes de la política mantenían relación íntima con el Chacho para servirse de él, llegado el caso, sorprendiendo su buena fe y engañándolo en cuanto les era posible.
Sumamente astuto, aunque inocente en los enredos políticos, se dejaba engañar hasta cierto punto, haciendo a un lado al pretendiente una vez que lo había calado.
Triunfando el Chacho, triunfaba la buena causa, la causa del pueblo, y entonces el Chacho pedía una contribución en dinero para repartirlo entre sus soldados, que andaban siempre careciendo de aquello más necesario.
En el ejército del Chacho no había más ordenanzas militares que la palabra de éste, ni más ley obligatoria que el empeño que cada cual tenía en servirlo y morir por él si era necesario.

El Chacho detestaba el sacrificio estéril de sus tropas, no aceptando un combate sino cuando creía estar seguro del éxito, ni se empeñaba mucho en la batalla de éxito dudoso, para conservar enteros sus elementos.
Con una seguridad asombrosa y una rapidez notable, el Chacho calculaba cuál debía ser el fin del combate que sostenía, y si lo creía nulo, desbandaba su ejército en todas direcciones para evitar la persecución.
Por eso es que el Chacho antes de entrar en pelea daba a sus tropas el punto de reunión para un día fijo, encontrándolos reunidos cuando llegaba al punto indicado, y aumentando, con los amigos que se plegaban, a los derrotados.
Y ésta era la causa de que, derrotado el Chacho, se le viera en seguida con mayor número de gauchos y mayores elementos.
Conocedor del terreno en que operaba, como cualquiera puede conocer su aposento, el Chacho hacía marchas tan asombrosas y rápidas que muchas veces el ejército que creía irlo persiguiendo lo sentía a su espalda picándole la retaguardia y tomándole todos los rezagados que iba dejando en la marcha.
Es que, mientras el Chacho disponía de los mejores rastreadores y de toda la gente de algún valor en los ejércitos, el jefe que lo perseguía marchaba a ciegas la mayor parte del tiempo sin encontrar quien quisiera darle el menor informe, aun bajo la mayor amenaza.
Un dato perjudicial al Chacho, un informe que pudiera ocasionar una sorpresa era un crimen que no había paisano capaz de cometer ni por todo el oro del mundo ni por todas las torturas conocidas.
Esto había causado más de una vez el fusilamiento de algún paisano que se había resistido a dar los informes pedidos, o el martirio de algún prisionero por la misma causa.
Pero esto producía un efecto contrario al que se buscaba, pues con este proceder los paisanos huían del ejército regular como de la calamidad más espantosa.
Cada vez que el Chacho tenía conocimiento de algún hecho de éstos, su indignación no conocía límites.
-¡Y ése es el ejército civilizado que nos persigue como a horda de salvajes! -exclamaba conmovido-, ¡y degüella nuestros leales y azota nuestras mujeres! ¡Y ésos son los valientes que vienen a enseñarnos el goce de la ley bajo las banderas del gobierno!

viernes, 16 de septiembre de 2011

ENRIQUE MUIÑO UN ACTOR DE RAZA

fue un actor clásico de teatro y cine hispanoargentino, que apareció en filmes entre 1913 y su fallecimiento en 1956. Nació el 5 de julio de 1881 y falleció el 24 de mayo de 1956.
Nacido en Laracha (a 20 km al sudoeste de La Coruña, y 50 km al norte de Santiago de Compostela) —muíño significa ‘molino’, en gallego—, emigra con sus padres siendo un niño a Buenos Aires (Argentina). Comenzó a trabajar a los doce años de edad. Cuando le comunicó a su padre que quería ser actor, éste lo obligó a ingresar en la Armada. Hizo un pequeño debut profesional (aunque sin cobrar un centavo) en 1898 (a los 17 años), con la compañía teatral de Jerónimo Podestá. Recién cuando pudo terminar la milicia (en 1902), se convirtió en actor de tiempo completo. Al principio trabajaba en papeles poco importantes. Más tarde formó un dúo creativo con su amigo Elías Alippi (1883-1942).
Tuvo mucho éxito en el teatro El Nacional, en obras comoAsí es la vida, Triple seco y San Antonio de los Cobres.
En 1922 (a los 31 años) realizó una gira teatral en su país natal, Galicia, con la compañía Muiño-Alippi. También realizaron presentaciones en Madrid, Barcelona, Valencia, San Sebastián y Bilbao. Recibió un homenaje en su pueblo natal (Laracha) y en el Centro Gallego de Madrid.
Comenzó una carrera en la industria cinematográfica de Argentina. Intervino en películas como La guerra gaucha, El cura gaucho, Su mejor alumno, etc. y en obras teatrales como Así es la vida. Hizo más de 20 filmes en Argentina y en EE. UU. con roles protagónicos, como en El abuelo (1954), junto a Mecha Ortiz.
En el año 1941 recibió un Diploma de Honor en los premios Cóndor Académico (otorgado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina), por su labor como mejor actor en la película El cura gaucho.
En 1941, Enrique Muiño con sus amigos el Flaco Alippi (quien fallecería el año siguiente, en 1942), Francisco Petrone (1902-1967), Ángel Magaña (1915-1982), Lucas Demare (1910-1981) y el productor Enrique Faustín fundaron la productora cinematográfica Artistas Argentinos Asociados.
En 1944 recibió otro premio por Su mejor alumno, una biografía novelada del presidente Sarmiento y la relación con su hijo Dominguito.
Vivió en el barrio San Cristóbal, en la calle Carlos Calvo 2281 (casi esquina Pichincha).
Don Enrique Muiño fue un gran actor y un ser espectacular y entrañable
En los últimos años de su vida cultivó también la pintura. Hizo estudios particulares con el pintor Fernando Fader, exponiendo en la galería Witcomb de Buenos Aires (en calle Florida 364).
Su peliculas:
• 1913: Juan Moreira
• 1937: Cadetes de San Martín
• 1937: Viento Norte
• 1938: El cabo Rivero
• 1939: El viejo doctor
• 1939: Alas de mi patria
• 1939: Así es la vida
• 1940: Huella
• 1941: El cura gaucho
• 1942: El viejo Hucha
• 1942: La Guerra Gaucha
• 1944: Su mejor alumno (hace el papel protagónico como Sarmiento)
• 1945: Pampa bárbara (narrador)
• 1946: Donde mueren las palabras
• 1948: Por ellos... todo
• 1948: La calle grita
• 1949: De padre desconocido
• 1949: De hombre a hombre
• 1950: Escuela de campeones
• 1953: Caballito criollo
• 1954: Los problemas de papá
• 1954: El abuelo
• 1955: Adiós problemas
• 1955: Lo que le pasó a Reynoso (hace el papel de Serapio)
• 1956: Surcos en el mar

1ER. FESTIVAL NACIONAL DE TANGO “CARLOS DI SARLI” DE BAHIA BLANCA



FECHA DE REALIZACIÓN:
                              DEL 30 DE SEPTIEMBRE AL 2 DE OCTUBRE DE 2011

Dandy Producciones presenta la realización del 1º Festival de Tango de Bahía Blanca que marcará un hito en la historia de la ciudad y el género. Es nativo de esta ciudad uno de los más reconocidos y prestigiosos músicos del 2x4 y tiene esta localidad un público que adhiere a las propuestas tangueras por lo que es nuestro deseo conjugarlas para que año a año resurjan en el corazón de los bahienses fomentando sentimientos culturales y nacionales.
Bahía Blanca por su estirpe se merecía su Festival Nacional de Tango y también merece reconocimiento Carlos Di Sarli por lo que dicho evento llevará su nombre.
El objeto del festival es simple: difundir el Tango, con toda la valía poético-musical que el contiene, su historia y la de los que lo hicieron grande (músicos, poetas, cantantes), como así también convocar a todas las expresiones del Tango, desde las más clásicas y tradicionales hasta las propuestas más innovadoras a participar del mismo.
En mencionado evento habrá conferencias sobre la historia del tango, cantantes, músicos y poetas, presentaciones de libros y espectáculos de gran jerarquía, con cantantes invitados de todo el país aunque priorizando los valores locales. Se realizará a la vez un documental sobre la vida del eximio pianista que da nombre al festival con dirección de Alberto Freinquel y se colocará un monumento en su honor en la plaza del tango creado por un artista regional, Celso Biondo. Además se inmortalizará a grandes personajes locales que dejaron su sello en el tango a nivel nacional como los Hnos. Persia, Augusto Pedro Berto, Roberto Achával, Francisco Amor, Juan Carlos Marambio Catán, Juan Carlos Cobián, Armando Lacava, Francisco Amor  y Mario Iaquinandi.


CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES:
Viernes 30 de septiembre
-          10.30 hs PLAZA DEL TANGO (Av Cerri, lindante con Estación Sud): Acto de Apertura. Inauguración monumento a CARLOS DI SARLI realizado por el artista local Celso Biondo y mural con personajes destacados del tango bahiense (los Hnos. Persia, Augusto Pedro Berto, Carlos Di Sarli, Juan Carlos Cobián, Juan Carlos Marambio Catán, Mario Iaquinandi Roberto Achával, Francisco Amor y Armando Lacava) pintado por el artista plástico local Andrés Orosimbo Viera.
      Entrada libre y gratuita

-          19.00 hs CONFITERÍA ESTACIÓN SUD (Av. Cerri 860): Conferencia sobre la historia del tango argentino y bahiense en particular y vida y obra de Carlos Di Sarli para la cual disertarán Eduardo Giorlandini, Carlos Benítez, Mariel Estrada y Antonio Germani. Show musical de la mano de Omar Olea y Cristina Marinissen.
Entrada libre y gratuita.

Sábado 1ro de octubre:
-          11.00 hs PEATONAL DRAGO esquina O´Higgins: Milonga callejera con intervención del público y la presencia de bailarines milongueros de la ciudad. Números musicales a cargo de Florencia Albanesi, Cacho Lara y la Orq. De Juan Carlos Polizzi.


-          14.30 hs NUEVA SEMI- PEATONAL ALSINA: Show musical de la cancionista Jacqueline Sigaut junto al pianista Franco Polimeni.


-          17.00 hs PLAZA DEL TANGO (Av Cerri, lindante con Estación Sud): Recital de tango rock en la Plaza del tango con la presentación estelar de Geraldine Trenza Cobre y el Abrojito Dúo. Entrada libre y gratuita.


-          21.00 hs “EL MOTIVO” tanguería: Show de tango con la presentación de Mima Argañaraz, Roberto Bascoy “El cantor nacional” y cuarteto dirigido por Mario Grossi con su cantante.

Domingo 2 de octubre:
-          21.00 hs: POCKER DE TANGO. Gala nocturna en el Teatro Municipal con figuras locales y nacionales del 2x4, en la conducción Lionel Godoy junto a Juan Carlos Beltrán; en la interpretación musical: Nora Roca y Miguel Ángel Barcos, Gaby “La voz Sensual del Tango”, Pablo Cardinali, Nicolás Malbos y Braian Marasca, Esteban Riera, Susana Matilla y Lucio Pasarelli Cuarteto, Natalia y Gustavo, Leandro Fernández Suñer y Pablo Gibelli.


La Gala del Teatro Municipal será transmitida en directo por Diego Rivarola desde la ciudad de Bahía Blanca para el programa “El tango en el mundo” que se emite por FM 2x4 92.7 de la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, el Sr. Lionel Godoy grabará aquí su programa “La noche con amigos” (lunes a viernes desde las 21 hs, por la 2x4).


Dentro del cronograma de actividades del festival se distinguirá a personalidades locales a cargo del Centro de Estudios de los Intereses Nacionales (CEIN) y Centro de Estudios y Difusion de la Cultura Popular Argentina(CEDICUPO)

viernes, 2 de septiembre de 2011

NICOLAS AVELLANEDA

 NICOLAS AVELLANEDA: Político. Hijo de Marco Avellaneda, figura principal de la Coalición del Norte y víctima de la guerra civil, y de Dolores Silva y Zavaleta, nació en la ciudad de Tucumán el 3 de octubre de 1837. Pasó parte de su infancia en el exilio y a principios de 1850 ingresó al Colegio de Monserrat. Más tarde estudió leyes en la Universidad de Córdoba, pero regresó a su provincia antes de rendir los exámenes finales de la carrera. En Tucumán colaboró en el periódico "El Guardia Nacional" y fundó "El Eco del Norte". A mediados de 1857 su familia creyó conveniente que se trasladara a Buenos Aires en busca de mejores horizontes. No bien llegó, Avellaneda se dedicó a concluir su carrera universitaria y en 1858 se doctoró en jurisprudencia siendo su padrino de tesis el doctor José Roque Pérez, con quien hizo su práctica forense y del cual sería socio en su actividad profesional.

En 1859 defendió a "La Reforma Pacífica", el periódico del federalismo porteño, en la acusación que le promoviera Vélez Sárfield en nombre del directorio del Banco de la Provincia. Posteriormente incursionó en el periódico porteño y redactó "El Nacional" y "El Pueblo".

En 1860 accedió a la Legislatura provincial y también comenzó a desempeñarse como catedrático de economía política. En 1865 dio a conocer sus Estudios sobre las leyes de tierras y al poco tiempo su Manifiesto de Derecho . En 1866, el gobernador de Buenos Aires, Adolfo Alsina, le ofreció el ministerio de Gobierno. De allí continuó su carrera ascendente y, el 12 de octubre de 1868, Sarmiento le confió la Cartera de Justicia e Instrucción Pública. Desde estas funciones, compenetrado de los propósitos del presidente, desplegó una incansable labor, siendo responsable de gran parte de los progresos realizados durante la presidencia de Sarmiento en materia de educación.

Su creciente prestigio, asentado sobre las sólidas bases de una destacada actividad pública, hizo que un grupo de amigos lanzara su nombre para las elecciones presidenciales de 1874. Sarmiento la vio con simpatía y el nombre de Avellaneda se perfiló como el de uno de los candidatos más viables. En agosto de 1873 renunció a su ministerio, para evitar toda sospecha de ingerencia oficial en su campaña política. Pronto su figura concentró la cerrada oposición de los grupos políticos porteños, interesados en imponer a Mitre o Alsina. El inesperado apoyo del autonomismo alsinista despejó, en buena medida, el camino de Avellaneda hacia la presidencia de la República. El 22 de marzo de 1874 se proclamó la fórmula Nicolás Avellaneda- Mariano Acosta. El 6 de agosto de ese mismo año los electores consagraron a Avellaneda y a Acosto presidente y vicepresidente de la Nación. Los partidarios de Mitre no se resignaron y el 24 de septiembre de 1874 se lanzaron a la revolución. . En ese clima enrarecido por el ruido de las armas, asumió Avellaneda la primera magistratura del país el 12 de octubre de 1874.

Liberal, con una gran formación humanista y una enorme afición por, las letras, Avellaneda se dispuso a gobernar con firmeza pero sin violencias. El 17 de diciembre de 1874, al celebrar el triunfo del gobierno sobre los revolucionarios, Avellaneda sintetizó su concepción política con una afortunada frase: "Nada hay dentro de la nación superior a la Nación misma". La crisis financiera de los años 1875 y 1876 colocó en una situación difícil a su gobierno. Para conjurarla, se redujeron los empleos públicos y se disminuyeron los sueldos. Como las medidas no dieron el resultado esperado, Avellaneda extremó su política de austeridad. A los acreedores británicos, preocupados por el posible incumplimiento argentino, los calmó con una frase histórica: "Hay dos millones de argentinos que ahorrarán hasta sobre su hambre y sed para responder, en una situación suprema, a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros". Finalmente la crisis pasó y su sombría experiencia contribuyó a que el gobierno tomara algunas medidas de protección a la industria.

En materia internacional, Avellaneda resolvió definitivamente la cuestión con el Paraguay y respaldó a su canciller, Bernardo de Irigoyen, cuando éste reaccionó patrióticamente ante la descomedida actitud del banco de Londres.

Avellaneda estimuló y apoyó los planes de su ministro de Guerra y Marina, Adolfo Alsina, para extender las fronteras con el indio. En carta a Alvaro Barros, Avellaneda dejó expresado la importancia que le asignaba al problema del desierto: "La cuestión fronteras es la primera cuestión para todos, y hablamos incesantemente de ella aunque no la nombremos. Es el principio y el fin, el alfa y la omega...Somos pocos y necesitamos ser muchos. Sufrimos el mal del desierto y debemos aprender a sojuzgarlo: he ahí la síntesis de nuestra política económica". La tercera invasión de López Jordán y algunas revoluciones provinciales agitaron la vida nacional. El deterioro de los partidos tradicionales tampoco favoreció su gestión y, para revitalizarlos, auspició una política de entendimiento entre el mitrismo y el alsinismo que se conoció como la "conciliación".

Sin embargo, pese a sus propósitos de unidad, el último período de su mandato se vio empañado por la cruenta lucha entre las autoridades nacionales y los revolucionarios porteños. Los antagonismos políticos y la federalización de Buenos Aires encendieron la chispa de la guerra civil. Puesto en la disyuntiva de definirse, Avellaneda se inclinó por Roca y llevó adelante el proyecto de federalización de Buenos Aires. El localismo porteño se embanderó junto a la figura de Tejedor y, luego de una virulenta campaña contra el presidente, se lanzó a la acción armada. Luego de los encarnizados combates de Olivera y los Corrales, Tejedor inició conversaciones de paz con Avellaneda, instalado en Belgrano. Zanjadas las diferencias, Avellaneda envió el proyecto de federalización al Congreso y éste lo aprobó el 21 de septiembre de 1880.

Aunque su prestigio había sufrido las graves consecuencias de la lucha del 80, Avellaneda continuó siendo una figura respetada en el mundo porteño. En 1881 se lo designó rector de la Universidad de Buenos Aires. Al año siguiente ocupó un lugar en el Senado de la Nación en representación de Tucumán. Enfermo de cuidado, en 1885 se embarcó hacia Europa para atender su dolencia. Murió el 25 de noviembre de 1885, a bordo del vapor "Congo", que lo traía de regreso a la Argentina. Sus restos fueron recibidos con todos los honores y el presidente Roca habló al pie de su tumba. No fue un político consumado, pues creía excesivamente en la fuerza de las ideas, y mucho menos un caudillo popular. Pero fue un hombre íntegro, que nunca albergó rencores profundos.

LA PRESIDENCIA DE NICOLAS AVELLANEDA

La presidencia de Nicolás Avellaneda constituyó un período de estímulo y progreso en la agitada historia argentina del siglo XIX. Se destacó por su labor conciliadora entre las diversas facciones en que se dividía la vida política del país.
Nicolás Avellaneda nació en Tucumán el 1 de octubre de 1837. Tras estudiar derecho en Córdoba y Buenos Aires, alternó su labor como profesor de economía en a Universidad de Buenos Aires con la actividad periodística: en 1855 fundó El Eco del Norte y, más tarde, fue director de El Nacional.
Comenzó su carrera política en 1859, al ser elegido diputado por la provincia de Buenos Aires. Ministro de justicia e intrucción pública durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), Avellaneda trabajó arduamente para mejorar el atrasado sistema educativo del país.
Elegido presidente en 1874, Avellaneda optó por una política conciliadora entre los diversos partidos, convencido de que sólo así podía hacerse frente a los problemas que aquejaban a la nación. Durante su mandato, estabilizó la precaria economía argentina, reprimió una rebelión en la provincia de Entre Ríos en 1876, fomentó la inmigración y promovió la conquista de la Patagonia.
Al finalizar su mandato en 1880, Avellaneda siguió desempeñando importantes cargos: fue senador por Tucumán y rector de la Universidad de Buenos Aires. En 1885, emprendió un viaje a Europa y, de regreso a la Argentina, murió en alta mar un día antes de arribar a Montevideo, el 26 de diciembre de ese mismo año. Nicolás Avellaneda escribió varias obras de carácter jurídico, entre las que destacan La asamblea de 1813 y Tierras de dominio público.